El analista israelí Ely Karmon, investigador del International Institute for Counter-Terrorism (ICT) de Herzliya, analizó la situación en Gaza e hizo un llamado a desmantelar la fuerza militar de Hamas en la zona.
¿Están los volcanes entre los fenómenos naturales más devastadores?
Ubicado a 800 kilómetros al sur de la ciudad de Santiago de Chile y a casi 100 kilómetros de San Martín de los Andes, en la provincia Neuquén, el volcán Villarrica volvió a decir presente. El progresivo aumento de su actividad sísmica llevó a que el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile declarara la alerta naranja y realizara la evacuación de decenas de familias asentadas en el perímetro de exclusión de ocho kilómetros del volcán.
Si bien las erupciones volcánicas generan un temor ancestral en los seres humanos y pueden tener efectos devastadores, el número de víctimas de estas manifestaciones es muy inferior comparado con los tsunamis, terremotos o inundaciones, entre otras catástrofes.
Originados en el desplazamiento de las placas de la corteza terrestre que al reacomodarse liberan energía, estos fenómenos acechan a cerca de 500 millones de personas en el mundo. Y, más allá del riesgo que conllevan, no hay que dejar de tener en cuenta que el vulcanismo, en gran medida, “es generador de los grandes yacimientos minerales y, en algunos casos, de energía. Es una manifestación de la vitalidad de la naturaleza que no se puede controlar, pero sí prever y monitorear”, explica Claudio Parica.

¿Es factible reducir los riesgos de las erupciones?
Vigilar los volcanes activos para conocer su comportamiento y saber cuándo van a entrar en erupción sirve para disminuir los impactos. “Hay que controlar todo el entorno teniendo en cuenta varios parámetros como las emisiones de gases, la temperatura del suelo, la actividad fumarólica -mezcla de gases y vapores que surgen por las grietas exteriores de un volcán a temperaturas altas-, la sísmica de baja intensidad, semejantes al movimiento que se puede sentir en un andén cuando pasa un tren a toda velocidad”, ejemplifica el especialista. Se trata de parámetros relativamente constantes que al modificarse indican que el magma (masa compuesta por rocas fundidas, cristales de minerales y gases) empieza a acercarse a la superficie y se aproxima una erupción.
Entre las manifestaciones previas pueden presentarse la salida de lava con liberación de gases, diseminación de cenizas, ríos de agua caliente y aluviones de barro. “Hay volcanes que hicieron daño sin hacer erupción. Es el caso del Nevado del Ruiz en Colombia a fines de los 80, cuando se derritió la nieve del cráter generando un torrente de barro que arrasó con el pueblo que estaba al pie”, ejemplifica Parica.

Las consecuencias de la lava y los gases tóxicos
Las erupciones presentan grandes diferencias y poder pronosticarlas permite establecer previsiones. Pueden provocar violentas explosiones de gases que forman nubes de humo, lluvia de piroclastos (fragmentos sólidos arrojados al aire) y hasta lentas emisiones de lava.
Conocer el comportamiento pasado de un volcán muchas veces indica cuáles son las medidas que se deben tomar. “Hay algunos volcanes cuyas manifestaciones no tienen mucho alcance y preverlas permite actuar con cierta tranquilidad. Otros, en cambio, son muy violentos y exigen una alerta temprana y despejar el área, al menos la más próxima, con la mayor velocidad posible”.
Ejemplo de ello es el volcán Santa Helena ubicado en Washington, cuyas erupciones en mayo de 1980, mataron a 57 personas, destruyeron más de 200 casas y hectáreas de bosques de abetos, y cuyas cenizas cubrieron ciudades distantes a unos 400 kilómetros.
“Fue una de las más violentas que hubo en la historia, con emisión de piroclastos en forma ultrasónica. Entonces lo que no destruyó el material eyectado, lo hizo la explosión. Esas erupciones son de alto riesgo y pueden acabar con grandes extensiones a su alrededor. Un dato para tener idea de su magnitud: se calcula que en el hemisferio norte la temperatura disminuyó medio grado durante un año, debido a la delgada nube generada por las cenizas que impidió la llegada de radiación a la superficie”.
Por su parte, las erupciones lávicas en general son tranquilas y, aunque arrasan todo lo que se encuentra a su paso y pueden provocar graves incendios, dan tiempo a abandonar el lugar. Un caso típico es el del archipiélago de Hawai donde la gente convive con los volcanes con una tranquilidad impresionante, además de servirse de ellos porque representan una gran atracción turística. “La lava tiene movimientos muy lentos y avanza a muy pocos centímetros por minuto. Da tiempo a escapar y, muchas veces, si las coladas no son de gran extensión, le tiran agua para enfriar el frente y este mismo puede llegar a actuar como dique”.

