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“Nos falta explorar gran parte de nuestro territorio”

Considerada una de las actividades más contaminantes del mundo, la minería es una industria creciente en la Argentina. Para analizar su impacto real en los ecosistemas y en las comunidades, entrevistamos a la doctora Diana Mutti, geóloga y ambientalista.

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El plan de Dilma

Con el lanzamiento del programa Brasil Maior, el gobierno de Dilma Rousseff pretende revertir esa situación y fortalecer su sector productivo para hacer frente a los embates de la crisis financiera internacional. “Estamos iniciando una cruzada en defensa de la industria brasileña frente a un mercado internacional en el que la competencia es, en la gran mayoría de los casos, desleal y predatoria”. Así definió la presidenta Dilma Rousseff, tres meses atrás, el mayor desafío que enfrenta su gobierno en el actual escenario de turbulencia en los mercados financieros. Fue al lanzar el Programa Brasil Maior, que busca fortalecer la competitividad de la industria y apuntar al sector exportador. “Hoy más que nunca es imperativo defender la industria brasileña y nuestros empleos de la competencia desleal y de la guerra cambiaria que reducen nuestras exportaciones y, lo que es aún más grave, intentan reducir nuestro mercado interno con una avalancha de importaciones”.

Su ministro de Finanzas, Guido Mantega, ha manifestado en reiteradas oportunidades su preocupación por la “guerra de divisas” en curso. “Nuestro mayor problema no es tanto que el real se aprecie, sino que el dólar se deprecie, y lo cierto es que el real se valorizó más con relación al dólar que con respecto a otras monedas, como el euro”, aduce el funcionario, quien considera que EE.UU. está intentando resolver su crisis a través de la devaluación del dólar y del impuso de sus exportaciones. Los datos son contundentes: en los últimos cinco años la cotización del real brasileño ha ganado un 47% de su valor con respecto al dólar, pero sólo un 14,8% con relación al euro. Otro peligro identificado por Mantega es la “tentación del proteccionismo”, que aumenta en tiempos de crisis y pone en riesgo el equilibrio de los flujos de comercio internacional.

LA “ENFERMEDAD BRASILEÑA”

“El problema actual de Brasil es una combinación de dos factores: la pérdida de competitividad por el atraso del tipo de cambio y las altas tasas de interés que atrajeron capitales financieros e inundaron el país de dólares”, explica a DEF el economista argentino Ramiro Albrieu, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES). En un trabajo que publicó en julio de este año para el Observatorio Económico de la Red de Investigaciones del Mercosur, este analista recuerda que Brasil fue el país que más competitividad perdió en el período posterior a la crisis de 2008. Explica cuáles han sido los efectos de la apreciación del real: “La participación de los bienes de capital en las exportaciones totales se encuentra en los niveles más bajos de los últimos veinte años”. En 2002 las manufacturas de origen industrial tenían un participación del 56,8% en las exportaciones, que se redujo al 45,6% en 2010.  A ello se suma el fuerte crecimiento de las importaciones industriales, en un contexto de tasas de inversión muy bajas. Albrieu completa su diagnóstico: “El problema es que hoy en día las tasas de inversión en Brasil son del orden de los 17 o 18 puntos del PBI. El país crece muy poco porque las tasas de interés están muy altas, lo que plantea una situación macroeconómica compleja”.

Las causas de lo que este economista denomina “la enfermedad brasileña” están vinculadas con el régimen de metas de inflación implementado durante los ocho años de gobierno de Lula y que se ha mantenido inalterado durante el primer tramo de la administración de Dilma Rousseff. “Los principales rasgos de la política monetaria de Brasil fueron una fuerte apertura financiera y altas tasas de interés –señala–. Con esta estrategia, el juego de los agentes financieros es bastante predecible: fondearse en otras monedas a tasas bajas e invertir en reales a tasas altas y con expectativas de apreciación cambiaria”. Albrieu considera que “en un contexto de liquidez excedente en las finanzas internacionales y con presiones deflacionarias en los países avanzados, los capitales seguirán fluyendo a Brasil”. Consultado por DEF, reconoce, de todos modos, que ante la inestabilidad de la economía global que vuelve a ocupar el centro de la escena, el gobierno brasileño tiene “la oportunidad de sacarse un poco de presión, bajando las tasas de interés y subiendo el tipo de cambio, como está haciendo ahora”.

