La Copa del Mundo fue escenario de partidos que van mucho más allá del fútbol. A lo largo de la historia del torneo, varios países enemigos se cruzaron en la cancha mientras cargaban con el peso de guerras y décadas de hostilidad diplomática. El Mundial 2026, que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá, sirve de marco para repasar algunos cruces incómodos entre selecciones con historia fuera de la cancha.
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Guerras y tensiones en una cancha de fútbol: los partidos que la historia no olvidó
El más emblemático de todos es el de Argentina-Inglaterra, en México 1986. El encuentro se disputó en cuartos de final, cuatro años después del conflicto armado por las islas Malvinas, y casi todos los medios de ambos países lo enmarcaron desde el inicio como una revancha. Lo que ocurrió adentro de la cancha lo volvió histórico de otra manera.
Durante el partido, Diego Maradona marcó los dos goles de la victoria argentina. El primero, convertido con la mano izquierda sin que el árbitro lo advirtiera, fue bautizado como “la Mano de Dios”. El segundo, conocido como “el Gol del Siglo”, fue una jugada en la que recibió el balón en la mitad de la cancha, esquivó a cinco jugadores rivales y marcó el tantode la victoria.

Por su parte, el duelo entre Irán y Estados Unidos, en Francia 1998, también quedó grabado como uno de los encuentros más cargados políticamente del torneo. Las relaciones entre ambos países estaban rotas desde la Revolución Islámica de 1979, y el partido se jugó en medio de sanciones económicas, décadas de hostilidad y la memoria de la guerra Irán-Irak, en la que Washington había apoyado al gobierno iraquí.
Antes del inicio, los iraníes entregaron rosas blancas a sus rivales y ambos equipos posaron juntos para una foto histórica en el centro del campo. Irán ganó 2 a 1 y eliminó a Estados Unidos del torneo.

A su vez, el único cruce mundialista entre las dos Alemanias se produjo en la edición de 1974, cuando el país seguía dividido por el Muro de Berlín y cada selección representaba un bloque de la Guerra Fría. Alemania Oriental derrotó 1 a 0 a Alemania Occidental en la fase de grupos, con un gol de Jürgen Sparwasser, y fue el único partido oficial que ambas selecciones disputaron en toda la historia.
El equipo occidental ganó el campeonato al vencer a Países Bajos en la final por 2 a 1, pero la derrota ante sus pares del Este tuvo un peso simbólico que el título no alcanzó a borrar.
Mundial de fútbol: presión entre equipos en nombre de la identidad
El cruce entre Suiza y Serbia en Rusia 2018 no responde a una guerra entre Estados, pero arrastra una carga política profunda. El origen del conflicto está en Kosovo, un territorio que hasta 2008 formaba parte de Serbia y que ese año declaró su independencia con el apoyo de Estados Unidos y gran parte de Europa.

Serbia nunca la reconoció. Varios futbolistas del equipo suizo son hijos de familias kosovares de etnia albanesa que huyeron de la guerra de los Balcanes en los años noventa y se refugiaron en Suiza. Esto convierte cada partido entre ambas selecciones en algo mucho más que un duelo deportivo.
Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri marcaron los dos goles del triunfo suizo por 2 a 1. Al festejar, ambos hicieron con las manos el símbolo del águila bicéfala, que es la figura central de la bandera albanesa y una señal de identidad directamente vinculada a la causa kosovar. Para los serbios, el gesto fue una provocación política en plena cancha. La FIFA sancionó económicamente a ambos jugadores y el debate sobre los límites entre deporte y política quedó en el centro de la atención.
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Más atrás en el tiempo, el partido entre los rivales geopolíticos Francia e Italia en el Mundial de 1938 se convirtió en la antesala de la Segunda Guerra Mundial. El régimen fascista de Benito Mussolini se expandía por Europa y usaba el fútbol como instrumento de propaganda. Ganar en la cancha era, para ese gobierno, una demostración de superioridad política y militar. Italia llegaba además como campeona vigente del torneo anterior. El partido se disputó con Europa al borde del abismo, en lo que sería la última Copa del Mundo antes de que el continente entrara en guerra.
Este histórico partido marcó la victoria italiana frente al equipo francés por 3 a 1. La propia selección, en apoyo al régimen fascista, vistió un uniforme negro en alusión a los “Camisas Negras”, la milicia voluntaria del régimen. Italia se consagró como bicampeón invicto tras un agitado partido contra Hungría. Se dice que todo el evento fue manipulado por Mussolini y que los propios jugadores italianos recibieron un telegrama con la frase “vencer o morir”.