Y si hablamos a largo plazo, ayuda a los pronósticos el hecho de que el volcán tenga algún tipo de ciclicidad. “Hay fenómenos volcánicos, como por ejemplo el del Parque Yellowstone en Estados Unidos, con fumarolas que tienen periodicidad. Es un clásico: se vacía de agua el depósito volcánico, se vuelve a llenar, se calienta el agua, sale, etc. Más allá de indicar actividad, estas manifestaciones se consideran póstumas, es un volcán que está tendiendo a la extinción y se espera que no vuelva a tener erupciones violentas, pero hay que vigilarlo”.
Volcanes mortales, los peligros de la proximidad
A lo largo de la historia hubo algunas erupciones destructivas que justifican la mala fama de los volcanes. Un caso emblemático es el del Vesubio, que entró en erupción en 79 a.C., provocando una lluvia de ceniza volcánica y columnas de gases y piedras que alcanzaron los 33 kilómetros, liberando una energía equivalente a 100.000 veces la de la bomba nuclear de Hiroshima, y sepultó la ciudad de Pompeya. “La gente no tuvo tiempo de nada, todo fue cubierto y las cosas quedaron, como estaban en ese momento, intactas, sepultadas por las cenizas. Por ello en la actualidad es una de las grandes maravillas arqueológicas del mundo”, explica Parica.
Y aclara que el peligro está directamente relacionado con la distancia, son riesgos de proximidad. “Si se está muy cerca, seguramente será perjudicado por todo. Si hay lava, aunque se movilice lentamente, puede arrasar una zona y dejarla totalmente cubierta; además, como el material suele salir incandescente, no solo sepulta sino que incendia. A su vez, los gases contaminantes tóxicos -azufre, arsénico, etc.- pueden alterar espejos de agua o chorrillos, provocando envenenamiento por alta concentración de contaminantes. Cuando las erupciones son violentas, suele destruir el entorno del volcán y llegar a grandes extensiones. En la medida en que uno se aleja, los riesgos disminuyen muchísimo, incluso la caída de cenizas no alcanzan grandes espesores a la distancia, no sepultan”.
A esto, hay que sumarles también los efectos nocivos en la salud de la población como irritación de la piel y de las vías aéreas, alteraciones respiratorias, exacerbación del asma, estrés e incluso afección de las funciones inmunológicas y la contaminación atmosférica producida por los dióxidos de carbono y de azufre, principales gases contenidos en el magma.

La otra cara de la moneda: los beneficios de las erupciones
Pese a esto, millones de personas viven expuestas a estos riesgos, incluso en las laderas o al pie de los volcanes. El fenómeno deja de ser incomprensible cuando analizamos la otra cara de la moneda: los suelos son extremadamente fértiles porque las cenizas, ricas en sales y minerales, abonan la tierra al punto de proporcionar varias cosechas al año. “Siempre hay que tener en cuenta que, más allá del miedo que generan, han sido benéficos para el planeta. Buena parte de los yacimientos minerales, de cobre por ejemplo, están asociados al vulcanismo así como el enriquecimiento del suelo. Un claro ejemplo es el del pueblo Los Antiguos, en la provincia de Santa Cruz, que sufrió la erupción del volcán Hudson en agosto de 1991 y a los pocos años se transformó en un exitoso productor de frutillas”.
Otro factor destacable es la utilización de la energía geotérmica, aquella que puede ser obtenida mediante el aprovechamiento del calor del interior de la Tierra. “Es una energía limpia y natural. En Islandia, por ejemplo, la usan para calefaccionar. El agua caliente hace que se puedan también mover turbinas para generar energía eléctrica”, detalla.

