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El negocio del crimen: un análisis de la relación entre América Latina y el delito

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En diálogo con DEF, Marcelo Bergman, sociólogo y experto en crimen e inseguridad en la región, cuenta la teoría que desarrolla en su libro en torno al aumento del delito.

Por Dolores Barón

En una reciente novedad literaria, Marcelo Bergman analiza y explora el aumento del delito en Latinoamérica a través de “El Negocio del Crimen”. El libro se había editado en 2018, en inglés, por la editorial de la Universidad de Oxford, mientras el autor trabajaba en el exterior estudiando la inseguridad y el crimen de América Latina. Ahora se publica por primera vez en castellano y con datos actualizados.

-En primer lugar, ¿podrías contar cómo fue el proceso de este libro? Entiendo que son muchos datos, muchas investigaciones y, sobretodo, mucho tiempo. 

-Este libro tiene una genealogía bastante extensa, porque comenzó por el año 2002. Yo había regresado a América Latina después de estar muchos años en Estados Unidos estudiando y trabajando en temas de criminalidad.

Lo complicado es que en América Latina no hay buenos datos para estudiar, o al menos, no los había en esa época. Por lo tanto empecé a producir yo mismo, con mucha asesoría, a través de encuestas y distintos métodos de validación. ¿Y a qué conclusión llegué? Hace aproximadamente 10 años, empecé a darme cuenta que los delitos crecían significativamente en América Latina y varias cosas me llamaron la atención: primero, que crecían los delitos en todos los países de la región, comparando períodos de 15 o 20 años; segundo, que los delitos no son solamente de homicidios, sino que fundamentalmente son delitos vinculados al patrimonio, es decir, al robo, en sus distintas modalidades; y en tercer lugar, que tal vez es lo más importante: frente a ciertos indicadores como la disminución de la pobreza, del desempleo y de la desigualdad, y ante el aumentó del consumo y del crecimiento económico, de acuerdo a diferentes teorías, deberían producirse menos delitos. En América Latina pasó al revés, y esa es la gran pregunta del libro, ¿qué pasó? Ahí arranca el estudio, y me llevó varios años escribirlo.

Traté de hacer un libro muy ambicioso, pero muy empírico. Son distribuciones simples en donde se presentan los datos y es fácil de comparar, cualquier persona lo puede seguir con mucha naturalidad. 

Actualmente los artículos artículos más demandados en el mercado ilícito son los teléfonos celulares y las autopartes

-¿Cómo está estructurada la información?

-El libro tiene tres grandes partes. El primer eje es qué pasó y qué es lo que las teorías dicen que debería haber pasado. La segunda parte, donde está el corazón del argumento, es, en mayor o menor medida, qué es lo que yo creo que pasó. Y la tercera habla sobre qué hicieron los gobiernos de los países y las administraciones como la policía, la justicia penal y las cárceles para contener el delito. La verdad es que no han hecho mucho, o mejor dicho, intentaron muchas cosas, algunas pocas funcionaron, la mayoría no funcionaron, y un poco el libro es eso, ¿por qué fue ineficaz el estado en contener esta alza del delito? 

-En tu libro remarcás que los crímenes en Argentina y Chile tienen que ver más bien con robos y no tanto con homicidios ¿Creés que en algún momento la tasa de homicidio podría aumentar en estos países?

-De hecho, en Chile los datos oficiales registran que ya está creciendo hace varios años. Sigue siendo baja en términos comparados con Colombia, Venezuela o México. En cambio, Argentina es una caja de Pandora. En datos oficiales hay un registro de menos homicidios desde el año 2014, donde tuvimos un pico muy grande. Ahora seguimos bajando, por lo menos hasta el año 2021. Sin embargo, te soy muy franco, yo no le creo mucho a esos datos. Argentina hoy registra aproximadamente 5 homicidios cada 100.000 habitantes, más o menos la tasa de Chile, y es de las más bajas de América Latina. Aunque creo que Argentina tiene una tasa baja, no creo que sea 5. 

Para Bergman, la mejor manera de combatir el delito es a través de una política de persecución penal inteligente, que apunte a desarmar los mercados ilegales

-¿A qué se debe esta falta de datos? 

-Es una multiplicidad de factores. Diría que hay dos problemas básicos. El primero es muy simple. Todos los países de América Latina afortunadamente son, o casi todos, son democracias, y en las democracias los candidatos se presentan a las elecciones y tienen que ganar, entonces tienen todos los incentivos para mostrar que la situación está bien. 

Que la situación “está bien” es que los delitos no son tan altos, que está todo bajo control, que hay policías y demás ¿Puede haber una manipulación para esconder algunos delitos o no registrar? Esa puede llegar a ser una razón por la cual no hay muchos incentivos en hacer los procesos bien en términos de recolección de datos sobre criminalidad. La segunda es un poco desidia administrativa. Existen sistemas muy arcaicos de recolección de datos en los que no se ha invertido mucho y no se le ve la utilidad. No hay una tradición como en los países anglosajones.

-¿Hay algún otro factor que en menor medida colabore a esto?

-También muchas de las estadísticas requieren la participación activa de los ciudadanos. La gente tiene que ir a denunciar. Entonces, si a vos te roban el celular, ¿vas a denunciarlo? Generalmente no. La mayoría de los delitos no se denuncian. No hay muchos incentivos de la gente para ir a denunciar delitos, carecemos de información, especialmente en el tema de robos, extorsiones o secuestros. 

Según datos oficiales, Argentina hoy registra aproximadamente 5 homicidios cada 100.000 habitantes

Más en la temática del libro, ¿por qué creció el delito en América Latina?

