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Clan Rotela, la organización criminal que controló la prisión más importante de Paraguay

Paraguay vive una crucial situación de fragilidad en su seguridad nacional, según indicó The Organized Crime Index en su informe anual publicado en octubre. El país sudamericano tiene problemas con el narcotráfico, crimen organizado, trata de personas, y las prisiones no muestran una realidad distinta: el Clan Rotela, incluso en su caída, pudo dominar parcialmente Tacumbú, la prisión más poblada del país.

Armando Rotela, de robar ganado al tráfico de drogas

El Clan Rotela es una de las organizaciones criminales más importantes de Paraguay, con un poderío en las calles, pero también en las prisiones. Armando Javier Rotela Ayala es el líder de la agrupación, hoy está detenido por tráfico de drogas, pero sus orígenes en la actividad delictiva distan mucho de su presente.

Armando Rotela comenzó en el negocio del crimen en el año 2000 practicando el abigeato, es decir, el hurto de ganado o animales domésticos. Para 2005 fue detenido por una serie de robos y en 2007 por coacción grave.

Gracias a su creciente fama, ese mismo año comenzó su camino en el narcotráfico junto a su primo Óscar Rotela. Comenzaron a desarrollar una estructura y reclutaron a jóvenes de distintas partes del país para que integraran su red de microtráfico, más conocido como narcomenudeo

Según declaraciones de Blas Martínez, exdirector general de Establecimientos Penitenciarios, el Clan Rotela comenzó sus operaciones en Tobatí, municipio cercano a Asunción, la capital del país. Además, incursionaron en las prisiones y desde un inicio, hacían presencia en Concepción, la segunda más grande de Paraguay.

La droga predilecta de la organización fue el crack, comercializada en los barrios vulnerables de Asunción, especialmente en las zonas denominadas como “bañados”, que se extienden por la ribera del río Paraguay.

Para mantener las operaciones y cubrirse de la Justicia, los Rotela pusieron a mujeres y menores de edad como caras visibles de la organización, estos últimos considerados inimputables por el código penal paraguayo.

El éxito del Clan Rotela llevó a un enriquecimiento en millones de guaraníes y, para esconder el dinero, Armando Rotela los ponía en bolsas de plástico en las profundidades de una laguna que tenía en el patio de su casa en Bañado del Sur, Asunción. 

Armado Rotela se inició en el mundo criminal con delitos menores y supo desarrollar una estructura organizada dedicada al narcotráfico

En esa misma casa fue detenido en 2011 luego de un operativo policial, pero un año más tarde se fugó de la cárcel regional de Misiones junto a otros ocho miembros de la agrupación.

En el año 2016 fue recapturado y trasladado a la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, pero lejos de ser el fin del narcotraficante, le permitió asentarse lejos de los peligros de la calle y desarrollar su negocio a nivel nacional.

Guerra contra el Primer Comando da Capital

Durante sus cuatro años como prófugo, el líder del Clan Rotela llevó una rivalidad territorial con el Primer Comando da Capital (PCC), la agrupación criminal más peligrosa de Brasil, que también tiene presencia en Chile, Uruguay, Bolivia y Colombia.

Los enfrentamientos entre ambas bandas delictivas llegaron a su punto de máxima violencia cuando, en 2019, miembros del PCC mataron a 10 reclusos que respondían a Rotela. Según trascendió, la masacre se produjo como consecuencia del asesinato de un miembro del PCC en la cárcel de Tacumbú

El capo narco paraguayo organizó un motín en represalía a la banda brasileña, en el cual murieron seis personas.

En marzo de 2020, cuatro años desde su captura, Armando Javier Rotela Ayala fue condenado a 27 años de prisión por los cargos de asociación criminal y comercialización de estupefacientes. 

Con el tiempo, Tacumbú pasó de ser una prisión a un búnker controlado por el Clan Rotela. Tres años después, el castillo de naipes se desplomó tras el caso de Oliver Lezcano.

La cárcel de Tacumbú pasó de ser una prisión a un búnker controlado por el Clan Rotela

Asesinato, motín y el Operativo Verenatio

Luego de tres años de una relativa paz en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, la banda más peligrosa de Paraguay perdió su poder. El comienzo de la caída se dio cuando se acusó al efectivo policial Oliver Lezcano y su esposa Ada Arasy Ruiz Díaz por el asesinato del militar Javier Ríos.

El militar había desaparecido el 12 de enero y sus restos fueron encontrados el 24 de enero. La autopsia determinó que falleció producto de un disparo a la altura de la cabeza y luego se identificó a Lozano como autor material del hecho gracias a testigos.

El caso ya estaba avanzado, el ex agente de la policía estaba detenido en Tacumbú a la espera del juicio que dictaría su condena, hasta que el 28 de septiembre desapareció del mapa. No hay registros de que se haya fugado, pero tampoco se lo ubica dentro de la prisión.

