El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) confirma una transformación profunda y acelerada en el narcotráfico global. Con niveles récord en el consumo, la diversificación de drogas de síntesis y máximos históricos en la producción de estupefacientes tradicionales, el panorama exige respuestas coordinadas de los gobiernos a nivel global.
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Principales hallazgos del Informe Mundial de la UNODC 2026
El reporte de las Naciones Unidas estima que en 2024, 331 millones de personas consumieron alguna droga ilícita a nivel mundial (un incremento del 34% en la última década), de los cuales cerca de 60 millones presentaron trastornos severos por consumo.
En un solo año, se identificaron 755 Nuevas Sustancias Psicoactivas (NPS) en circulación global. La versatilidad para reemplazar insumos químicos permite a los laboratorios ilegales eludir las regulaciones internacionales.

A su vez, la producción de clorhidrato de cocaína alcanzó un récord mundial de 4.100 toneladas en 2024, cuadruplicando las cifras registradas hace diez años. Esto viene aparejado con los crecientes cultivos de coca en países de Sudamérica: Colombia lidera la superficie sembrada con 253.000 hectáreas, seguido por Perú con 84.546 hectáreas y Bolivia con 40.000 hectáreas.
Ante la caída sostenida del opio vegetal en Afganistán, UNODC 2026 señala que el narcotráfico global se desplazó velozmente hacia opioides sintéticos de alta potencia, como las nitazenas.
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Cómo el narcotráfico impacta en Argentina y Chile
Al analizar el impacto territorial del informe en el Cono Sur, Mario Medrano, especialista en seguridad y crimen organizado, advierte que la región enfrenta un cambio de paradigma geopolítico en la logística del narcotráfico.
“Argentina y Chile dejaron de operar como meras plataformas o vías de tránsito pasivo; hoy constituyen nodos estratégicos de acopio, almacenamiento, elaboración secundaria y exportación hacia mercados de ultramar como Europa y África Occidental”.
Medrano enfatiza que la reconfiguración de las redes transnacionales responde al incremento vertiginoso de la oferta y a la búsqueda de salidas marítimas y fluviales de alta capacidad:
“El salto evolutivo de las incautaciones de ‘TUSI’ —pasando de 54,3 kg en 2020 a 228,7 kg en 2026— junto con el decomiso de 125 kg de MDMA y la incautación de 14.339 kg de cocaína, confirma que la región atraviesa un proceso acelerado de complejalización de la oferta y mutación de las fórmulas con adulterantes peligrosos como el fentanilo y la xilazina”.

Asimismo, el analista señala la relevancia de los pasos fronterizos en el flujo de materia prima. “El secuestro de 145,4 toneladas de hoja de coca en los pasos del norte argentino demuestra la existencia de una red fluida que alimenta laboratorios clandestinos de procesamiento final en zonas urbanas consolidadas como el Gran Buenos Aires y la periferia de Santiago de Chile”.
El consumo también se convirtió en un factor alarmante en Argentina. Medrano señala que el aumento del consumo de cocaína en la población escolarizada de nivel secundario haya subido del 2,0% al 2,9% refleja una alerta temprana sobre el incremento de la disponibilidad local derivada de las desviaciones de carga destinadas al tráfico internacional”.
El especialista considera que Argentina y Chile llegaron a este complejo escenario debido a “la vulnerabilidad de sus fronteras, sus puertos fluviales, la escasa intervención y decisión de los mecanismos políticos para enfrentar estás organizaciones criminales transnacionales”.
Las conclusiones publicadas por la UNODC, sumadas al diagnóstico territorial de especialistas como Mario Medrano, remarcan la urgencia de actualizar los controles en puertos, profundizar la inteligencia criminal sobre precursores químicos y reforzar los programas de prevención y tratamiento en las redes de salud pública de la región.