¿UN RETORNO AL PROTECCIONISMO?

En un marco de fuertes presiones por parte del lobby industrial paulista, el gobierno de Dilma Rousseff lanzó el pasado 2 de agosto el Plan Brasil Maior, destinado a fortalecer la competitividad del sector productivo mediante beneficios fiscales a la producción, incentivos a las inversiones, medidas de defensa comercial y estímulos a las exportaciones, que totalizarán una suma cercana a los 16 mil millones de dólares en el período 2011-2012. “Innovar para competir; invertir para crecer” fue el lema elegido para promocionar el programa. “Brasil está volviendo al proteccionismo y resguardando su industria”, asegura Rodrigo Albrieu, quien advierte que la política económica de ese país ya no estará centrada únicamente en el combate a la inflación, como ha ocurrido desde 2003, sino que a partir de ahora “también será importante la evolución de la industria”.

Entre las medidas tributarias, se destaca la exención del impuesto a productos industrializados (IPI) a los bienes de capital, materiales de construcción, camiones y vehículos comerciales livianos. En materia de financiamiento, se incluyen programas de crédito y apoyo a las empresas del rubro textil y de los sectores del calzado, autopartes, software, cerámica, de bienes de capital y de fabricación de maquinaria agrícola, entre otros. Para defender a la industria nacional de la competencia de productos extranjeros en el mercado interno, se endurecen las normas antidumping, mientras que para las compras gubernamentales se autoriza la adquisición bienes y servicios nacionales hasta un 25% más caros que los productos importados equivalentes. Se establece además un régimen de reintegro a las exportaciones y un programa de financiamiento dirigido a incrementar la participación del sector manufacturero en las ventas externas del país.

“Un país desarrollado es un país con industrias fuertes”, sostuvo el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, Fernando Pimentel, al participar del lanzamiento del Plan Brasil Maior. “La orden de la Presidenta ha sido clara: tolerancia cero con todo tipo de importación fraudulenta, piratería y falsificación de origen; defenderemos nuestra producción local y nuestro mercado interno”, explicó. En una columna publicada por el prestigioso diario Valor Econômico, el funcionario consideró además que el conjunto de medidas anunciadas constituye la respuesta adecuada al desafío de “dar un salto de productividad” a través de la “innovación tecnológica”, lo que permitirá mejorar la competitividad de Brasil en un mundo que se encuentra en plena transformación. “Con un parque manufacturero y una red de servicios avanzados y un sistema científico-tecnológico con escala suficiente, la principal arma con que cuenta el país para hacer frente a la exacerbación de la competencia y a la apreciación de nuestra moneda es explotar las fortalezas que hemos conquistado en el período reciente: la estabilidad y el retorno de la inversión y del crecimiento”, afirmó Pimentel, quien añadió que “el esfuerzo de la innovación será la palanca decisiva en la estrategia para conseguir el salto de nuestra industria rumbo al futuro”.

POLÉMICA EN LOS CÍRCULOS ACADÉMICOS

No todos coinciden, sin embargo, con el rumbo que acaba de tomar el gobierno de Dilma Rousseff. “Brasil Maior e mais ineficiente” fue el título de un artículo de opinión de Pedro Cavalcanti Ferreira y Renato Fragelli Cardoso, economistas de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), publicado por Valor Econômico. Sus autores consideran que el diagnóstico del que parte ese programa de medidas es “equivocado”, pues rechazan que la sobrevaluación del real sea la causa del problema de competitividad del sector manufacturero brasileño. “Hay una serie de distorsiones tanto o más importantes que están siendo ignoradas, como la estructura tributaria costosa y burocrática, además de un carga impositiva excesivamente alta”, explican en su columna. Alertan sobre el regreso de las políticas proteccionistas y lamentan que “al buscar proteger el mercado interno frente a una avalancha de productos baratos importados, el plan terminará protegiendo la industria manufacturera y no el mercado y sus consumidores, que deberán comprar ahora productos más caros”, lo que a juicio de estos analistas redundará, a la larga, en un “aumento de la ineficiencia y en una pérdida de competitividad”.

