Los rebeldes de Yemen, alineados con Irán, se sumaron al conflicto tras un ataque con misiles a Israel y el cierre de dos vías marítimas vitales para el comercio.
Tras una serie de ataques a un atolón del archipiélago, Estados Unidos inició negociaciones para garantizar el control de uno de los enclaves militares más importantes del mundo.
Lo que parecía un pacto que pondría fin al conflicto no fue más que un nuevo colapso del diálogo. Los ataques de Israel al Líbano fueron la principal causa de la debacle.
El canciller pakistaní sostuvo frente al Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto formulado junto al gigante asiático para promover la estabilidad en la región.
El secretario de Estado de Estados Unidos reconoció que las negociaciones con Irán tienen puntos sin resolver. Mientras, las fuerzas militares aún mantienen operaciones activas.
La Guardia Revolucionaria Islámica señaló que, ante la eventual reanudación de ofensivas por parte de Estados Unidos, ampliarían el conflicto que hoy golpea a Oriente Próximo.
Con la guerra en Medio Oriente aún en curso, la República Islámica redujo sus exportaciones de más dos millones de barriles diarios a menos de 600 mil.
El destructor USS Spruance bombardeó el carguero M/V Touska de origen iraní. Además, soldados de la Infantería de Marina tomaron control de la nave. Irán prometió represalias.
Irán despejó la vía marítima pese a que Estados Unidos continúa con el bloqueo de sus puertos. Por su parte, Trump afirmó que se acercan a un acuerdo definitivo.