Por último, Parica hace hincapié en la importancia de realizar un monitoreo: “Es clave porque, a diferencia de los demás procesos, el vulcanismo como los terremotos es uno de los pocos fenómenos geológicos inmediatos. Analizar los riesgos potenciales permite tomar las decisiones correctas”, finaliza.
Los Monos: la historia de la banda narcocriminal más temida de Rosario
DEF elaboró un repaso sobre los inicios de una de las organizaciones narcocriminales más oscuras de Argentina, que regó de sangre la ciudad de Rosario.
Entre el homenaje y la nostalgia: la puesta en valor y el recuerdo del avión F-86F Sabre, el último real cazador
Una calurosa tarde del 26 de septiembre de 1960 llegó al país el primer ferry de aviones F-86F Sabre proveniente de Estados Unidos. Aquel día, este sistema de armas que revolucionó a la aviación de caza de las Fuerzas Aéreas, voló por primera vez el cielo argentino.
Más 60 años después, bajo el mismo cielo que los vio volar y pese al paso del tiempo, sus pilotos se reencontraron en Mendoza para rendir homenaje a este sistema de armas que marcó a más de una generación de argentinos que integraron las filas de la Fuerza Aérea entre 1960 y 1986, año en el que el Sabre fue desactivado.

En Mendoza, cuna de la aviación de combate
Dicen que se trata de un día “mendocino”, el sol brilla y se refleja en la nieve de los picos que rodean a la ciudad y en el fuselaje de los Pampa IA-63 que se encuentran en la pista militar de El Plumerillo.
Cientos de efectivos, algunos en actividad y otros ya retirados, se congregan en la cuna de la aviación de combate de la Fuerza Aérea Argentina, también conocida como la IVta Brigada Aérea. Son hombres y mujeres de mameluco verde, repletos de parches, que llegan con sus lentes modelo aviator, pañuelo al cuello y birrete. Todos llevan en su uniforme un escudo alusivo a la participación en la Guerra de Malvinas: solo unos pocos utilizan la versión que contiene a los laureles bordados, pues su uso está reservado a quienes defendieron nuestra soberanía en las Islas.
Poco a poco, los presentes comienzan a ocupar sus lugares para dar inicio a la ceremonia que recuerda la llegada al país del primer ferry de los F-86F Sabre en 1960.

La puesta en valor del mítico F-86F Sabre
Se escuchan anécdotas. Se observan fuertes abrazos. Muchos de ellos no se han visto durante años. Cuentan que hoy, además de conmemorar la llegada del mítico sistema de armas, celebran la amistad y la camaradería. Pero, a juzgar por los ajenos al ambiente aeronáutico –al que ellos llaman “familia”- se trata más bien de un encuentro entre hermanos, no de sangre, sino de armas.
La escena se ve interrumpida por la voz de la locutora que da inicio a la ceremonia. Se anuncia la importancia de haber puesto en valor a uno de los Sabre: la presencia de este F-86 restaurado por los alumnos de la Escuela Técnica Aeronáutica N° 4-106 “IV Brigada Aérea” da marco al acto castrense.
Un dato: a partir de 1960, 28 F-86F Sabre se incorporaron a la Fuerza Aérea Argentina. Para ello, pilotos y mecánicos debieron capacitarse en Estados Unidos. Paralelamente, la IVta Brigada Aérea de Mendoza preparó sus instalaciones para recibir a la célebre aeronave que EE.UU. vendió a más de 30 países.

La revolución del Sabre en el mundo aeronáutico militar
“El último real cazador”, como llaman los pilotos argentinos al Sabre, se caracterizó por ser una aeronave veloz, ágil, potente y confiable. Dicen, también, que poseía una excelente plataforma de tiro que lo convertía en uno de los mejores sistemas de armas para el combate.
Su llegada sentó las bases para el nuevo rumbo que, entonces, adoptaría la aviación de caza en Argentina. De hecho, una de las primeras consecuencias de su llegada fue la adopción de nuevas tradiciones. Por ejemplo, para el emblema del avión se adoptó un formato heráldico que, además, llevó la inscripción de la frase en latín “Ad maiora”: nacido para ser más.
Además, si bien se continuó con la costumbre de usar pañuelo en el cuello, los pilotos dejaron de vestirlo en color blanco para comenzar a utilizarlo en naranja.

