Estados Unidos anunció que intensificará su cooperación con Ecuador para intervenir en la ruta de Esmeraldas, una vía terrestre y marítima clave para el crimen organizado y sus economías ilícitas: narcotráfico, minería ilegal y contrabando. Sin embargo, la compleja agenda de seguridad que lleva a cabo Daniel Noboa parece no tener el respaldo de la sociedad tras dos años marcados por la violencia, estados de excepción y toques de queda.
Para entender la crisis que atraviesa Ecuador y el lugar que tiene Estados Unidos en ella, DEF contactó a Edgardo Glavinich, especialista en seguridad e inteligencia y director ejecutivo de la Fundación Sherman Kent.
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Esmeraldas, el nuevo terreno de cooperación entre Estados Unidos y Ecuador
-¿Por qué Esmeraldas amerita una cooperación tan estrecha entre Estados Unidos y Ecuador?
-Hay que pensarlo en dos pisos. En el piso local están las bandas ecuatorianas, que funcionan como brazos logísticos y de control territorial. La estructura matriz fue Los Choneros, nacida en Manabí; tras el asesinato de su líder histórico, alias Rasquiña, en 2020, esa organización se fragmentó y parió a Los Lobos, Los Tiguerones, Los Chone Killers y otras. Esa fragmentación es, en buena medida, la que explica la explosión de violencia: cuando se rompe el monopolio, empieza la guerra por las rutas, los puertos y las minas.
En el piso transnacional están los que ponen el mercado y el financiamiento. Los Choneros operan como brazo logístico del Cártel de Sinaloa; Los Lobos crecieron con el respaldo del Cartel Jalisco Nueva Generación. Y por encima aparecen las mafias europeas, como la albanesa sobre todo, pero también la italiana, que actúan como socias financieras y de recepción en el otro extremo de la ruta. A Ecuador se lo describe, con razón, como “el país donde convergen las mafias”: redes mexicanas, balcánicas, italianas, chinas y rusas tejiendo negocios de lavado sobre el mismo territorio.

¿Por qué eso amerita la cooperación con Washington? Por dos razones concretas. Primero, porque en septiembre de 2025 el Departamento de Estado de Estados Unidos designó a Los Choneros y a Los Lobos como Organizaciones Terroristas Extranjeras. Esa designación no es retórica: habilita herramientas financieras y judiciales para perseguir su dinero y a quienes los apoyan materialmente. Y segundo, porque el eslabón mexicano conecta directamente esta ruta con el mercado y con la agenda de seguridad estadounidense. Cuando Washington mira Esmeraldas, en realidad está mirando el abastecimiento de Sinaloa y del CJNG.
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Los daños colaterales de la agenda seguridad de Ecuador
-¿Qué implica en concreto y qué costos trae aparejados?
–Es la alianza de seguridad más profunda que Ecuador haya tenido con Estados Unidos en décadas, y se apoya en un marco legal negociado bajo Guillermo Lasso y ratificado por Noboa. Tiene componentes muy visibles. El más simbólico es el retorno militar a Manta: en diciembre de 2025 volvió personal de la Fuerza Aérea estadounidense a esa base, dieciséis años después de que Rafael Correa cerrara la presencia en 2009. Manta es el punto continental más cercano a Galápagos y a las rutas del Pacífico, así que no es un gesto, es geografía operativa.
A eso se suman las patrullas navales conjuntas frente a Esmeraldas, con mando compartido y apoyo aéreo, y la ofensiva del Comando Sur contra “narcolanchas” en el Caribe y el Pacífico oriental, la operación Lanza del Sur. Desde septiembre de 2025 esa campaña reporta más de 200 muertos y al menos 45 embarcaciones atacadas. Es interdicción letal, no interdicción policial clásica.

Y ahí aparece el costo. El 21 de julio de 2026, Human Rights Watch publicó un informe, Una alianza peligrosa, que documenta torturas, detenciones arbitrarias y ataques armados no esclarecidos contra civiles, incluidos bombardeos en San Martín, en Sucumbíos, entre el 1 y el 6 de marzo, y ataques a tres lanchas artesanales de Manta, Jaramijó y San Mateo cerca de Galápagos. Hay un efecto perverso ya documentado: como la presión encareció el traslado, las mafias elevaron el pago a los pescadores para que muevan la droga. El riesgo se trasladó a las comunidades costeras más pobres, que son las que ponen los muertos.
Hay además una señal política fina que conviene no pasar por alto: la Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 de Estados Unidos, centrada en el fentanilo y la cocaína, ni siquiera menciona a Ecuador. Es decir, en el terreno la cooperación es intensísima, pero en la doctrina escrita Ecuador no figura. Eso habla de un vínculo más operativo que estratégico, y por lo tanto más dependiente de la coyuntura y de las personas que de una política de Estado consolidada.
-Una paradoja política evidente ahí, porque en el referéndum los ecuatorianos rechazaron las bases extranjeras.
-Es una de las tensiones más interesantes de todo el cuadro. En noviembre de 2025, Noboa llevó a consulta popular cuatro preguntas, entre ellas la habilitación de bases militares extranjeras, y el “No” se impuso en las cuatro. El electorado rechazó explícitamente las bases.
Sin embargo, los militares estadounidenses volvieron a Manta amparados en acuerdos previos, sin necesidad de esa reforma. Se puede sostener que el Gobierno logró el resultado por otra vía legal, pero políticamente queda una incomodidad de fondo: la política de seguridad más audaz del mandato avanza sobre un terreno que la ciudadanía, cuando se le preguntó de manera directa, no convalidó.




