La producción de conocimiento anticipado de calidad es el pilar central para la toma de decisiones estratégicas de un Estado. Sin embargo, en América Latina y el Caribe, la formación de analistas de inteligencia fue históricamente relegada en comparación con las reformas normativas y de control democrático de los servicios.
A través del informe de la Fundación Sherman Kent, elaborado por la investigadora Mariana Porterrieu, se analiza el estado actual de la formación de analistas de inteligencia en los 33 países de la región.
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El mapa formativo regional: Brasil y México como países modelos en materia de inteligencia
El ecosistema de capacitación en América Latina y el Caribe presenta un desarrollo fragmentado y heterogéneo. Mientras un reducido grupo cuenta con escuelas e institutos consolidados, cerca de la mitad de los 33 países de la región carecen de capacidades formativas propias y estables, dependiendo de agencias extranjeras, policiales o de la instrucción estrictamente militar.
Mariana Porterrieu estableció dos países como polos consolidados en materia de formación de inteligencia. Brasil cuenta con la Escola de Inteligência (ESINT) de la Agência Brasileira de Inteligência (ABIN). Es uno de los sistemas más estables e institucionalizados desde la promulgación de su Ley 9.883 en 1999, destacándose por la realización de posgrados y ejercicios de prospectiva estratégica (como Desafíos 2025).
El otro es México y su Escuela de Inteligencia para la Seguridad Nacional (ESISEN), establecida en 2009 y dependiente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Además, es el país pionero en la oferta universitaria civil de la disciplina a través de la Licenciatura en Inteligencia Estratégica de la Universidad Anáhuac y posgrados estatales como la Maestría en Inteligencia para la Seguridad Nacional del INAP.

En proceso de consolidación aparece Colombia, que posee la trayectoria formativa más antigua e institucionalizada del continente con educación superior y maestrías especializadas. En esta categoría también se encuentra Argentina, que atraviesa un proceso explícito de reestructuración de su Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) mediante los Decretos 614/615 de 2024 y el Decreto 941 de 2025.
Porterrieu también ubica en este grupo a Perú, con la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) dependiente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINI), aunque indica que su consolidación formativa se ve constantemente afectada por la inestabilidad política nacional y la alta rotación directiva.
Por último, está Chile, que ostenta capacidades civiles y de defensa destacadas a través de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE).
Analistas de Inteligencia: El Caribe, entre regímenes y la extrema dependencia extranjera
El Caribe insular evidencia una extrema asimetría de recursos. Con la excepción de Trinidad y Tobago (que opera como un nodo regional gracias a su Agencia de Seguridad Nacional – SSA y la Cyber Fusion Unit del IMPACS de CARICOM) y de Jamaica (especializada en combate al crimen transnacional y activa en el MOCA), el resto de los países de la subregión presenta una situación crítica:
- Estados del Caribe Oriental (OECS): Países como Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, y San Vicente y las Granadinas no poseen escuelas formativas dedicadas. Su personal depende íntegramente de la capacitación externa del Sistema de Seguridad Regional (RSS), de CARICOM-IMPACS, o de la cooperación directa con el Reino Unido y Estados Unidos.
- Haití: Tras sus sucesivas crisis institucionales, carece de cualquier capacidad formativa en inteligencia. La reconstrucción de las estructuras básicas del Estado es una condición previa antes de plantear la formación de cuadros técnicos de seguridad.

Por fuera de los sistemas democráticos se encuentran los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Los cubanos cuentan con el sistema de escuelas del Ministerio del Interior (MININT) y la Dirección de Inteligencia, aunque opera bajo una estricta opacidad doctrinal, al servicio exclusivo de la preservación del régimen y fuera de cualquier estándar de rendición de cuentas democrático. Lo mismo sucede con el SEBIN y la DGCIM en Venezuela, profundamente vinculados a la doctrina de control social, persecución de la disidencia interna y vigilancia del régimen.
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Propuestas, sugerencias y reflexiones para la inteligencia de América Latina
El análisis comparativo elaborado por Mariana Porterrieu para la Fundación Sherman Kent concluye con una serie de recomendaciones metodológicas y estructurales para cerrar la brecha formativa frente a las potencias centrales y elevar la calidad general del análisis en la región:
El informe adopta este modelo como la herramienta metodológica idónea para estandarizar la profesión en ALC. El Modelo de Gestión por Competencias Estratégicas (MGCE) define cinco dominios de competencias interdependientes que todo analista del siglo XXI debe acreditar en su trayectoria profesional:
- Analítico-metodológico: Manejo del ciclo de inteligencia, técnicas analíticas estructuradas (SAT) como la hipótesis de causas competitivas (ACH), abogado del diablo, pre-mortem, y el uso de escritura estimativa basada en probabilidades estandarizadas.
- Tecnológico-digital: Técnicas OSINT especializadas, analítica y visualización de datos, ciberseguridad operacional y desarrollo de un pensamiento crítico frente a los resultados provistos por la Inteligencia Artificial (detección de sesgos de IA y desinformación).
- Sustantivo-estratégico: Comprensión de amenazas híbridas, crimen transnacional, geopolítica multipolar, seguridad económica y recursos críticos.
- Comunicacional-productivo: Elaboración de formatos de inteligencia de alta calidad (alertas, estimaciones) y capacidad de comunicar eficazmente los juicios ante el decisor político.
- Ético-normativo: Respeto al marco jurídico vigente, derechos humanos, resistencia activa a la politización partidaria del análisis y asimilación de la supervisión democrática.

Este modelo no mide la idoneidad por “horas de clase cursadas”, sino por indicadores de desempeño verificables distribuidos en cuatro niveles de desarrollo (fundamentos técnicos, aplicación, especialización y dirección). Además, se destaca la importancia de formar también a directivos y mandos medios, bajo el entendido de que la mayoría de los fracasos sistémicos de inteligencia son de conducción y gestión, no meramente de análisis.
Para viabilizar la formación de calidad, especialmente en los países con menores recursos y escala institucional, la Fundación Sherman Kent plantea la creación de un Centro Regional de Formación en Inteligencia Estratégica (CRFIE), que no buscaría reemplazar a la instituciones nacionales, sino articularlas en forma de red como “nodos” de capacitación regional.
El CRFIE operaría como un ente acreditador de programas bajo estándares unificados y atendería el auge de la inteligencia artificial dentro de la formación de los futuros analistas de inteligencia, con la garantía de blindar a los profesionales de la subordinación intelectual y especializarlos según las necesidades nacionales y regionales dependiente de cada caso.
Como reflexión central del documento, Mariana Porterrieu advierte una marcada divergencia institucional y propone un cambio radical de paradigma: transitar de la vieja matriz policial-militar de vigilancia interna heredada de la Guerra Fría hacia una inteligencia estratégica enfocada en salvaguardar los intereses vitales de los Estados y la región.




