La proyección internacional de Donald Trump sobre los procesos electorales en América Latina suele interpretarse como un intento constante de expandir su hegemonía ideológica en la región. Mientras que en países como Argentina, Perú y Colombia su figura operó como un catalizador simbólico para consolidar narrativas conservadoras o liberales, la realidad de las elecciones en Brasil demuestra que la geopolítica electoral responde a mecánicas internas mucho más complejas.
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El peso de Trump en las elecciones de Argentina, Perú y Colombia
El impacto de la retórica de Trump en las pasadas elecciones sudamericanas no se tradujo en una transferencia directa de votos, sino en la estructuración de referentes políticos:
En Argentina, la sintonía con el estilo de Trump sirvió para validar a liderazgos disruptivos como Javier Milei en las elecciones legislativas de 2025 mediante acuerdos comerciales y acercamientos en materia de seguridad y minerales críticos.
Donald Trump respaldó a Keiko Fujimori en las elecciones presidenciales de Perú y la nueva mandataria, que siempre mantuvo su cercanía a Estados Unidos, ya mostró su alineamiento regional.
El caso de Colombia fue el más evidente, con un apoyo explícito en redes sociales y un acompañamiento de la narrativa de “mano dura” de Abelardo de la Espriella contra las guerrillas y el crimen organizado. Una vez en el poder, Washington y Bogotá firmaron convenios de cooperación en seguridad.
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El análisis de Felipe Galli sobre Brasil, ¿Trump puede influir?
Para comprender la verdadera capacidad de influencia de Trump en el escenario político brasileño, el analista político Felipe Galli desarma los mitos del “dedazo” exterior y ofrece una lectura centrada en la sociología electoral del país.
Galli sostiene que las gestiones de Trump responden más a un posicionamiento mediático personal que a una estrategia con impacto real en los votantes: “Trump cree que puede condicionar cualquier elección, es una forma como de marcar presencia. De decir ‘yo estoy acá, yo quiero estar acá, estos son mis apoyos acá’. Pero, en realidad, no creo que intente mover realmente mucho el voto“.
Para el analista, el respaldo del líder estadounidense apenas sirve para fidelizar a un grupo muy específico, que ya estaba decidido a votar a Flávio Bolsonaro debido a su cercanía a Washington.

Frente a las interpretaciones tradicionales que reducen la política brasileña a un eje bipolar entre izquierda y derecha, Galli enfatiza que el conflicto real atraviesa dinámicas identitarias y locales:
“Si bien hay un bloque que es claramente de izquierda y otro que es claramente de derecha, en realidad, los clivajes pasan por otro lado. La elección en Brasil pasa por el conflicto sectario, su distribución regional entre el noreste es más católico y las áreas sureñas más evangélicas, y, ocasionalmente, por cuestiones de clase, pero está cada vez más cerrado en el entorno religioso”.
En este contexto de polarización identitaria, la decisión final es rotundamente endógena. Para Felipe Galli, “la elección en Brasil es algo que se va a definir invariablemente por vía interna“.




