En un contexto de guerra activa en Medio Oriente, la industria petrolera de Irán se encuentra al límite de su vitalidad. El bloqueo naval impuesto por Estados Unidos a los puertos iraníes desde el 13 de abril imposibilita al país exportar crudo, lo que desplomó el negocio del tercer Estado con mayores reservas de petróleo en el mundo. Ante esto, la principal empresa estatal petrolera ya comenzó a reducir su producción, algo que podría llevar a la saturación de los inventarios en menos de dos semanas.
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Petróleo de Irán: tanques en desuso, buques varados y la posible ayuda de China
Con las embarcaciones imposibilitadas de llegar a los mercados internacionales, Irán recurrió a soluciones de emergencia para no detener de forma abrupta su producción. Según analistas, Teherán reactivó depósitos abandonados desde hace años por su mal estado en los centros petroleros del sur del país, y comenzó a usar contenedores improvisados para almacenar el crudo que se extrae sin poder ser vendido.
Además, grandes buques cisterna vacíos con capacidad para unos 15 millones de barriles permanecen anclados en el Golfo Pérsico como almacenamiento flotante, a la espera de que el bloqueo ceda. Los inventarios terrestres de Irán ya crecieron unos 4,6 millones de barriles desde el comienzo de las obstrucciones estadounidenses, y podrían alcanzar los 49 millones de toneles sobre una capacidad máxima de 86 millones.

Sin embargo, los especialistas advierten que restricciones operativas, límites de seguridad y factores geográficos podrían hacer inaccesible buena parte de ese espacio. El llamado “tank top”, es decir, el punto en que no quede más lugar para almacenar el crudo que se bombea, podría alcanzarse en el corto plazo.
La opción más llamativa que explora Irán es mover crudo por ferrocarril hasta el gigante asiático, para poder sacar provecho de la red que conecta Irán con las ciudades de Yiwu y Xi’an. El problema es que el trayecto puede demandar semanas y tiene costos muy superiores al transporte marítimo. Las principales compradoras de crudo iraní en China son las llamadas “refinerías tetera”, conocidas como las operaciones de bajo margen que históricamente se beneficiaron de los descuentos que Irán ofrecía para eludir sanciones.

Detener la producción de forma abrupta tampoco es una salida sencilla. Cerca de la mitad de los campos petroleros iraníes opera con baja presión y son vulnerables a daños permanentes si se interrumpe el bombeo. Si el bloqueo se mantiene, se estima que la producción podría caer desde los niveles actuales (3,3 millones de barriles por día) a entre 1,2 y 1,3 millones de toneles diarios para mediados de mayo.
Una economía en caída libre y la apuesta de resistencia iraní
El petróleo no es el único sector golpeado por los conflictos que hoy rodean a Irán. Las más de cinco semanas de bombardeos estadounidenses e israelíes dañaron unas 20 mil fábricas, casi el 20% de las unidades productivas del país. Los dos mayores productores de acero de la República Islámica, Mobarakeh Steel y Khuzestan Steel, paralizan operaciones, y más de 50 complejos petroquímicos cerraron.
El impacto se siente con fuerza en la vida cotidiana de los ciudadanos iraníes. El precio del pollo subió un 75% en el último tiempo, la carne vacuna y ovina un 68%, y muchos lácteos se encarecieron un 50%, según la agencia de noticias de Estados Unidos, Associated Press (AP).

Irán perdió al menos un millón de empleos directos por el conflicto en Medio Oriente, según declaró el viceministro de Trabajo, Gholamhossein Mohammadi. Por su parte, el economista iraní Hadi Kahalzadeh, aseguró que podrían estar en riesgo otros 12 millones de puestos de trabajo como resultado de un efecto cascada, lo que equivale a la mitad del mercado laboral de Irán.
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De todas formas, las autoridades iraníes proyectan resistencia. Señalan que gran parte de su comercio exterior no petrolero circula por rutas terrestres o por el mar Caspio, y que antes del estallido de la guerra acumularon reservas estratégicas de insumos industriales. Los datos apuntan a que ya a finales de 2025 el país tenía stock suficiente de maquinaria eléctrica para casi ocho meses y de cemento para seis.
La lógica detrás de esa resistencia es, claramente, política. Irán apuesta a que mantener cerrado el estrecho de Ormuz pueda generar suficiente presión sobre los mercados y los consumidores globales como para forzar una negociación antes de que su propio sistema petrolero colapse.