La polémica en los circuitos académicos excede la coyuntura actual brasileña y va al corazón de la teoría económica. Los profesores Ferreira y Fragelli vienen manteniendo un contrapunto con su colega Luiz Carlos Bresser-Pereira en torno a la relación existente entre el tipo de cambio y el crecimiento económico. Bresser-Pereira, ex ministro de Fernando Henrique Cardoso, afirma que “las inversiones orientadas hacia la exportación, necesarias para que un país con ingresos medios aproveche su ventaja económica clave –los bajos salarios– y pueda crecer, sólo serán estimuladas por medio de un tipo de cambio competitivo”. Cita en defensa de su posición el caso de los países asiáticos de rápido crecimiento, cuya capacidad para administrar los tipos de cambio sería la “explicación fundamental de su éxito”. Ferreira y Fragelli ponen en duda ese razonamiento y aseguran que “no es necesario un tipo de cambio devaluado para tornar competitivas las empresas comerciales que utilizan la mejor tecnología disponible en el mundo”. Refiriéndose al caso brasileño, recuerdan que en el pasado reciente la sobrevaluación del real “no fue capaz de impedir la expansión manufacturera, en particular en sectores tecnológicamente avanzados”.

Con respecto a la estrategia de los países asiáticos que Bresser-Pereira cita como evidencia empírica de su teoría, Ferreira y Fragelli aclaran que esas naciones se apoyaron en “una tasa de ahorro doméstico inexistente en Brasil”. La explicación es la siguiente: “Frente a un elevado ahorro doméstico, el Banco Central consigue fácilmente mantener una tasa real de cambio desvalorizada sin provocar inflación”. A diferencia de Bresser, que rescata el factor “tipo de cambio” como determinante del éxito asiático, sus dos detractores entienden que los secretos del crecimiento acelerado de aquellos países estuvo asentado en el ahorro interno, fruto “del sacrificio basado en la postergación del consumo, del esfuerzo en educación y de la resistencia a los lobbies proteccionistas”. Ferreira y Fragelli concluyen, entonces, que en lugar de presentar la devaluación del tipo de cambio como el “huevo de Colón del crecimiento, la fórmula mágica e indolora que generará un crecimiento sin sacrificios”, los entusiastas del modelo de crecimiento asiático deberían “defender las reformas estructurales destinadas a aumentar el ahorro público y privado en Brasil”.

Lo cierto es que el gobierno de Dilma Rousseff no está dispuesto a asistir en forma pasiva a la pérdida de competitividad de su economía y, para fortalecer el aparato productivo brasileño, ha dispuesto una serie de políticas fiscales, monetarias y cambiarias. Todavía es muy temprano para extraer conclusiones, pero es innegable que han quedado atrás los años de la ortodoxia económica. La prioridad, en esta nueva etapa, será la protección del sector manufacturero y la conquista de mercados para sus productos industriales.

Lucha contra el narcotráfico: Más allá de los clichés

Un nuevo enfoque para combatir el tráfico ilegal de estupefacientes debería ahorrar esfuerzos derrochados en políticas coordinadas y concentrarse en perseguir a aquellas organizaciones más violentas y con poder de fuego.

En un reciente y polémico artículo aparecido en la revista Foreign Affairs (en su edición de septiembre-octubre de 2011), titulado “Surgical strikes in the drug wars. Smarter policies for both sides of the border”, su autor, Mark Kleiman, convoca a ir más allá de las dos ideas fuerza que de manera cíclica se interponen en los debates sobre la lucha contra el narcotráfico: una guerra que aniquile esta actividad o su progresiva e inevitable legalización. Esta última ha ganado fuerza en los últimos años, de la mano de personalidades como ex presidentes de Brasil, Colombia y México, así como escritores, entre ellos Mario Vargas Llosa.