El delito creció porque, paradójicamente, a América Latina le fue razonablemente bien ¿Qué quiere decir esto? Eso significó que el ingreso per cápita de los latinoamericanos creció, y esto se fue al consumo, básicamente. No todo el consumo fue canalizado a productos, sino que muchos, por distintas razones que se analizan en el libro, derivaron hacia productos ilícitos y mercados ilegales. Entonces, hay una gran demanda de productos que tienen un origen ilícito, y eso explica en gran medida el crecimiento del delito patrimonial. Se van organizando los mercados que van a proveer esos artículos altamente demandados como teléfonos celulares, autopartes, incluso mascotas, comida, vestimenta, lo que quieras. Mucho de eso es robo. Estos productos son mucho más baratos que los productos legales. 

-¿Cómo serían más baratos?

-Una caja de cambios de un auto usado, que proviene de un mercado de robo, sale la mitad o una cuarta parte de lo que cuesta la misma caja de cambios en una concesionaria. Hay mucho incentivo a consumir producto que tiene origen ilícito. Tenés desde la Salada, Retiro y Constitución, y esto es solo el ámbito argentino, pero de estas estructuras existen en toda América Latina. Los sistemas online de ventas, tipo Mercado Libre, fueron otro gran actor para el consumo de objetos robados. Eso es lo que moviliza a ciertos grupos, o a ciertas personas, a vincularse con el delito. No hay una organización central de Argentina.

-¿Y entonces cómo se masifica esto?

-Es una organización muy atomizada. Es decir, los que roban los autos, primero lo roban, luego se lo llevan al desarmador, el desarmador les paga 500 o 800 dólares por el auto robado, el desarmador lo desarma y se lo vende a los distribuidores por 1.500 dólares, y los distribuidores lo venden a los talleres mecánicos. Hay toda una red. La estructura de este tipo de delitos es una estructura muy dinámica. La gente va y viene. Hay gente que vende que es totalmente honesta, que no se mete en los robos y que venden un producto que tiene un origen ilícito, pero ni siquiera el vendedor del negocio que da la calle sabe que tiene esa procedencia.

“Hay una gran demanda de productos que tienen un origen ilícito, y eso explica en gran medida el crecimiento del delito patrimonial”, resalta Bergaman

-¿Qué papel tienen los grupos de crimen organizado en los delitos de hurtos?

-El crimen organizado en este tipo de cuestiones, fundamentalmente en la provisión de productos de consumo, no es muy sofisticado. No hay cartel de Sinaloa de robo de autos. Cuanto más grande es el negocio, entonces hay más gente que coopera y arma estructuras para llevarlo a cabo. En Argentina y Chile se ve menos eso, pero sí se ve en países de Centroamérica. 

-¿Cuál sería el negocio más grande de todos?

-La droga, que es un mercado en el mundo ilegal muy importante, genera muchos recursos y la naturaleza del negocio obliga a que haya grupos que se concentren. Ahí aparecen las grandes organizaciones internacionales que trafican. Cuanto mayores utilidades produce un negocio, va a tender a generar mayor concentración en grupos fuertes y sólidos. Empiezan a tener capacidad de fuego y reclutamiento de gente para hacer los trabajos. 

-Volviendo al principio, comentabas que un poco el aumento del delito en la región tiene que ver con la poca eficacia de las autoridades y los gobiernos ¿Cuáles son los recursos que faltan o que deberían ponerse a prueba?

-No hay una bala de plata que diga: “esto es lo que hay que hacer”, y con esto resolvemos el problema. Hace falta hacer muchas cosas y no todas tienen garantía de éxito. Primero, aunque suene no muy simpático, no existe ningún país que no tenga delitos. Hay que aceptar que el delito es parte de la vida cotidiana, lo que tiene que haber es un delito manejable y que no haya mucha violencia. La violencia se combate con reducción significativa de tasas de impunidad. Pero, si mi teoría es correcta, el crimen no se va a reducir si no se reducen los mercados ilícitos. No es solamente estar persiguiendo con la policía a los delincuentes una vez que cometieron los delitos, sino que hay que desarmar los mercados ilegales a través de distintos mecanismos. 

Para Bergman, la droga es el negocio ilegal más grande de todos ya que genera muchos recursos y la naturaleza del negocio obliga a la concentración de varios grupos

-¿Cómo podrían ser estos mecanismos?

-Por ejemplo, si un iPhone cuesta en una tienda oficial unos 1000 dólares, y uno robado cuesta 200 o 300 dólares, se va a generar un mercado de iPhones robados. Pero, si se reducen los impuestos, o se trabaja sobre los nudos críticos del circuito, entonces se puede reducir significativamente. Otro mecanismo es hacer cambios legislativos para poder tomar acción preventiva. La política de persecución penal tiene que ser inteligente. Si uno roba un auto, está bien detener a esta persona, porque está cometiendo un delito. Pero eso no resuelve el problema, porque si a esa persona la metemos presa, enseguida hay otro listo para tomar ese lugar y seguir robando. 

Lo que hay que hacer es desarmar el negocio. El tema es tratar de desarticular las redes. En América Latina a veces tenemos problemas, porque a los que manejan las redes les pagan una comisión ilícita, por supuesto. Incluso ese dinero puede llegar a las campañas electorales. Hay toda una literatura al respecto. Si realmente lo que queremos atacar es eso, no hay que irse sobre el último eslabón de la cadena, sino que hay que encontrar el núcleo y trabajar sobre el mismo. 

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