Argentina aprobó mediante el Decreto 1021/2026 el nuevo Estatuto para el Personal de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). La medida, que entrará en vigencia el 1° de enero de 2027 y reemplazará al Decreto 1088/2003, redefine las reglas laborales de los agentes argentinos.
En un riguroso análisis comparado, el especialista e integrante de la Fundación Sherman Kent, Edgardo Glavinich, evaluó los alcances del nuevo texto frente al régimen de 2003 y a la Ley “S” 19.373 sancionada por un gobierno de facto en 1971.
Según el director de la Fundación Sherman Kent, el Estado argentino dio “con probabilidad alta, el mejor estatuto de personal que la inteligencia argentina haya tenido”, aunque advierte que el avance fue incompleto: “El Estado argentino habría dado un paso serio hacia la carrera profesional de inteligencia, pero lo habría dado sin el contrapeso externo que convierte una carrera en una institución”.
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Ley de 1971, la matriz heredada que permanece tras cinco décadas
A pesar de la actualización normativa, Glavinich señala que la arquitectura de fondo del nuevo estatuto mantiene una continuidad directa con fórmulas diseñadas hace más de cinco décadas. Entre las permanencias más marcadas se destacan:
- Agrupamiento por cuadros: La división en niveles A, B y C según el título educativo o el origen militar/policial copia, en esencia, la estructura del régimen anterior y de la ley de 1971.
- Planta condicional: Se conserva el período de nombramiento condicional por un año antes de la estabilidad definitiva.
- Régimen de ascensos y previsión: Mantiene las promociones al 31 de diciembre, la cobertura por la Caja de Retiros, Jubilaciones y Pensiones de la Policía Federal y las condecoraciones “post mortem” por actos de arrojo.
- Catálogo de deberes y prohibiciones: Revalida exigencias históricas como la dedicación exclusiva, la exclusividad de función, la prohibición de integrar logias o agrupaciones contrarias a la Constitución y la autorización previa para publicar trabajos o viajar al exterior.

¿Qué cambia con el nuevo Estatuto para el Personal?
A diferencia de los textos de 1971 y 2003, el nuevo reglamento introduce piezas alineadas con la gestión pública contemporánea y las demandas internacionales. Glavinich resalta siete innovaciones clave:
- Ingreso único por concurso: Es obligatorio aprobar el Curso Básico de Ingreso en la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) para ingresar a la carrera.
- Principios rectores de carrera: Se incorpora expresamente el mérito, la idoneidad, la igualdad y la transparencia.
- Carrera formativa: Articulación formal de capacitaciones con universidades nacionales y extranjeras.
- Evaluación de desempeño: Obligatoria y anual para todo el personal con más de seis meses de antigüedad.
- Cargos de conducción concursables: Se abre a concurso público cuatro de los seis niveles inferiores al Secretario.
- Límite a las contrataciones: El personal de “proyectos especiales” (contratados externos) no podrá superar el 5% de la planta total.
- Derecho a rechazar órdenes ilegales: El artículo 6 inciso “M” consagra el derecho a “rechazar el cumplimiento de una orden manifiestamente ilegal o violatoria de los derechos humanos”.
En palabras del analista: “Un analista que hubiera leído en 2003 el estatuto que hoy se deroga habría encontrado allí un régimen laboral; quien lee el de 2026 encuentra el esbozo de una profesión”.
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Los cuatro vacíos críticos que afectan la eficacia de la SIDE
Pese a los avances técnicos, Glavinich advierte sobre la existencia de importantes vacíos y “zonas de sombra” en el texto del Decreto 1021/2026:
El Decreto 1088/2003 prohibía expresamente el ingreso de personas procesadas o condenadas por crímenes de guerra o violaciones a los derechos humanos. El estatuto de 2026 omitió esa restricción en sus impedimentos de ingreso, un hecho que Glavinich califica como “un retroceso simbólico y práctico que el propio Poder Ejecutivo podría corregir por norma complementaria”.
Además, se eliminan el Tribunal de Calificaciones y el Consejo de Disciplina que actuaban como contrapesos internos deliberativos. Ahora las decisiones recaen únicamente en el área de Recursos Humanos, la Inspectoría General y la figura del propio Secretario.

El texto delega en 21 oportunidades la regulación de aspectos clave como escalas salariales, licencias y régimen disciplinario a “normas complementarias” que dictará el propio Secretario de Inteligencia. De este modo, “el estatuto es la parte visible; la carrera será la parte reservada”.
En sus 98 artículos no hay ninguna mención al Congreso de la Nación ni a la Comisión Bicameral de Fiscalización. “Toda la experiencia comparada muestra que una carrera de inteligencia fortalecida sin control externo proporcional no produce una institución más profesional sino un organismo más capaz al servicio de quien lo conduce”, sentenció el especialista.
De cara a la puesta en marcha del régimen el 1° de enero de 2027, Glavinich propone al Poder Ejecutivo, en primer lugar, reincorporar por norma complementaria el impedimento de ingreso por delitos de lesa humanidad.
También, considera necesario restituir un órgano colegiado de calificaciones con informes auditables por la Comisión Bicameral del Congreso y otorgar autonomía y mandato fijo al titular de la Inspectoría General de Inteligencia (IGI) con obligación de rendir cuentas externas.
En el plano de la educación, para el director de la Fundación Sherman Kent es clave someter los planes formativos de la Escuela Nacional de Inteligencia a evaluaciones académicas externas.
Si estas cuatro correcciones tienen lugar, Edgardo Glavinich afirma que “el Estado argentino habrá alcanzado una profesión de inteligencia” para 2030, una cuestión histórica que los sucesivos cambios en el ecosistema de inteligencia no lograron.