Asimismo, estados como el de California llevaron a cabo recientemente un referéndum para aprobar la legalización del consumo de drogas consideradas blandas, como la marihuana, y obtuvieron un 46% de voto afirmativo. En todo momento, el artículo busca alertar sobre los clichés y las simplificaciones que proliferan al momento de comparar lo que sucedió con el alcohol post Ley Seca en los EE. UU. en los años 20 y el comercio de drogas presente. También convoca a darle una visión integral a la cuestión del narcotráfico, poniendo el foco en los casos que ligan en un circuito infernal a México como productor de drogas tales como metanfetaminas y marihuana, y su rol de camino para la cocaína colombiana y andina. En este sentido, puntualiza la necesidad de darle una central atención al tráfico de armas y municiones como así también a otras tecnologías desde EE. UU. a territorio mexicano.

La propuesta polémica y novedosa es evitar seguir dilapidando fuerzas y recursos en un combate que se asemeja diariamente a la imagen de Sísifo subiendo la piedra por la colina para que vuelva a caer. En este sentido, los masivos y descoordinados rastrillajes contra vendedores medianos y pequeños, tanto violentos como no violentos, en territorio estadounidense hacen que exista medio millón de presos por ese delito. En su visión, el énfasis tendría que estar puesto en detectar y detener a aquellos vendedores y redes más propensas al uso de la violencia y que buscan algún tipo de control territorial o zonas liberadas. Asimismo, cita casos novedosos que se vienen dando en algunos estados de la Unión en materia de evitar encarcelamientos masivos de consumidores de drogas como metanfetaminas y recurrir a mecanismos de persuasión, monitoreo y advertencia.

En lo que respecta a países inmersos en una guerra del narcotráfico entre sí y contra el Estado, tal como ocurre en México, la estrategia propuesta es centralizar los esfuerzos en apabullar con todos los medios armados, de inteligencia y legales, a las organizaciones que busquen formas más violentas y exitosas de articular zonas liberadas. Si bien admite que ello podría sacarles presión en términos relativos a las organizaciones criminales relevantes que operan en el narcotráfico mexicano, unas seis, también permitiría ser más contundentes sobre las organizaciones más crueles y militarizadas, y transmitir un mensaje a las otras para que busquen hacer negocios pero con menos uso del terror y la muerte. En otras palabras, el foco de las políticas del Estado y sus aliados internacionales debería estar puesto en desgastar en todo lo posible los brazos armados y militarizados de las redes y carteles, así como a los planificadores de este flanco bélico del narcotráfico. De más esta decir que un EE. UU. consciente y firmemente decidido a dañar los flujos de armas, municiones y explosivos es un componente fundamental en todo este esfuerzo.

En momentos en que nuestro país ya lidera el consumo per cápita a nivel latinoamericano de cocaína, cuando se descubren redes mexicanas, colombianas y hasta balcánicas que utilizan a la Argentina como puerto de salida de la droga, y con casos en donde ya se registran escenas de “sicariato” y portación de armas largas y de guerra, la propuesta de este autor es digna de ser tenida en cuenta. En especial, sus párrafos dedicados al tema de la recuperación de adictos y a la forma de pensar los rastrillajes contra los vendedores en las calles. No hay ni que decir que si en el próximo lustro no se desarrolla una política seria y articulada en la lucha contra el narcotráfico y los crímenes conexos, habrá que releer las propuestas destinadas por el mismo artículo a redimensionar y debilitar las estructuras militarizadas de los traficantes de drogas. Tanto México como Brasil y antes Colombia ya han tenido y tienen que afrontar esta cuestión. Si bien no está en nuestro ADN nacional prevenir y pensar en el mediano y largo plazo, esperemos que el horror que vemos en estos países hermanos lleve a los tomadores de decisiones y a la misma sociedad a actuar.

El hecho de que Brasil haya lanzado en los últimos dos años una estrategia integrada (militar, policial y social) en varias de las principales favelas de Río de Janeiro con el objeto de desarticular los brazos armados (con material bélico y explosivos) del narcotráfico con un mix de ofensivas unidades de las FF. AA. y fuerzas especiales de la policía, seguidas de las denominadas unidades de pacificación (destinadas al desarrollo de políticas socioeconómicas, culturales, recreativas, de infraestructura, etc.), con vistas a mejorar los niveles de seguridad del próximo mundial de fútbol y juegos olímpicos, debería ser detenidamente analizado en la Argentina. Cabe recordar que tal como en otros casos nacionales, las presiones de un país sobre el narcotráfico han generado el corrimiento o traslado hacia países y zonas vecinas. En el caso de que nuestro país no asuma la amenaza que el crimen organizado y el narcotráfico representan para su seguridad y estabilidad, deberemos enfrentar la fase más desafiante y sangrienta del tráfico de drogas.

