Durante la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA) celebrada en Cusco, Perú, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos lanzó un llamado contundente: América Latina debe dar un salto drástico en su gasto en Defensa y llevarlo al 3,5% de su Producto Interno Bruto (PIB).
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Estados Unidos exige a América Latina un incremento de su gasto en Defensa
La comitiva estadounidense, liderada por el subsecretario Elbridge Colby, argumentó que los actuales niveles de gasto, que rondan entre el 1% y el 1,3% en la mayoría de los países, resultan insuficientes para contener flagelos que no solo golpean a las sociedades latinoamericanas, sino que repercuten directamente en la seguridad interna de EE. UU. a través de las redes de narcotráfico.
Bajo la óptica de la denominada “Enmienda Trump a la Doctrina Monroe” (o Donroe Doctrine), Washington busca consolidar aliados militarmente autosuficientes y fuertes, capaces de blindar sus fronteras sin depender del presupuesto norteamericano. Sin embargo, la brecha entre la ambición del Pentágono y la realidad macroeconómica de la región es abismal.

El pedido forma parte de un paquete de exigencias que la administración Trump impone a sus aliados, como es el caso de la OTAN.
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El ranking del gasto en Defensa en América Latina en 2026
La propuesta estadounidense de alcanzar un 3,5% de inversión en defensa choca de frente con los presupuestos reales de la región. De acuerdo con el último reporte consolidado del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), América Latina apenas acumula un gasto conjunto de 72.000 millones de dólares, con una distribución sumamente desigual:
1. Brasil (US$ 23.900 millones – 1,3% del PIB): El gigante sudamericano lidera cómodamente el ranking absoluto en la región, acaparando más del 30% del gasto total de Latinoamérica. Sus recientes incrementos presupuestarios responden al desarrollo de su programa de cazas Gripen, la modernización de su fuerza naval y altos costos de personal.
2. Colombia (US$ 14.500 millones – 3,1% del PIB): Es el país que se encuentra más cerca de la meta propuesta por el Pentágono. Históricamente, sus partidas presupuestarias han sido muy elevadas debido a su prolongado combate interno contra el narcotráfico y grupos guerrilleros.
3. México (US$ 13.600 millones – 0,5% del PIB): Aunque ocupa el tercer puesto en volumen de dinero, su porcentaje respecto al PIB es sumamente bajo. Su presupuesto experimentó una contracción interanual y se encuentra fuertemente concentrado en tareas de seguridad interior y despliegue de la Guardia Nacional.
4. Chile (Entre US$ 5.300 y US$ 5.800 millones – 1,5% del PIB): Destaca por liderar el gasto militar per cápita en Sudamérica. El país trasandino posee una de las fuerzas armadas más modernas y mejor equipadas del continente, manteniendo una postura equilibrada de cooperación regional pero priorizando su soberanía e innovación tecnológica.
5. Argentina (US$ 3.875 millones – 0,56% del PIB): Ubicada en el quinto puesto, la Argentina refleja un rezago histórico en la modernización de sus fuerzas.

6. Perú (US$ 2.596 millones – 0,81% del PIB): Aunque su presupuesto es modesto, fue puesto por el Pentágono como ejemplo de inversión eficiente tras concretar la adquisición de nuevos cazas F-16 para su Fuerza Aérea.
7. Ecuador (Entre US$ 1.800 y US$ 2.000 millones – 2,1% del PIB): Sostiene su gasto militar en un esfuerzo directo por responder a la crisis de seguridad interna y la violencia ligada a bandas delictivas internacionales.
8. Venezuela (Sin datos oficiales disponibles): Debido al hermetismo gubernamental, el gasto real no se ve reflejado en los registros internacionales formales, aunque se estima una contracción importante de su operatividad regular.
9. Uruguay (Entre US$ 1.100 y US$ 1.300 millones – 2,28% del PIB): Destina un porcentaje del PIB superior al promedio de la región, enfocado principalmente en la manutención de sus efectivos y misiones de paz de la ONU.
10. Bolivia (Entre US$ 800 y US$ 950 millones): Cierra el grupo de los diez primeros, con recursos acotados que limitan su capacidad para vigilar activamente sus extensas fronteras terrestres.




