Estados Unidos e Irán dieron un paso crucial al sellar un memorando de entendimiento bilateral firmado en Versalles y Teherán. El documento busca poner freno a la escalada de tensión en Medio Oriente, abriendo una ventana para una negociación más profunda para los próximos 60 días.
DEF accedió al análisis del experto Juan Negri, doctor en Ciencia Política, director de las carreras de Ciencia Política y Estudios Internacionales y docente de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).
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Acuerdo Estados Unidos-Irán: los puntos centrales del memorando
El documento articula una serie de compromisos inmediatos y cláusulas específicas que buscan destrabar un conflicto de años:
- Plazo de 60 días para el programa nuclear: El eje central del pacto establece un periodo de 60 días en el que se suspenden formalmente las hostilidades. Durante este lapso, ambas potencias se comprometen a negociar los términos definitivos sobre el desarrollo atómico de Teherán. Irán asumió el compromiso de no producir ni adquirir armas nucleares, habilitándosele a cambio un proceso de dilución doméstica de su stock de uranio enriquecido.
- El artículo sobre el Líbano: El memorando incluye un apartado específico diseñado para mitigar las tensiones en las fronteras calientes de la región, apuntando de forma directa a la actividad de las milicias y fuerzas aliadas a Irán en territorio libanés.
- Reparaciones económicas a Teherán: Como contrapartida clave para lograr la firma de la república islámica, el texto contempla compensaciones y reparaciones de índole económica para paliar el impacto financiero de las sanciones previas.
La mirada experta: Una tregua asimétrica y con bases endebles
Para comprender el verdadero alcance de este documento, Juan Negri, doctor en Ciencia Política, director de las carreras de Ciencia Política y Estudios Internacionales y docente de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), analizó los principales aspectos del acuerdo.
“Lo primero que hay que tener en claro es que hay que estar atento a los detalles“, advierte Negri. “Lo que se firmó es, en principio, un memorando de entendimiento que suspende las hostilidades por 60 días y fija un marco para una paz futura. Me parece que funciona más como un alto al fuego con algo de vocación de acuerdo; es decir, es patear un poco la pelota para adelante. Todavía estamos lejos de un tratado de paz”.

El politólogo destaca una marcada asimetría en la narrativa de los firmantes, un rasgo que considera una “marca registrada de la gestión Trump”: “El presidente de Estados Unidos lo vende como una especie de gran triunfo o rendición incondicional de Teherán, mientras que el resto del mundo lo ve como cierto fracaso o resignación estadounidense. En política internacional, cuando hay relatos opuestos sobre un mismo tema, es una muestra de la fragilidad del consenso de fondo”.
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Los tres grandes obstáculos para la paz en Medio Oriente
De acuerdo al análisis de Negri, existen puntos críticos que podrían descarrilar el principio de acuerdo una vez que expire el plazo de los 60 días.
El primer aspecto a prestar atención es el Estrecho de Ormuz. Irán ya anticipó su intención de imponer peajes permanentes una vez concluido el periodo de tregua y el experto lo ve como un “foco de fricción futuro muy claro”.
A su vez, el gobierno de Israel no se encuentra alineado en los mismos términos que Washington.
“El objetivo de máxima de Israel, que era un cambio de régimen en Irán, no se cumplió. Israel opera por cuenta propia, tiene una amenaza de seguridad muy clara y enfrenta de cerca a los proxies (fuerzas aliadas) iraníes, sobre todo en el sur del Líbano. No está dispuesto a decir ‘acá no pasó nada’ y tiene los incentivos y capacidades para actuar de forma unilateral porque sus intereses no son exactamente los mismos que los de EE.UU.”, explica Negri.

El tercer punto es la condicionalidad de la Casa Blanca al propio acuerdo que firmó. El propio Donald Trump dejó en claro que, si el avance de las negociaciones no es de su agrado, reactivará las acciones militares. Esto condiciona de base cualquier esfuerzo diplomático y ejerce una alta presión sobre el proceso.
El problema de la “latencia” y la desconfianza histórica
En el plano estrictamente del programa nuclear de Irán, el hecho de que al régimen de los Ayatolas se le permita diluir su uranio enriquecido dentro de sus propias fronteras genera dudas técnicas y políticas. Negri subraya el concepto de hedging (cobertura o latencia).
“La dilución doméstica mantiene intacta la infraestructura. Esto sigue dejando a Irán en una posición de latencia; esa idea de que todavía no tiene el arma, pero mantiene la capacidad instalada para tenerla. Sin un régimen de verificación creíble, todo descansa sobre bases muy endebles”.
Finalmente, el especialista recuerda el factor de la memoria institucional en Teherán. El antecedente del Plan de Acción Conjunto (JCPOA) firmado durante la era de Barack Obama pesa en la mesa de negociaciones.
Irán recuerda perfectamente que Estados Unidos se retiró del acuerdo previo incluso cuando la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) certificaba que ellos estaban cumpliendo. Tienen pocas razones para confiar en Washington”, concluyó Juan Negri.




