La visita de DEF a la Fábrica Argentina de Aviones desató una polémica. Presentamos tres opiniones entendidas en la materia para revisar la situación actual y las perspectivas de la aviación militar en Argentina.
ONG y políticas públicas
Las organizaciones no gubernamentales han adquirido a través del tiempo un papel cada vez más decisivo en la sociedad. Para analizar su incidencia en la construcción de políticas públicas, entrevistamos a referentes de diversas ONG nacionales y provinciales.
Controversias hidroeléctricas
Las dificultades para avanzar en la venta de energía paraguaya al mercado uruguayo, a través del sistema eléctrico argentino, han generado malestar en Asunción. Además se cuestiona que se haya realizado el llamado a licitación para la maquinización del brazo Aña Cuá, cuando aún queda por resolver la cuestión de la deuda de la Entidad Binacional Yacyretá.
Del laboratorio a la gente
La nanotecnología, una actividad que en los últimos años ha tenido un fuerte impulso desde el gobierno nacional, presentó sus avances en la bienal Nano Mercosur 2011 y en Tecnópolis. Hacia dónde va esta nueva rama de la ciencia.
Qatar, un pequeño gran estado
Este país de la península arábiga ha sabido desarrollar una estrategia diplomática y de poder que lo llevó a sentarse a la mesa de las principales potencias mundiales.
Hace seis años, durante una larga estadía en Washington, algunos colegas estadounidenses tuvieron la gentileza de mostrarme un interesante documental titulado Control Room. Se trataba de una producción que hacía la cadena Al Jazeera sobre sí misma durante la cobertura de la guerra de Irak en 2003. Ahí me anoticié de que esta cadena, creada por la monarquía catarí, había llevado a cabo un amplio y profesional despliegue periodístico e informativo, con visiones y análisis alternativos y en muchos casos antitéticos a los de las grandes cadenas de noticias de los EE. UU. Se notaba la existencia de periodistas y técnicos muy profesionales, y también la inclusión de alta tecnología. Los que sabían del tema me comentaban durante el desarrollo de la película que algunos de esos profesionales venían de la BBC en árabe, que había sido cerrada años antes.
Entre las perlas del documental, se destaca un memorable debate entre el periodista estrella de Al Jazeera y un joven oficial de inteligencia estadounidense que tenía la misión de acompañarlo. Estas dos visiones chocan durante toda la película, hasta que sorpresivamente el militar admite sus dudas sobre la utilidad de la guerra que se estaba llevando a cabo y que parecía, a primera vista, estar a punto de terminar (luego sabremos que la fase de guerrilla y terrorismo se extendería hasta el día de hoy). Para mi sorpresa, unos años después vería a este militar como uno de los reporteros estrellas del canal de Qatar.
Luego de ese contacto inicial con las estrategias políticas y mediáticas de este pequeño -en tamaño y población- país petrolero, comencé a ver diariamente algunos minutos de noticias en Al Jazeera. Quedaba en evidencia que era una estructura seria y sofisticada, con emisiones diferenciadas en inglés y en árabe. Con un compromiso activo, si bien no radical, con el tema palestino, una pertinaz crítica a las campañas militares de los EE. UU. en Irak y sus métodos de contrainsurgencia; una relación ambivalente con Arabia Saudita e Irán; prudencia y visión constructiva del fenómeno del chavismo en Venezuela; y una constante pero moderada -y algunas veces casi desapercibida- línea editorial favorable a la democracia y los derechos humanos.
Más tarde, también me enteraría de la profunda molestia que generaban las emisiones de esta cadena en el gobierno de George W. Bush y de cómo algunos medios de prensa neoconservadores no dudaban en acusar a Qatar de no apoyar activamente la agenda estadounidense en la región. La contracara de todo ello es que la principal flota naval de los EE. UU. reposa desde hace años en los puertos de Qatar. Si a este sofisticado juego de alianzas y estrategia comunicacional se le agregaban las cuantiosas reservas de gas y petróleo de Qatar, así como un multimillonario fondo estratégico del Estado para inversiones en el mundo, surgía frente a mí un caso digno de ser analizado atentamente: un pequeño gran Estado, que lograba moverse de manera inteligente en las cumbres del poder internacional, evitando tanto actitudes contestatarias lineales y mecánicas, como así también lógicas de plegamiento a alguna gran potencia.