Canziani: “Proteger las fuentes de vida es un desafío ético”

El cambio climático ya es una realidad palpable, a diario padecemos sus consecuencias, a través de eventos extremos cada vez más frecuentes y graves, y otros efectos menos visibles, como la extinción de especies. Pese a que la comunidad científica internacional ha demostrado que las actividades cotidianas del quehacer humano -el transporte, las tareas agrícolas, el consumo energético, la deforestación o los cambios en el uso de suelo, por mencionar solo algunas- son las principales responsables de este fenómeno, los seres humanos continuamos ejerciendo una presión ilimitada sobre los recursos naturales.

-Dr. Canziani, ¿cómo podemos definir el cambio climático y cuáles son las causas fundamentales que lo generan?

-Ante todo, creo que es importante diferenciar entre cambio y variabilidad climática, que es un proceso atmosférico que produce variaciones temporales del clima. No me refiero a las modificaciones que podemos observar durante la ocurrencia de los eventos extremos, sino a procesos variables en frecuencia y duración. Su característica principal es que, una vez que cesan las causas que los originaron, las condiciones climáticas vuelven a su estado normal. Un ejemplo claro de ello son los procesos del fenómeno de El Niño. En cambio, cuando hablamos de cambio climático nos referimos a una modificación en el estado del clima que persiste durante un período extendido, como décadas o intervalos mayores. Esto se traduce en que el sistema climático pasa a ser otro y su incidencia sobre los distintos sectores del quehacer humano y la sociedad, diferente. Respecto de las causas, hay tres fundamentales: el tamaño de la población mundial, el sobreconsumo de recursos y servicios, y la falta de tecnologías apropiadas para producir y consumir recursos naturales y servicios.

-¿Cómo influirá este fenómeno en nuestro futuro?

-La naturaleza, los componentes sociales, ambientales y económicos, junto al nivel cultural de cada comunidad, definen las condiciones de vulnerabilidad, tanto de las personas como de sus bienes y servicios. Los impactos resultan diferentes, de acuerdo con su capacidad de reacción y resistencia a condiciones diferentes. Es decir, dependen de su estado de vulnerabilidad. Por razones similares, sus efectos serán diferentes en distintas regiones y países.

-Un elemento vital, cuya escasez ya es evidente en diferentes puntos del planeta, es el agua. ¿Qué impactos se prevén?

-Es importante recordar que el 97% del agua del planeta es salada y que buena parte del tres por ciento restante no está disponible de manera directa para el uso humano. Se halla en forma de nieve y hielo en glaciares, los polos y otras estructuras físicas. Definitivamente, el calentamiento terrestre modificará la distribución temporal y espacial del agua, por lo cual será indispensable conocer las proyecciones de su futura disponibilidad, en función del tamaño de la población mundial. Estas evaluaciones fueron realizadas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático y constituyen un componente fundamental del desarrollo sostenible de los seres humanos, los ecosistemas y la economía, a corto y largo plazo. Al respecto, el número de personas que habitan en cuencas con alto nivel de tensión hídrica aumentaría de un valor medio de unos 1500 millones, en 1995, a un valor medio que, a mitad del presente siglo, sería tres veces mayor, cerca de 4500 millones. Las regiones áridas y semiáridas están particularmente expuestas a los efectos adversos del cambio climático sobre este recurso. Además, el aumento de la temperatura, la intensidad de las precipitaciones y los largos períodos de flujos reducidos de los cursos de agua incrementarían las diversas formas de contaminación del agua, con impactos sobre los ecosistemas y la salud humana, y afectarían la confiabilidad de los sistemas hídricos y sus costos de operación. En síntesis, el cambio climático afectará adversamente el suministro y manejo hídrico. En la región latinoamericana, se estima que, para la segunda mitad del siglo XXI, podrían sufrir tensión hídrica entre 60 y 150 millones de personas.

-Teniendo en cuenta estas proyecciones, ¿se están desarrollando estrategias de adaptación?