El ministro de Justicia Ángel Barchini informó que “pudo haber sido asesinado” dentro del edificio penitenciario, versión que condice con declaraciones informales de reclusos al abogado de Lezcano.

En clara disconformidad con estas versiones, algunos presos organizaron un motín en octubre y tomaron cerca de 40 rehenes, entre agentes y familiares de otros detenidos. La situación crítica duró casi dos días y dejó un muerto, además de inestabilidad en el penal que fue aprovechada por Armando Rotela para hacerse con el control.

El levantamiento tuvo como resultado 12 muertos, entre policías y presidiarios

Y el final del Clan Rotela, al menos en su estado de privilegio, se dio dos meses después con el cambio de gobierno y un nuevo motín, esta vez organizado directamente por la agrupación. 1.218 policías y 1.100 soldados dieron inicio el Operativo Verenatio para recuperar el control del penal más grande de Paraguay y detener al líder del Clan Rotela.

La misión tuvo como resultado 12 muertos, entre ellos la de un policía producto de un hachazo. Más allá de las muertes y los daños producto del alzamiento de los presos, la operación cumplió con su objetivo: Armando Rotela y otros 700 reclusos fueron trasladados a distintas prisiones, dando fin a la toma de Tacumbú.

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Una historia de vocación y entrega por la Patria: ¿quién es el coronel y Veterano de Guerra de Malvinas Esteban Vilgré Lamadrid?

Comenzaba abril de 1982. Por entonces, el joven Esteban Vilgré Lamadrid escuchó la noticia de la recuperación de las Islas Malvinas por la radio y la alegría lo invadió. Desde entonces, nació en él el deseo de estar en el frente. El destino quiso que, 11 días después, pudiera cumplir con ese anhelo. 

Por aquellos días, él estaba cursando el último año del Colegio Militar de la Nación y la Guerra precipitó el egreso de su promoción. En consecuencia, su paso por el instituto finalizó el 6 de abril de 1982. No lo hicieron vestidos de gala, como es tradición, sino de combate: no se podía perder ni un solo minuto, así que de allí fueron a abastecer de jóvenes oficiales a las Unidades del Ejército a lo largo y ancho del país. 

Al entonces subteniente “en comisión” Esteban Vilgré Lamadrid le tocó el Regimiento de Infantería 6, con asiento en la localidad bonaerense de Mercedes. Llegó el 10 de abril a esa ciudad y, el 13, ya estaba camino a Malvinas. 

El Ejército despidió a uno de sus grandes héroes de Malvinas

Este jueves, en el Edificio Libertador, sede del Estado Mayor General del Ejército, la Fuerza despidió a un verdadero soldado, líder y héroe de Malvinas. De bajo perfil, entereza y humildad, el coronel Esteban Vilgré Lamadrid vivió su último día de servicio activo junto a sus camaradas, amigos y familiares; apoyos fundamentales a lo largo del camino que le tocó recorrer. 

Estuvieron presentes en la ceremonia, y vestidos de gala, efectivos de las Unidades por las que pasó a lo largo de su carrera. Allí estaban los soldados del Regimiento de Infantería 6 y los del Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, porque, además de darlo todo en defensa de nuestra soberanía en las Islas, Esteban también sirvió en las filas de la gloriosa Unidad creada por Cornelio Saavedra y, liderada luego, por el General Manuel Belgrano.

Un momento emotivo se vivió cuando Lamadrid hizo uso de la palabra. Recordó entonces a las personas que, si bien partieron, lo acompañaron a lo largo de su trayecto: sus padres; Patricia, su primera esposa; sus hermanos Johnny y Mariana; y, por supuesto, sus caídos en combate durante la Guerra

https://www.youtube.com/watch?v=QSMppR56Zvo&ab_channel=DEF

Una carrera dedicada al Ejército, la Patria y la memoria de la Guerra de Malvinas

He librado el buen combate y aquí estoy, con mi frente alta, no traicioné mi vocación. Así debe ser, hay que cumplir el ciclo y los viejos soldados dejamos nuestro lugar a las nuevas generaciones”, sostuvo durante el acto, no sin antes emocionar a todos con unas últimas palabras: “De la vida militar debe uno despedirse con un beso a los pliegues de la Bandera, como hacen nuestros soldados cuando se van de baja. Ese acto profundo y emotivo, es repetir el mismo de aquel fogoso joven cadete que fui, cuando juré defenderla hasta perder la vida”.

Y agregó:“Tengo una particular teoría: que nuestra gloriosa celeste y blanca ha ido guardando, año tras año, cada beso de despedida, cada juramento y cada vida entregada por amor a ella. Agrego a mi teoría que, cuando dejas el servicio activo, si la amaste con lealtad inagotable y no traicionaste los valores de ese juramento, esa madre buena será quien te despida agradecida”. 