Un pasado de gloria, un presente de nostalgia
A lo largo de los años, el célebre F-86F fue volado por más de 200 pilotos de la Fuerza Aérea Argentina. Además, cuando estos aviones estuvieron a punto de ser apartados del servicio, comenzó el conflicto con Chile, en el año 1978, y el deber los volvió a convocar.
Además, el Sabre fue parte de la Escuadrilla Cruz del Sur. Sus acrobacias desafiaron la fuerza G y deleitaron e interpelaron a más de un argentino.
Fue desprogramado en 1986, luego de un accidente provocado por la fatiga del material. Durante la ceremonia, también se recordó este trágico hecho.
Por su parte, el brigadier retirado Alberto Alegría fue uno de los pilotos al mando de este noble sistema de armas. En sus palabras, destacó que la llegada del Sabre al país alimentó el insaciable espíritu de los pilotos de caza. “Ese magnífico avión nos dejó un pasado de gloria, un presente lleno de nostalgia y, a futuro, el recuerdo”, reconoció. Pues, en síntesis, quienes lo pilotearon también volaron otras aeronaves, pero el F-86 marcó un rumbo.

Legendarios pilotos, un mítico avión
En Mendoza, la Fuerza Aérea entregó los pañuelos naranjas a los pilotos que, en su pasado, volaron Sabre. Además, pudieron colocarse en sus uniformes y trajes el emblema que identifica al F-86 y firmaron el “Libro de Oro”.
La del pañuelo, es una tradición que se remonta a la época de los precursores de la aviación de combate: debían ajustar con fuerza el pedazo de tela al cuello para que este pudiese impedir que la sangre descendiera a los pies y así evitar la pérdida de visión durante el vuelo.

Al grito unísono de “No hay quien pueda”, los pilotos y autoridades militares finalizaron esta ceremonia marcada por el recuerdo y el reencuentro.
¿Quién es el mecánico de aviones Mirage que arbitrará el superclásico?
Dicen que el domingo habrá buen clima. A las 14 horas el sol brillará con todo su esplendor durante una típica tarde primaveral. Será el primer día de octubre, mes de elecciones para los argentinos.
Sin embargo, en La Bombonera y en sus alrededores, la información sobre el clima será el dato que menos importe: toda la atención estará puesta en la cancha donde se enfrentarán Boca y River.
Para el referí Andrés Merlos se tratará, sin lugar a dudas, de una jornada trascendental: el mendocino deberá evitar todo tipo de polémicas a la hora de arbitrar su primer Superclásico.

El fútbol y los aviones: “Intento disfrutar de mis dos carreras”
Tiempo atrás, DEF conoció y conversó con Andrés Merlos: hijo de madre soltera, cuando cumplió los 15 años dejó Mendoza y se mudó a Córdoba para ingresar como suboficial a la Fuerza Aérea Argentina (FAA).
Con esfuerzo y sacrificio, en su carrera militar logró desempeñar cargos que muchos hubiesen querido. En Tandil, por ejemplo, fue mecánico de los emblemáticos aviones de combate Mirage. Y, en esta misma ciudad fue donde decidió darle un nuevo rumbo a su vida: comenzó la carrera de árbitro deportivo.

“La verdad es que, a veces, se complica con la familia. Por los viajes y lo que demandan los trabajos, estoy muy poco con ellos. Es lo que me toca. Pero estoy agradecido de poder hacer lo que me gusta. También soy un agradecido a la FAA, que siempre me apoyó en mi otra ocupación que es el arbitraje. Intento disfrutar de mis dos carreras, a las que amo. En ese contexto, mi familia es un pilar fundamental”, confesó a DEF.
Un hombre de pasiones y sacrificios
Hoy Merlos tiene 42 años, 18 de ellos trabajó como mecánico del avión de combate Mirage de la Fuerza Aérea: “Son sensaciones lindas y únicas las que viví como mecánico tripulante. Lo mismo pasa con el arbitraje. Son dos pasiones y agradezco a Dios que las puedo tener y disfrutar. No me gusta comparar las dos carreras porque cada una tiene sus cosas lindas”
Obviamente que, en el trayecto, Merlos debió sacrificarse. “Soy una persona que toda la vida se puso metas y trató de lograrlas. No es fácil llegar, ni tampoco mantenerse. Por eso trabajo día a día, fundamentalmente con el apoyo constante de la familia, de mis compañeros y jefes”, contó el hoy suboficial ayudante que, desde la desprogramación de las aeronaves, pasó por otros destinos dentro del ámbito de la Fuerza Aérea.