-Sí, según los países y regiones. Globalmente, las proyecciones muestran que, hacia mitad de siglo, la escorrentía y la disponibilidad de agua aumentarán de 10 a 40%, en las latitudes altas y en algunas áreas tropicales, y disminuirán de 10 a 30% en algunas regiones áridas de latitudes medias y en los trópicos áridos, algunos de los cuales se hallan ya en grave stress hídrico, como ocurre con las sequías trágicas del Cuerno de África y en regiones del sur de los Estados Unidos. En este contexto, se estima que las áreas afectadas por sequías serán más extensas y los eventos que producen precipitaciones intensas aumentarán su frecuencia, con un incremento creciente del riesgo de inundaciones. En cuanto a la disponibilidad futura de agua fresca en el mundo, según las proyecciones, en el extremo sur de América del Sur se presentarían incrementos importantes de las escorrentías al este del meridiano 60º Oeste y la costa, entre aproximadamente los 20º y los 40º de latitud Sur, con valores que oscilarían entre el 20% y 50% de las escorrentías actuales. El centro oeste del Cono Sur, desde la latitud de 29º S hasta los 46º S, a ambos lados de la cordillera de los Andes, sufriría pérdidas de entre 10% y 50%, mientras que el extremo sur de Argentina y Chile podría sufrir desde leves pérdidas hasta un incremento de entre 10 % y 20 % en sus escorrentías. Esto demuestra la urgente necesidad de monitoreo de precipitaciones en esta región del continente, y el establecimiento y operación eficiente de sistemas de vigilancia hidrometeorológica.

-¿Cómo se adaptarán los ecosistemas a estas modificaciones?

-Aunque los registros geológicos del pasado muestran que los ecosistemas tienen ciertas capacidades para adaptarse naturalmente, la realidad es que nunca padecieron una demanda tan grande como la actual, por lo que desconocemos si se verán o no excedidos por este cambio sin precedentes en el sistema climático. Hablamos de inundaciones, sequías, incendios naturales, aumento del área de acción de insectos y pestes, acidificación de los océanos, entre otras cosas, a los que se suman los cambios del uso de la tierra, la contaminación y la sobreexplotación de los recursos. Aproximadamente entre el 20% y 30% de las especies evaluadas hasta mediados de la primera década de este siglo, y dependiendo de las características regionales, estarían en riesgo de extinción en el caso que la temperatura media global excediera en 2º a 3º C sus valores preindustriales. El riesgo de pérdida de diversidad biológica por extinción de especies es muy importante en la América Latina tropical, donde se encuentran 7 de los 25 lugares más críticos con concentración de especies endémicas.

-¿Se verá afectada la seguridad alimentaria?

-Es indudable que, como consecuencia de estas condiciones futuras, el cambio climático aumentaría el número de personas en riesgo de hambre, debido al impacto que sufrirán la producción de recursos y servicios, entre ellos la producción forestal y la acidificación de las aguas por el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera, con su incidencia en la acidificación de las aguas, y la consecuente mortandad de peces. Por ello, los propietarios de pequeños emprendimientos agrícolas, los granjeros y los pescadores artesanales sufrirán impactos locales y complejos. En consecuencia, se proyecta un incremento del comercio de alimentos y productos forestales, con una dependencia creciente de los países en desarrollo en la importación de alimentos. Pero no todo es negativo, ya que las proyecciones indican que si bien un incremento en la temperatura media global, entre 1º y 2,5º C, tendería a reducir la productividad de cereales en las latitudes bajas, en latitudes medias y altas, esta productividad tendería a aumentar, siempre y cuando no se excedieran los 3º C. En nuestra región, el número de personas en riesgo de hambre podría alcanzar los 26 millones para 2050.

-¿Cuál puede ser el futuro esperable para las costas y áreas bajas?