Esteban recordó también sus sueños de la infancia: desde pequeño, confesó, jugaba a los soldaditos en el cantero de su casa en sus pagos de Dolores. Además, era un fiel oyente de las historias de su patria, contadas por su papá, mamá o profesores. “¡Dios, que es generoso, me llevó a estrenar mi estrellita de subteniente en las Islas Malvinas! No sólo eso, me reservó un lugar en la primera línea y me llevó, con mi sección de valientes, a encabezar, ya el 14 de junio, el último contraataque de la infantería en la Guerra”, contó. 

Dedicado a la salud de los Veteranos de Guerra de Malvinas del Ejército

Durante la ceremonia en la que Lamadrid pasó a retiro tras 44 años de servicio en la Fuerza, recordó su paso por el Departamento de Veteranos de Guerra del Ejército. Después de todo, él fue uno de los que se dedicó a crear y consolidar un sistema, dentro de la Fuerza, para asistir a quienes, en 1982, defendieron nuestra soberanía. 

Después de regresar de Malvinas me fui preguntando para qué Dios me había hecho regresar. Luego de una experiencia dolorosa, encontré la respuesta al llegar al Departamento de Veteranos de Guerra del Ejército Argentino. Ahí vi como el Estado había abandonado a sus guerreros. De allí salieron los centros de salud para los VGM, sus familiares y familiares de caídos. Y fuimos más lejos: cambiamos la legislación y creamos las Juntas Médicas para Veteranos de Malvinas”, remarcó. 

Y finalizó: “Yo elegí una profesión reservada a los que tienen verdadera vocación. Se acabaron las salidas al terreno, las marchas agotadoras y el olor de la pólvora del combate. Vuelvo a la vida civil, con mis pupilas llenas de imágenes de valientes que conocí, de los que me enseñaron a ser mejor persona”. 

Esteban Vilgré La Madrid viajó a Malvinas como subteniente en comisión. En Malvinas tuvo la misión de comandar a un grupo de soldados en el último combate de la guerra

Héroe de Malvinas, soldado del Ejército y ciudadano argentino

Esteban Vilgré Lamadrid, a lo largo de su carrera, mantuvo varios encuentros con DEF. En cada aniversario de la Guerra y de los combates más difíciles que tuvieron lugar durante la resistencia por nuestra soberanía en las Islas, él estuvo disponible para compartir, no sólo las hazañas de su sección, sino también las protagonizadas por cada uno de sus soldados y suboficiales

En pandemia, conocimos otro perfil. Casi diariamente subía fotos y pedidos de donaciones para un comedor en Tigre. Lo consultamos y contó que, camino a una maderera, observó una larga fila para ingresar al lugar y no pudo evitar bajarse del auto para colaborar. Conoció a José Cuello, a cargo del comedor, y no solo colaboró con ollas y alimentos, sino que contactó a sus amigos para que pudieran ayudarlo a mejorar la infraestructura del sitio. Por aquellos días, nos dijo: “El país no es inviable, hay mucha gente buena. Y, cuando la veo, me gusta poder ayudar y sumar. De eso se trata”. 

Años antes, en un libro publicado por el Ejército en el 2012, Esteban recordó haber conocido a los soldados que integraban la Sección, de la que le tocó estar a cargo, tan solo unos momentos previos a la Guerra. Tenían más o menos su edad. Los suboficiales, en cambio, no solamente tenían más años de vida, sino de carrera. 

En la Infantería nadie da la vida por alguien que no respeta. Mi gran deseo era ganarme a esa gente y, la única forma de hacerlo, era demostrando que uno sabía y, sobre todo, dando el ejemplo”, confesó.

Lamadrid recuerda haber conocido a los soldados que integraban su Sección tan solo unos momentos previos a la Guerra. Tenían más o menos su edad. Los suboficiales, en cambio, eran mayores y con más experiencia 

Una resistencia heroica: el Ejército, la primera línea y los últimos combates en Malvinas

En uno de los diálogos que mantuvo con DEF, contó que, en la Guerra de Malvinas, estuvo en el monte Dos Hermanas durante un combate leve y a la distancia, antes de ir al de Tumbledown. Me terminaron mandando, junto a mi compañía, a hacer contraataque donde estaba la Sección del teniente Vázquez, que había rechazado un ataque a las 12 de la noche y luego otro cerca de las dos de la mañana, combatiendo cuerpo a cuerpo las dos veces. Finalmente, en un tercer ataque, conquistaron sus posiciones”, dijo.

