Gianni Infantino, actual presidente de la FIFA, podría protagonizar el giro más inesperado de su carrera si, finalmente, decide aceptar el impulso que le da Donald Trump para encabezar Naciones Unidas (ONU). La cercanía entre ambos, fortalecida durante el Mundial de fútbol disputado este año en Estados Unidos, México y Canadá, habría llevado al mandatario a considerar al dirigente suizo como un perfil capaz de liderar el organismo multilateral.
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Al conocerse la intención de Trump, distintos análisis coincidieron en que la propuesta enfrenta obstáculos estructurales que exceden la voluntad de un solo país, por poderoso que sea. La carrera por reemplazar a Guterres lleva ya varios meses en marcha y es disputada principalmente por diplomáticos y exfuncionarios latinoamericanos que hacen campaña desde hace tiempo. En ese contexto, la irrupción de un dirigente deportivo como opción alternativa resulta, por ahora, una novedad más ligada a una intención política que a una candidatura formal.
¿Infantino a la ONU?: por qué su candidatura resulta, en principio, improbable
Ningún dirigente deportivo ocupó jamás la secretaría general de la ONU, y ese vacío de antecedentes juega en contra de la iniciativa impulsada por Donald Trump. Históricamente, el cargo fue ocupado por diplomáticos de carrera o por políticos con oficio de gobierno, como cancilleres, embajadores, expresidentes o altos funcionarios del propio sistema de Naciones Unidas.

A esa ausencia de precedentes se suman dos convenciones no escritas que complican todavía más el escenario:
- Geográfica. Si bien no existe una regla formal de rotación, existe un turno tácito por regiones que esta vez le correspondería a América Latina y el Caribe, zona que no ocupa la secretaría general desde la gestión del peruano Javier Pérez de Cuéllar, en los años ochenta. Infantino, de origen ítalo suizo, pertenece en cambio a Europa occidental, la misma región de la que proviene Guterres.
- El origen del respaldo es político. Rara vez el impulso decisivo sale del pequeño grupo de países con poder de veto en el Consejo de Seguridad. En este caso, el empuje llegaría desde Estados Unidos, uno de los cinco miembros permanentes. Ese desequilibrio alimenta las dudas sobre las verdaderas chances de prosperar que tiene la idea.
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De todos modos, para avanzar formalmente, Infantino necesitaría obtener primero la recomendación del Consejo de Seguridad, compuesto por 15 miembros, de los cuales 5 cuentan con derecho a veto. Recién después de superar esa instancia, su nombramiento debería ser confirmado por la Asamblea General, donde participan la totalidad de los estados miembro del organismo.
Los antecedentes históricos del cargo y los perfiles que sí lo ocuparon
Desde la creación de Naciones Unidas, la Secretaría General fue ocupada siempre por personas con extensa trayectoria en política exterior o en la propia estructura del organismo. El primero en asumir el cargo fue el noruego Trygve Lie, y desde entonces se sucedieron nueve secretarios generales más, todos ellos con perfiles diplomáticos o de gestión pública consolidada.

El propio Guterres, designado en 2016 tras competir con otros doce candidatos, encaja en ese patrón. Antes de llegar a la ONU había sido primer ministro de Portugal durante varios años y también presidente de la Internacional Socialista, además de haberse desempeñado como Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados durante una década.
En cualquier caso, la elección definitiva del próximo titular del organismo continúa en marcha con siete candidatos confirmados, cinco latinoamericanos y dos africanos.