-Las costas ya experimentan las consecuencias del cambio climático y el aumento del nivel medio del mar. Los ejemplos abundan, desde los desastres en las costas bajas de Bangladesh hasta las pérdidas en Nueva Orleans a raíz del huracán Katrina en 2005, o el reciente Irene que en agosto último afectó las costas orientales de los Estados Unidos, con pérdidas superiores a los 1500 millones de dólares. Los riesgos de desastres aumentarán con la convergencia de efectos del calentamiento terrestre, como el aumento del nivel medio del mar, de tormentas de lluvia y viento o cambios en la circulación atmosférica, por mencionar algunos. Todos estos impactos estarán exacerbados por la ocupación de zonas costeras que devendrán en conflictos frecuentes y aumento de migrantes ambientales. La tendencia de muchas personas a vivir cerca del mar debería ser reglamentada, en función de cotas de seguridad por encima de las cuales podrían levantarse viviendas permanentes. Respecto a la Argentina, estos factores afectarán la captación de agua dulce en las zonas ribereñas vecinas a mares y océanos, en particular en los estuarios abiertos como el Río de la Plata. Los estudios científicos también muestran una tendencia en la erosión de las costas bonaerenses, afectadas por el aumento del nivel medio del mar, tormentas intensas y sudestadas. Localidades como General Lavalle y Villa Gesell han sufrido los efectos del viento y las inundaciones costeras.

-En la actualidad, el 50% de la población global vive en las ciudades. ¿Qué impacto tienen estos asentamientos humanos?

-El consumo y la generación de efluentes -sólidos, líquidos y gaseosos- en las ciudades ya exceden los dos tercios del total mundial. Debido a la tendencia global hacia la urbanización, esas emisiones continuarán incrementando el calentamiento terrestre. El comportamiento de los ciudadanos -me refiero al incremento de vehículos, el aumento del confort, el acondicionamiento de ambientes, entre otros- va a definir en las próximas décadas las tendencias y efectos del calentamiento terrestre. Ahora bien, según un informe de las Naciones Unidas, uno de cada tres habitantes de la ciudad vive en las denominadas “villas miseria”; esta población ya suma 1000 millones de personas y se calcula que alcanzará los 1400 millones hacia 2030. Este es otro efecto de la actual crisis ambiental, debido a que estas migraciones derivan de los cambios ambientales.

-¿La exposición a los cambios del clima afectará la salud de las personas?

-Indudablemente, el cambio climático contribuye a la alteración de la salud, sus problemas críticos y a las muertes prematuras, tanto en los casos de exposición directa a la temperie (como calor o humedad elevados) como, de una manera indirecta, en lo relativo a la disponibilidad de agua segura, alimentos apropiados, confort espiritual, etc. Las proyecciones muestran que los principales problemas tendrían que ver con la agudización de la mala nutrición, con implicaciones en el crecimiento y desarrollo de los niños; el aumento de muertes, enfermedades y lesiones debido a olas de calor, inundaciones, tormentas, incendios naturales y sequías; incremento de enfermedades diarreicas y cardiorrespiratorias; cambios en la distribución espacial de vectores de enfermedades infecciosas, entre otras. En América Latina, las mayores preocupaciones están vinculadas con la malaria, el dengue, el cólera y otras enfermedades de origen hídrico.

-¿Cuáles son los principales impactos que ya podemos ver en América Latina?

-Como le mencioné antes, en las últimas décadas la región registró cambios importantes en los ciclos y procesos atmosféricos que definen su clima. Así ocurrieron la primera tormenta ciclónica en el Atlántico Sur (el Huracán Catarina) frente a las costas de Río Grande do Sul en 2004; la inundación de 8 millones de hectáreas en la Pampa Argentina (2001 y 2002); la sequía en la Selva Amazónica (2005); las tormentas de granizo en Bolivia (2002), en el Gran Buenos Aires (2006) y en Rosario (2007); la inundación de la ciudad de Santa Fe (2003); huracanes, ciclones y aludes. Todos estos eventos fueron agravados por la falta de suficiente información meteorológica, debido a la carencia de sistemas y equipos de observación modernos; la falta de monitoreo de los eventos hidrometeorológicos; la ausencia de sistemas de vigilancia hidrometeorológica y de sistemas de alerta temprana. Además, la carencia de sistemas de recuperación de zonas dañadas, en los países en desarrollo de la región, hizo que las condiciones de desastre perduraran por largo tiempo, luego de ocurridos los fenómenos. Valga la oportunidad para mencionar que la FEMA (Federal Emergency Management Agency) de los Estados Unidos de América falló miserablemente en la formulación del alerta temprano de desastre para Nueva Orleans y, posteriormente, en el enfoque inmediato de las soluciones de los desastres generados por la ola de tormenta del Katrina.