LA PRIMAVERA ÁRABE
El estallido de las rebeliones árabes a comienzos de 2011 fue nuevamente una escenografía ideal para ver a Qatar y sus recursos de poder en acción. La cadena Al Jazeera mantuvo una constante y fluida información sobre los hechos en Túnez, Egipto, Libia y Siria, mostrando en todo momento un tono comprensivo y de apoyo a los reclamos populares. En el caso específico de Libia, a partir de febrero la situación fue degenerando en una sangrienta guerra civil, lo cual dio inicio a otro activismo de Qatar, no ya solo mediático, sino político, económico y militar en respaldo a los rebeldes que luchaban contra el régimen de Gadafi. Este apoyo se materializó con la presencia de asesores militares que arribaron a Libia, la entrega de armas y dinero, la organización de cursos de entrenamiento para los guerreros libios en la propia Qatar, aviones de combate y de transporte, entre otras cosas. Este Estado se sentaba a la mesa de los actores claves del conflicto libio: Francia, Reino Unido, Italia, Egipto y los EE. UU.
La sofisticación diplomática de Qatar se comprueba también en el delicado equilibrio de su línea favorable a la “primavera árabe”, al mismo tiempo que aportaba efectivos militares a un amplio continente organizado por Arabia Saudita para poner orden a desórdenes populares impulsados por la población chiita de uno de los ricos microestados del Golfo Arábigo o Pérsico, según se prefiera.
QATAR Y ARGENTINA
En materia de inversiones en el exterior, nuestro país ha comenzado a beneficiarse de los emprendimientos agrocomerciales de Qatar en varias de nuestras provincias, así como de la reciente firma de un importante contrato para abastecernos con gas licuado transportado por mar. Aquellos que nos dedicamos al estudio de las Relaciones Internacionales y las políticas de poder solemos mirar a un lote siempre limitado de las grandes potencias de turno.
El caso de Qatar es un ejemplo de la necesidad de ampliar un poco más allá el foco de análisis y comprender el rol de estos pequeños grandes actores del escenario global. Motivo más que válido para enfatizar la necesidad de una política exterior argentina pragmática, activa y alejada de clichés ideológicos que nos lleven a posturas contestatarias o de seguidismo de un lote limitado de actores y potencias.
Sustentabilidad, la palabra de la hora
“El desarrollo sustentable nos conduce a pensar de manera innovadora,
a inventar un nuevo pacto social entre el hombre y el medio ambiente
y a elaborar las bases de un renacimiento humanista para el siglo XXI”.
Vincent Clément, geógrafo de la École Normale Supérieure (ENS) de Lyon
Recurrente en la idea de instalar en la agenda pública aquellos temas urgentes que, lamentablemente, llegan a la primera plana de los diarios recién cuando la catástrofe es inmanejable, DEF vuelve a poner en la vidriera el tema ambiental. Esta vez lo hacemos a través de un análisis del rol que le cabe a la sociedad civil en la mitigación y en la prevención de los efectos del calentamiento global.
El deterioro del planeta y la necesidad de hacer frente a los nuevos desafíos climáticos provocan la intervención creciente de ONG dedicadas a las cuestiones del medioambiente y el compromiso ecológico de figuras que descuellan en otros ámbitos, pero se vuelcan con fervor a esta causa, conscientes de la fuerte tensión provocada por las dificultades para lograr un desarrollo sustentable tanto en la región como en el mundo entero.
Ya en enero de 2010 dábamos cuenta, en estas mismas páginas, del riesgo global del cambio climático, tras el fracaso de la Cumbre del Clima desarrollada en Copenhague, en la que apenas se logró establecer un conjunto de intenciones carentes de cualquier compromiso serio. “No hay un mundo B”, decíamos entonces, parafraseando una de las más reconocidas pancartas de los manifestantes que se habían dado cita en la capital danesa. Hoy, muchos meses más tarde, se mantiene esa incontrastable realidad, seguramente acentuada por la crisis económica global, que en términos reales siempre afecta las “prioridades” que mucho tienen de discurso y poco de compromiso vital.
Tomemos en cuenta algunos datos que nos deben llamar a la reflexión. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), 2010 fue el año más cálido desde que se realizan mediciones climáticas instrumentales, con un promedio de temperatura de 14,5º C. A este dato, de por sí alarmante, se suma la información que indica que los últimos diez años (2001-2010) fueron más cálidos que la década anterior (1991-2000) en aproximadamente 0,2 grados centígrados. Por otra parte, un informe del prestigioso Centro Hadley, del Reino Unido, alertó acerca de que las temperaturas mundiales podrían aumentar 4º C para mediados de la década de 2050 si se mantienen las tendencias actuales de emisiones de gases de efecto invernadero.
“Estamos condenados a este cambio climático. Es posible que en los próximos años se logre estabilizar las emisiones de los gases de efecto invernadero, pero los niveles de temperatura continuarán elevándose”, aseguró el investigador estadounidense Gerald Meehl, director del Departamento de Dinámica Global del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas en Boulder (Colorado). Este científico explicó, a partir de los estudios realizados en esta materia, que el calentamiento global incluirá etapas de interrupción en el futuro, pero aclaró que “esos períodos probablemente durarán una década y el calentamiento luego se reanudará”.