“Siempre me gustó la aviación aunque, desde que nací, mi amor fue el fútbol”
“Soy hijo de madre soltera y, cuando tenía 15 años, un tío que estaba en la Fuerza me dijo que estaban abiertas las inscripciones. Siempre me gustó la aviación, aunque, desde que nací, mi amor fue el fútbol”, cuenta Merlos.
Dice, además, que esta decisión no fue fácil, ni para él ni para su mamá. “Siempre traté de respetar lo que ella nos inculcó: trabajo, sacrificio, nunca agachar la cabeza y seguir siempre adelante para lograr nuestros objetivos”, reconoce.
Con respecto a la relación entre las dos actividades, Andrés da cuenta de la integración de las Fuerzas Armadas en la sociedad: “No solo nos preparamos para un eventual conflicto bélico, sino que estamos a disposición de ella”. Y agrega: “Detrás de un uniforme, o de una casaca de árbitro o jugador, siempre hay una persona”.
“Los insultos llegan, pero es ruido”
De todos los rituales futboleros, Merlos asegura que el que más le gusta es la presencia de la gente: “cuanta más haya, más adrenalina. El fútbol lo hacen ellos. Ni hablar cuando hay público visitante. Las hinchadas se gritan una a la otra. Esas cosas son lindas”.
Obviamente, si hay hinchada, también hay silbidos dedicados al referí. “Cuestiones del fútbol”, comenta Andrés. “La verdad es que uno es profesional y se concentra en el trabajo que tiene que hacer. La gente es el marco lindo de este deporte. Los insultos llegan, pero es ruido”, refuerza.

Los pibes de Malvinas que jamás olvidaré
La Fuerza Aérea también tiene sus tradiciones y rituales. En el caso de Merlos, lleva grabados en su corazón a la “camaradería, el amor a la patria y a la bandera”. En diálogo con DEF, confesó sentirse interpelado por las vivencias los Veteranos de Guerra de Malvinas de la institución. “Tuve la posibilidad de compartir esto con compañeros que estuvieron en el Conflicto. Son cosas que a uno le quedan”, cuenta.
Es sabido que Malvinas es una causa que nos atraviesa a todos los argentinos por igual. Y, en el fútbol está más viva que nunca: “Son cosas que quedaron unidas. Los veteranos te cuentan que mientras ellos estaban en las Islas, a la vez estaban pendientes de los resultados de la Selección: somos un país futbolero”.

A la hora de dirigir: “Miro al cielo y me pongo en las manos de Dios”
“Nunca me imaginé que iba a llegar a donde estoy hoy”, confiesa Merlos tras repasar su carrera como árbitro: comenzó en el año 2001 porque quería estar vinculado al deporte y porque ya tenía compañeros de la Fuerza que lo habían hecho. Un instructor vio sus cualidades y le sugirió anotarse en el curso nacional. “El me veía con condiciones para llegar a Primera”, comenta.
Le hizo caso. Cursó y se recibió de árbitro nacional. Gustavo Bassi, un veedor de la AFA lo vio y le propuso dirigir en Primera División. “Así, partido tras partido, para poder llegar”, agrega.
¿Tenés alguna cábala para dirigir?, “Soy muy creyente. Miro al cielo y me pongo en manos de Dios. También beso a mis muñecas, donde tengo tatuados a mis hijos. Eso lo hago siempre”, finalizó.
Premios Konex 2023: ¿quiénes fueron reconocidos en Ciencia y Tecnología?
En vísperas de la entrega del premio Konex Brillante, se dieron a conocer los nombres de algunas de las personalidades más destacadas en el rubro.
¿Existe el turismo antártico? Descubrí los misterios del Continente Blanco
El turismo es casi la única actividad económica permitida en el sexto continente y se encuentra fuertemente regulada por el Sistema del Tratado Antártico. Sobre sus características y los potenciales impactos en el medio ambiente, conversamos con Carlos Flesia, de vasta experiencia como jefe de base y en adiestramiento, logística y turismo antártico.

