Ante un escenario de estabilización de la crisis en el estrecho de Ormuz, un informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral explica cuáles serían las consecuencias en los mercados energéticos. Según su director, Roberto Carnicer, el barril de crudo Brent podría abandonar rápidamente la hipótesis de 105 a 120 dólares, para acercarse a los 80 o 90 dólares.
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Sin embargo, más allá de que el petróleo sea “el precio más sensible a una reducción de la prima geopolítica”, aseguró que “la paz no llena automáticamente los tanques, no repone inventarios, no normaliza contratos ni devuelve de un día para otro la confianza logística de armadores, traders, compradores y aseguradoras”.

“La baja de precios debería existir, especialmente en crudo, pero con pisos más altos que los que hubieran prevalecido en un mercado físicamente cómodo”, afirmó el director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
Apertura del estrecho de Ormuz: las consecuencias de la normalización en el GNL y el GLP
Por el lado del gas natural licuado (GNL), la reacción del mercado sería más lenta. “El mercado probablemente mantendrá una prima por seguridad en el suministro”, afirmó Roberto Carnicer, quien sostuvo que la demanda europea y asiática sostendrá los precios por encima de los niveles previos al conflicto.
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Mientras tanto, en el caso del gas licuado de petróleo (GLP), señaló que “la baja será real, pero desigual”. En ese sentido, aseguró: “El propano corregirá más; el butano conservará una prima por demanda residencial y recomposición de inventarios asiáticos”.

Mercado energético: paz no significa abundancia ni precios bajos
“La lección principal es que el mercado energético diferencia entre riesgo político y disponibilidad física”, sostuvo Carnicer, quien aclaró que una solución diplomática “no libera automáticamente capacidad logística, no recompone contratos ni elimina la necesidad de compras preventivas del invierno”.
“En energía, paz no siempre significa precios bajos”, afirmó el experto. “Muchas veces, significa precios menos extremos, pero todavía condicionados por la memoria física de la crisis: tanques vaciados, contratos tensionados y compradores que aprendieron que la seguridad de suministro también se paga”.
“El mercado deja atrás el miedo al cierre total de Ormuz, pero entra en otra etapa: la de reconstruir inventarios y confianza”, completó.