Por su parte, el experto brasileño Heitor Matallo, coordinador para América Latina de la Convención de Naciones Unidas sobre la Lucha contra la Desertificación, señaló que actualmente 3,5 millones de hectáreas en todo el planeta están ocupadas por zonas desérticas. Esta cifra representa el 25% de la masa terrestre y amenaza el sustento de más de 1000 millones de personas en 100 países. Se calcula que el 20% del alimento mundial se produce en zonas áridas y que de continuar esta tendencia, por efecto de la desertificación, en 25 años se dejaría de producir el 30% de los alimentos. Matallo precisó que en América Latina existen 80 millones de personas que viven en las regiones áridas y semiáridas, donde sufren los problemas propios del deterioro de los recursos naturales.
Al desglosar responsabilidades por la contaminación del planeta, debemos considerar que las zonas urbanas, que ocupan solo el 2% de la superficie terrestre y donde reside la mitad de la población del planeta, generan el 70% de los gases de efecto invernadero. Un informe de la agencia ONU Hábitat indicó que las urbes enfrentan un panorama muy difícil, que provocaría el desplazamiento de 200 millones de personas hacia 2050. El director ejecutivo de la organización, Joan Clos, asegura que para mitigar este fenómeno existen únicamente dos alternativas: generar energías no contaminantes o consumir menos energía. Para conseguir reducir el consumo, habría que tomar tres decisiones: cambiar los motores de combustión interna por motores eléctricos, que generen su energía a partir de fuentes renovables; renovar las viviendas para hacerlas energéticamente más eficientes; y “vivir más pegaditos para poder realizar la mayor parte de nuestros desplazamientos consumiendo menos energía”.
Estas son solo algunas de las graves consecuencias que acechan al planeta. La capa de ozono y el efecto invernadero, la lluvia ácida y la desertificación, la erosión, la pérdida de la biodiversidad y el incremento de los residuos tóxicos y peligrosos son conceptos que repiten a diario científicos e investigadores de ONG ambientalistas del mundo entero, alertando sobre la situación actual y el compromiso del futuro.
Como ya dijimos, a esta situación se le agrega el problema adicional que conlleva la crisis económica que amenaza al mundo desde 2008. Es allí donde las organizaciones civiles juegan cada día un papel más trascendente, tanto en la participación en la toma de decisiones como en el contralor y en la construcción de políticas públicas sustentables. Pareciera que de eso se trata, de lograr la sustentabilidad de las decisiones que involucran al quehacer humano, entendiendo esto como la factibilidad de lograr satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la posibilidad de atender las necesidades del futuro.
Hay un concepto que hoy logra aunar las dimensiones económica, social y ecológica del problema que nos ocupa: es el de “desarrollo sostenible”, empleado por primera vez en 1987, en el documento conocido como “Informe Brundtland”, que en 1992 se asumiría como Principio N° 3 en la Declaración de Río. Este importante concepto procura introducir la necesidad de un término medio en los costos humanos y medioambientales del progreso y del desarrollo de las naciones. Procura poner límites tanto al sacrificio desmedido en función del futuro, como a la necesidad de evitar amenazar las condiciones futuras de la humanidad. Es aquí donde juegan un rol fundamental los actores sociales, esos que día a día se involucran en la temática ambiental. Es evidente que los grandes intereses corporativos y las obligaciones mediatas de los gobiernos y funcionarios –responsables de dar soluciones a problemas cotidianos acuciantes– deben tener un contrapeso y un contralor verdadero por parte de la sociedad civil. Es allí donde juegan un papel muy importante los íconos sociales que se atreven a liderar la difusión y la toma de conciencia acerca de una problemática tan compleja.
En el mundo son numerosas las personalidades que han asumido un compromiso profundo con la causa del planeta. Podemos citar los casos de Al Gore, ex presidente de EE. UU. que se ha convertido en un activista de la lucha contra el cambio climático y obtuvo en 2007 el Nobel de la Paz; Arnold Schwarzenegger, quien desde su cargo de gobernador de California impulsó el desarrollo de las energías renovables y el ahorro energético; y el actor Johnny Depp, quien decidió equipar la isla caribeña que adquirió en 2006 con un sistema de energía solar. Nuestro país no es la excepción: en las próximas páginas podrán conocer detalles de un proyecto que merece ser destacado, la fundación R21 del ex Soda Stereo, Charly Alberti, que se propone contribuir a la educación de las nuevas generaciones en el uso racional de los recursos de nuestro planeta y con quien realizamos una larga entrevista en esta edición.