Por entonces, su Sección se topó con los escoceses en Tumbledown. “Fue tan duro que, cuando el jefe de batallón de Guardias Escoceses vio que se acercaba el día y no tendrían cómo ocultarse, puso toda la carne al asador y, si bien en el primer combate eran cuatro pelotones contra el mío, mandaron dos pelotones más y mayor cantidad de ametralladoras. Cuando lograron reforzar sus posiciones, a mí me quedaba solo la ametralladora del soldado Poltronieri. Empezaron a imponer su superioridad”, relató. 

Y agregó: “El soldado radioperador siempre se ríe porque yo empecé a gritar en inglés que no disparen; quizá, si creían que éramos británicos, dejaban de atacar y yo podía replegar con mis soldados ¡Pero se ve que mi acento fue muy malo!”. Finalmente, en aquella oportunidad, quedaron resguardados en los pozos. Esta escena fue divisada por el subteniente Robledo y el sargento primero Corbalán. “Ellos los distrajeron y ahí pudimos replegar”, comentó. 

Esteban señala que lo que se vivía en monte Tumbledown era un verdadero infierno. Sin embargo destaca la actitud de sus hombres: “Fue conmovedor ver cómo todos me siguieron”

Protagonista del último contraataque del Ejército en la Guerra de Malvinas 

“Esa espera en el monte Tumbledown se hizo muy dura. Yo me fui dando cuenta, por el hecho de ser oficial, que la guerra, el combate, estaba perdido. Ya habían caído y se veían los movimientos de los helicópteros en la falda del monte Kent, también veíamos que la artillería británica tiraba abiertamente y que los soldados se desplazaban en el monte Dos Hermanas y en el monte Longdon, que había sido nuestra casa el día anterior”, recordó Esteban sobre aquellas horas previas a vivir el último contraataque de la Guerra.

En el fondo, él deseaba que el combate terminara lo antes posible. Allí, sentado en una piedra, con su fusil en la mano y, tras meterse la mano en uno de los bolsillos de la campera, encontró un telegrama que le había enviado su padre unos días antes. 

“Decía: ‘Querido hijo, se acercan horas muy difíciles. Cuídate mucho, cuida a tus soldados. Te bendice tu padre. Dios y patria’. Me acuerdo de que leí ese telegrama y sentí que él logró en mí ese efecto que sabía que yo necesitaba, porque, cuando lo leí, dije: ‘Bueno, no puedo volver como un cobarde. Si me tengo que morir, me muero. Pero no puedo volver como un cobarde, porque no me voy a animar a mirar a mi papá a la cara’”, relató a DEF.

Entonces, lideró a sus hombres hasta Tumbledown, donde se vivía un verdadero infierno. A la hora de transmitirles la misión al resto de sus hombres, miró a la cara a sus suboficiales y les confesó que sabía que tenían miedo, pues él también lo experimentaba, y que era consciente de que esa era la noche más cruda que deberían atravesar: “Les expliqué que seguramente muchos de nosotros no íbamos a ver la luz del sol al día siguiente, pero que había soldados que estaban esperándonos en la oscuridad y que confiaban en nosotros para ir en su apoyo. Fue conmovedor ver cómo todos me siguieron”. 

“En la Infantería nadie da la vida por alguien que no respeta. Mi gran deseo era ganarme a esa gente y, la única forma de hacerlo, era demostrando que uno sabía y, sobre todo, dando el ejemplo”, destaca Vilgré Lamadrid

14 de junio: entre la víspera de un cumpleaños en Malvinas y la tristeza en las tropas del Ejército

Esteban Vilgré Lamadrid recuerda el momento en el que todo terminó. “Nos habíamos acostumbrado al ruido del combate y, cuando entramos a Puerto Argentino, se produjo un silencio que me lastimaba. En lo personal, me sentía un fracasado, sentía que no había sabido cuidar a mis hombres. En ese momento, se me acercó el soldado Britos y me pidió que nos tomáramos una foto. Me explicó que nos merecíamos ese recuerdo, que algún día íbamos a estar orgullosos de esa foto porque habíamos peleado bien. En ese momento, no lo entendí y tengo esa foto: con Britos sacando pecho y sonriente, y yo, quebrado”.

Entonces, Vilgré Lamadrid permaneció oculto en un galpón, a la luz de una vela. “Cada vez que pasaban lista, los soldados que faltaban eran de mi Sección, así que me sentía cada vez peor. En un momento dado, un grupo de efectivos míos caminó hacia mí. Intenté pararme y me di cuenta de que tenía las rodillas y los codos hinchados por los golpes del combate. ‘Feliz cumpleaños, mi subteniente’, me dijeron, y me percaté de que era 15 de junio. Ahí me permití llorar. Les agradecí y les pedí perdón”, declaró a DEF, antes de finalizar revelando que Malvinas le permitió encontrar la verdadera esencia de la profesión militar: “Si vuelvo a nacer, volvería a elegir esta tierra y ser soldado”.

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