La guerra entre Estados Unidos e Irán, que surge tras años de tensión por el programa nuclear iraní, afecta un punto geográfico muy específico: el estrecho de Ormuz. Esta vía marítima, clave para el comercio energético global, es controlada por Teherán. El bloqueo derivado de esa disputa, y afectada a su vez por los ataques cruzados, perjudica a una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
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Mientras la diplomacia permanece prácticamente paralizada, un grupo de analistas del centro de estudios Bourse & Bazaar, con sede en Londres, presentó este mes un informe con una propuesta alternativa. La idea consiste en tratar el Golfo Pérsico como un territorio compartido entre los países ribereños, que cobrarían una tarifa simbólica a los petroleros para financiar el mantenimiento de las aguas.
Guerra en Medio Oriente: una propuesta inspirada en la posguerra europea
Pese a las reiteradas garantías del presidente Donald Trump de que Irán no cuenta con una armada capaz de cerrar el paso y de que el estrecho permanece abierto, el tráfico marítimo se desplomó en medio de los renovados ataques iraníes contra buques mercantes. Expertos militares coinciden en que intentar forzar la apertura de un paso tan angosto y vulnerable en plena guerra sería una operación larga y con un alto costo humano.
Frente a ese escenario, el informe firmado por Esfandyar Batmanghelidj y Mehran Haghirian retoma un antecedente poco conocido y hoy extinto, el tratado que reguló la producción conjunta de carbón y acero en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Aquel acuerdo, impulsado por el entonces canciller francés Robert Schuman, llevó a Francia y Alemania a administrar juntas dos recursos clave para fabricar armamento, en lugar de aislar a Alemania como había ocurrido después de la Primera Guerra Mundial.

Schuman sostuvo en 1950 que ese esquema volvía la guerra entre ambos países no solo impensable sino materialmente imposible. A esa alianza inicial se sumaron después Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, germen de lo que más tarde se convertiría en la Unión Europea (UE).
Batmanghelidj planteó que si los países del Golfo no logran imaginar siquiera una gestión conjunta de tareas básicas como la seguridad marítima o el cuidado ambiental, eso mismo funciona como termómetro de qué tan lejos está una paz regional duradera. Según el analista, sin ese tipo de cooperación elemental resulta imposible avanzar hacia acuerdos de mayor envergadura.
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La alternativa de recuperar el control del estrecho por la vía militar tampoco resulta sencilla. Mara Karlin, profesora de seguridad nacional en la Universidad Johns Hopkins y ex subsecretaria de Defensa durante el gobierno de Biden, explicó que el Pentágono hace décadas diseña planes para reabrir Ormuz en caso de conflicto, aunque siempre bajo la condición previa de un armisticio, dado que el desminado es un proceso lento y expone a los pocos buques estadounidenses preparados para esa tarea.
Estrecho de Ormuz: los números detrás del plan, la postura de Irán y la incógnita sobre la respuesta de Estados Unidos
El informe de Bourse & Bazaar señala que grandes puertos del Golfo, como Jebel Ali en Dubái, ya cobran tasas de servicio a los barcos que utilizan sus instalaciones, por lo que trasladar esa lógica a un organismo supranacional no implicaría un cambio drástico. Los autores proponen aplicar ese cobro puntualmente a los grandes petroleros, entre ellos unos 600 superpetroleros que realizan múltiples viajes anuales por la zona.
Seis países árabes del Golfo, Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin y Omán, ya integran el Consejo de Cooperación del Golfo, aunque esa organización suele mostrar fuertes divisiones cuando se trata de acordar acciones políticas conjuntas. Sumar a Irán e Irak a ese esquema podría, según Batmanghelidj, volverlo aún más inestable, una preocupación que también comparten algunos funcionarios europeos.

Del lado iraní hubo señales de apertura. La agencia de noticias IRNA publicó a comienzos de julio un extenso artículo que reproducía la propuesta de Bourse & Bazaar y planteaba que el estrecho representa una oportunidad de cooperación regional, cuyos beneficios económicos podrían repartirse de manera más equitativa entre los países de la zona.
El presidente del Parlamento iraní y principal negociador, general Mohammad Bagher Qalibaf, afirmó que la seguridad nacional del país depende de preservar los acuerdos que rigen el estrecho, aunque remarcó que también deben usarse las herramientas de la diplomacia para garantizar los intereses nacionales de Irán.

La incógnita mayor pasa por Estados Unidos. Altos funcionarios estadounidenses, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, reclamaron que Ormuz recupere la navegación internacional sin restricciones previa a la guerra, línea que parecía compartir Donald Trump.
Sin embargo, el propio presidente llegó a sugerir el cobro de una tarifa del 20% sobre toda la carga a cambio de protección naval estadounidense, propuesta que retiró apenas un día después. El principal obstáculo hoy pasa por esa falta de una postura clara y sostenida por parte de Estados Unidos, algo que los países del Golfo necesitarían como garantía antes de avanzar hacia cualquier esquema, unilateral o colectivo.