En nuestro país son muchas las organizaciones que vienen trabajando desde hace tiempo en una nueva agenda ambiental. La Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Greenpeace y la Fundación Vida Silvestre son solo algunos ejemplos de este compromiso con el mundo que nos rodea. Con un enfoque propositivo, estas organizaciones contribuyen a la elaboración de políticas públicas que promueven, entre otras cuestiones, la diversificación de nuestra matriz energética con una mayor participación de las fuentes renovables, la planificación territorial, la conservación de los ecosistemas marinos y terrestres, la defensa de nuestros bosques nativos, la protección de nuestros glaciares y la gestión responsable de las principales cuencas hídricas de la Argentina.
Las grandes vulnerabilidades a las que se encuentra expuesto nuestro ecosistema se ven potenciadas por el aumento de la población del planeta, fenómeno íntimamente ligado a las mejoras sociales que empujan a la incorporación de millones de personas al consumo de nuevos bienes y servicios. Ello deja al descubierto una multiplicación geométrica del problema ambiental a un ritmo cada vez más veloz.
Los dirigentes sociales involucrados coinciden en algunas acciones básicas a desarrollar de inmediato para enfrentar la crisis:
• Debemos tomar conciencia de que la problemática ecológica no tiene límites precisos ni fronteras y que solo puede ser afrontada a través de una visión inteligente y abarcadora de las dimensiones política, social y empresaria.
• Hoy, la tarea fundamental de las ONG es comunicar para afuera, es decir, abandonar el círculo cerrado de otros ecologistas para dedicarse a convencer e informar a nuevos adeptos a sumarse diariamente a esta justa causa. Que ellos comprendan a fondo la problemática para transformarse en trasmisores confiables de las nuevas conductas a adoptar, tanto en lo individual como en el marco social.
• El contralor fundamental debe realizarse sobre las políticas de mediano y largo plazo, muchas veces descuidadas por dirigentes políticos y económicos, apresurados por obtener resultados que consideran imprescindibles pero que generan cuentas que exceden totalmente lo económico, cumpliendo el viejo dicho que dice que “lo que se puede pagar siempre es barato” y generando daños irrecuperables, que formarán parte del “debe” con el que las nuevas generaciones deberán enfrentarse, en un desafío aún más complejo que el que hoy nos ocupa.
• Encarar nuevas prácticas de consumo responsable que tiendan al reciclaje y a la reutilización de aquellos productos que no son biodegradables, poniendo el eje en un modelo de sociedad sustentable y respetuosa del entorno natural.
Nuestro deber es dejar a las nuevas generaciones el potencial necesario para que ellas puedan construir un futuro más sano y sustentable.
¡El futuro es hoy!
Conciencia real
Ocho de cada diez argentinos dicen estar preocupados por el estado del medioambiente, según se desprende del informe Green 2011 realizado por TNS hace algunos meses. Pero, más o menos alertados por el calentamiento global, todos coinciden en que como sociedad se hace muy poco para mejorar la situación.
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Así funciona el mundo real que refiere Charly Alberti durante la entrevista con DEF, cuando dice que más allá de los discursos bien intencionados, casi nadie quiere hacer esfuerzos concretos y sostenidos para cuidar el ambiente. Ni las grandes industrias, ni las pymes, ni las administraciones públicas en todos los niveles. Comprender esta perspectiva realista es entender que la sustentabilidad tiene costos que no todos están dispuestos a pagar.
Por ello es mejor lograr pequeños avances que no lograr nada. Y es justamente allí donde crece el papel de las organizaciones ambientalistas, que ayudan a discutir sobre el tema y a canalizar el reclamo ciudadano.
En la Argentina, como se señala en la nota especial que presentamos, ya existen antecedentes de cómo la sociedad civil junto con el empuje de las ONG han conseguido, por ejemplo, que se reactive el saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo, una de las deudas ambientales más grandes de la historia.
Portavoces del mundo natural, algunas más conservacionistas, otras de perfil institucional y unas pocas directamente radicales, las organizaciones ecologistas irrumpieron en la década del 70 y desde hace años son actores decisivos a la hora de instalar la problemática ambiental en la agenda pública. Tenemos buenos ejemplos en el país, de Greenpeace a Vida Silvestre, de FARN a lo nuevo que expresa R21. Con sus métodos, trayectoria y enfoques particulares, se trata de lo mismo: comunicar, concientizar, movilizar, generar acción.
El submarino ARA “San Juan” y su reparación de media vida
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner participó, junto al ministro de Defensa, Arturo Puricelli, del acto por la finalización de la reparación de media vida del emblema de la industria naval argentina.
El mercado eléctrico argentino: un sector en problemas
En los últimos ocho años, ha habido un incremento del 50,1% en el consumo durante los picos de demanda de energía, pero del lado de la oferta la potencia instalada solo creció un 21,4%.
El auge de la doble titulación
Se trata de la posibilidad que ofrecen muchas universidades de acceder tanto a un diploma argentino como al de una institución extranjera. Cada vez son más las que se suman a esta propuesta.

