Desde el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares contra Irán, este respondió con el bloqueo del estrecho de Ormuz y con uno de los arsenales más antiguos y temidos de la guerra naval, las minas marinas.
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El estrecho de Ormuz es un corredor de apenas 33 kilómetros en su punto más angosto y concentra hoy la mayor tensión geopolítica y económica del planeta. Por ahí circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el planeta. Cada día lo atraviesan cerca de veinte millones de barriles de crudo procedentes de los países productores del Golfo rumbo a Asia, Europa y América.
Irán: el misterioso mapa de minas marinas en el estrecho de Ormuz
El problema central no es cuántas minas hay en el estrecho de Ormuz, sino que nadie sabe con certeza dónde están. Lo que en teoría debía ser un cierre controlado del estrecho se convirtió en algo más preocupante, donde ni siquiera quienes colocaron las minas saben con certeza dónde están todas.

Irán tiene cada vez más dificultades para reabrir el estrecho debido a su incapacidad para localizar todas las minas navales que plantó, además de que algunas de ellas fueron arrastradas por las corrientes marinas.
Agencias iraníes difundieron un gráfico que sugiere que la Guardia Revolucionaria habría colocado minas marinas en el estrecho durante la guerra. El material muestra un esquema con un gran círculo identificado como “Zona de peligro” en farsi, ubicado sobre el Esquema de Separación del Tráfico, el corredor habitual utilizado por los barcos para atravesar el estrecho.
Irán desplegó dispositivos explosivos flotantes que se desplazan con las corrientes marinas, lo que dificulta su detección y los convierte en una amenaza impredecible para los buques comerciales. Eso significa que, incluso si existiera un registro inicial de posiciones, las corrientes lo habrían vuelto obsoleto.
Eliminar las minas tampoco es tarea sencilla para nadie. La retirada de minas marinas es una de las operaciones militares más complejas. Ni siquiera superpotencias como Estados Unidos, que cuenta con el interés de hacer y con buques cazaminas de última generación, disponen de recursos suficientes para limpiar en tiempo récord una vía tan extensa como el estrecho de Ormuz.

Para poder abrir el estrecho, las naciones que quieran asegurar este paso deberán llevar a cabo operaciones de desminado, una tarea que, en plena guerra y bajo fuego enemigo, resulta prácticamente imposible.
La particular estrategia detrás de las minas navales
Las minas navales no son una novedad tecnológica. El estadounidense David Bushnell desarrolló en 1776 la primera mina naval moderna para su uso contra los británicos, en la guerra de Independencia. Era un barril hermético lleno de pólvora que flotaba hacia el enemigo que detonaba al golpear un barco. Doscientos cincuenta años después, el principio básico sigue siendo el mismo.
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Se estima que las Fuerzas Armadas iraníes cuentan con entre 2.000 y 6.000 minas navales. Una mina simple de contacto se estima en unos 1.500 dólares. Con esa inversión mínima, Irán logró paralizar una arteria que mueve billones de dólares en energía al año. Se necesitarían unas 300 minas para garantizar un minado eficaz del estrecho, lo que representa apenas el 5% del arsenal iraní disponible.
Hay minas ancladas al fondo mediante un cable, las cuales descansan directamente en el lecho marino, camufladas con el entorno. Una explosión submarina de este tipo provoca una onda de choque más rápida que en el aire y una burbuja de gas que eleva el buque antes de hacerlo caer, partiéndolo en dos por su propio peso.