-Por último, ¿cree que hay una conciencia real en la sociedad?

-Mire, por un lado está el ciudadano común que no ha podido aceptar aún la necesidad de un desarrollo que permita la sostenibilidad propia y la de sus descendientes. Creo que proteger las fuentes de vida es un desafío ético y una deuda pendiente de una sociedad que, carente de equidad y solidaridad, vive ciega de la realidad ambiental, por la falsa premisa de un crecimiento infinito que es imposible. Por otra parte, están los gobiernos que -aunque la investigación científica evaluada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático a partir de 1988 ha concluido que el calentamiento terrestre es producto inequívoco de las actividades humanas- por razones de competitividad, suficiencia y/o angurria económica, no están actuando como corresponde. Esta falencia podría ser justificada por la costumbre generalizada de llevar adelante proyectos sin análisis completos e integrados de los impactos que tienen sobre el ambiente en el corto, mediano y largo plazo. Como una débil justificación, podríamos decir que es probable que la clásica dicotomía ciencia/política -que, lamentablemente, se observa en los países que menos progresan-, se deba a que muchos tomadores de decisión consideraron que los efectos del calentamiento global se proyectaban para un futuro más bien lejano. De más está decir que olvidaron el principio precautorio, adoptado en la Conferencia Cumbre de Río de Janeiro (1992). Por otro lado, jamás podrían prever estrategias de desarrollo, pues no cuentan con información geofísica y biológica sólida ni disponen de escenarios socioeconómicos viables. Evidentemente, los responsables ya debieran haber implementado acciones para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y también para promover la maternidad responsable. Sin embargo, pareciera que poco hemos aprendido desde 1948, cuando Arnold Toynbee afirmó que “Las civilizaciones no se destruyen, se suicidan”.

Socios: a la sombra del gigante

“América Latina tiene un mejor desempeño que los países avanzados, Europa y EE. UU., y queremos preservar esto, estrechando las relaciones entre nosotros y aprovechando mejor nuestros mercados y nuestras relaciones comerciales”.
Guido Mantega, ministro de Economía de Brasil

Plegaria por los chinos

Mientras se discute cómo recuperar algo de salud para la golpeada economía internacional, y si se sentirá mucho, poco o nada el impacto de la crisis en el sur de nuestro continente, los brasileños parecen no tener dudas: el mayor peligro viene de Asia. Sostienen que una eventual desaceleración china provocaría un fuerte efecto en los países que, como Brasil o la Argentina, son grandes proveedores de commodities agrícolas y minerales.

Si bien los dos socios mayoritarios del Mercosur muestran signos de estar mejor preparados que en el pasado para enfrentar las turbulencias económicas globales, en Brasilia -como lo señaló semanas atrás el ministro de Hacienda Guido Mantega- son muchos los que rezan para que China no se caiga.

Dilma Rousseff ha demostrado ser más pragmática que creyente, por eso en la nota central de esta edición analizamos el paquete de medidas de corto y mediano plazo que impulsa la líder brasileña con el fin de fortalecer la industria, afrontar la guerra de divisas y defender la producción local y el mercado interno.

En suma, buscar algo de previsibilidad en un contexto internacional dominado por una crisis crónica que arrancó en 2008, que nunca se resolvió del todo y cuya prolongación pone en evidencia el agotamiento de ciertos modelos y recetas. Frente a un horizonte de transición económica y de reacomodamientos en el sistema de poder mundial, la alianza estratégica de nuestro país con el gigante sudamericano se torna cada vez más decisiva.

El futuro de Libia

Luego de la muerte de Muamar Gadafi, se abre un abanico de posibilidades para Libia que van desde la plena democracia hasta el Estado fallido. DEF dialogó con el analista Horacio Calderón para conocer las claves acerca del futuro del país africano.

La industria aeronáutica, en debate

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La visita de DEF a la Fábrica Argentina de Aviones desató una polémica. Presentamos tres opiniones entendidas en la materia para revisar la situación actual y las perspectivas de la aviación militar en Argentina.