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Weisert: “Está claro que no me eligieron por ser mujer”

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Desde 2009, es la directora del Instituto Geográfico Nacional. DEF la entrevistó y develó el secreto de manejarse en un puesto que por más de un siglo estuvo en manos de los hombres de uniforme.

Por Lauro Noro / Fotos: Fernando Calzada.  

En un ambiente netamente masculino, apareció ella. Simpática, rápida en las respuestas, de mediana estatura, pelo corto, este año va a cumplir dos años como directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Es Liliana Weisert (53), casada, con una hija, licenciada en Economía y con dos posgrados en Administración Pública y Recursos Humanos. Capricorniana, nacida en San Martín, provincia de Buenos Aires, si bien porta el apellido alemán de su papá, hace honor a la ascendencia italiana de su mamá, oriunda de Roma, por su desenvoltura y gracia para hablar.

Cuando a mediados de junio de 2009 se hizo cargo del IGN, asegura que no lo hizo sola. “Vine con Julio César Benedetti, ingeniero geógrafo y coronel, que trabajó durante mucho tiempo y muy bien aquí; de modo que lo hice con una ayuda muy fuerte de alguien que conoce la cultura militar, nuestro territorio mejor que nadie, los procesos de cartografía y metodología de levantamiento de la información, y con un gran compromiso con la gestión. Por eso, de alguna manera, mi tarea es más sencilla”.

Y en este punto, confiesa que “nunca me había tocado trabajar con militares, lo que para mí fue una sorpresa en el buen sentido. Todos los días aprendo de ellos porque tienen sus propias normas y reglas. Nosotros intentamos no dar órdenes sino instrucciones y que la gente se sienta cómoda siguiéndolas. Y, sobre todo, que pueda disentir. Escucho mucho y puedo cambiar de opinión si el otro me convence de que estoy equivocada”.

TAREA A MEDIDA

Muchos se preguntarán cómo una mujer llegó a ocupar un cargo históricamente destinado a los hombres, y específicamente a los militares. Con esa suerte de intríngulis, nos sentamos del otro lado de su despacho, en las oficinas de la avenida Cabildo, en pleno barrio de Belgrano. “¡Qué pregunta! ¡Qué pregunta!”, repite con una amplia sonrisa.

“Está claro que no me eligieron por ser mujer, sino simplemente entendieron, sobre todo la ministra de Defensa  (NdelR: en el momento del reportaje, en la segunda semana de diciembre del año pasado, todavía estaba en funciones la doctora Nilda Garré), que en el proceso de transformar este instituto, como el Servicio Meteorológico Nacional -un viejo anhelo de su gestión-, para ‘civilizarlos’, aunque no sea exactamente esa la palabra, se buscaba dar un servicio de bien social y no solo militar. Así fue que me llamaron para cumplir esta función”. Venía con una experiencia, desde 2002, en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde ocupaba el cargo de directora de Recursos Humanos.

-¿Desde cuándo se produjo ese cambio de IGM por IGN?

-Comenzó en 1996 y concluyó en 2009. En aquel año, el organismo salió de la órbita de las Fuerzas Armadas y se convirtió en un ente descentralizado del Ministerio de Defensa, que hoy está bajo la órbita de la Secretaría de Planeamiento.

-¿Por qué no hay una dependencia directa?

-Hay un montón de decisiones que se toman a nivel dirección, por ejemplo para firmar un convenio con un gobernador, no lo hacen ni el secretario ni el ministro porque tengo la autoridad para suscribirlo. Y esto da una gran libertad de acción en lo específico. Y también contamos con otras peculiaridades, como tener staff propio, una cierta independencia económica porque generamos recursos propios con la venta de servicios de medición, mapas y cartografía conjunta con las 24 provincias, en escala uno en cien mil y trabajos para organismos nacionales.

-¿Entre ellos?

-La medición de algún punto geográfico para la Cancillería y la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica); la unificación de la base de datos de localidades con el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos); la delimitación del Camino del Inca con la secretaría de Cultura, donde están involucradas cinco o seis provincias argentinas y que serpentea por Bolivia, Perú y Ecuador; la deriva del terreno y las curvas de nivel para cultivos y riego del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (PROSAP), en Tucumán; y también, un acuerdo con Lacumar sobre la cuenca Matanza-Riachuelo que, lamentablemente, no terminamos de concretar.

-¿Cuáles son los problemas más comunes que encuentran? Porque también entre las provincias existen disputas territoriales.

-Por supuesto que las hay, pero nosotros siempre hemos sido muy claros en este punto: no somos autoridad arbitral y no podemos meternos en los conflictos que existen por diferentes cuestiones. No es nuestra función. No estamos creados para eso. Podemos ayudar y eventualmente, si nos lo solicitan, hacer alguna intervención pero que no beneficie ni perjudique a ninguna de las partes. Atendemos a las cuestiones técnicas; las políticas deberán dirimirlas los propios gobiernos provinciales.

LA TRANSICIÓN

El diálogo se interrumpe por una llamada telefónica. Terminada la pausa, el fotógrafo aprovecha para pedirle una serie de mapas que ayuden a su trabajo. Weisert se levanta, los busca y los lleva a una enorme mesa donde quedan listos para la instantánea. En ese momento, cuando vuelve a retomar la entrevista, una inquietud sigue flotando.

-Explíqueme, licenciada, ¿cómo fue ese tránsito de lo militar a lo civil?

-No fue, está siendo. Creo que es bastante ordenado. No siento que se haya generado un conflicto muy fuerte. Por supuesto hay roces, acomodamientos. Tratamos de diseñar y solidificar las nuevas estructuras sobre el personal civil que en muchos casos reemplazó la conducción castrense. Es el caso del escalafón y la cotidianidad de ver cómo se transitan estos cambios. Pero seguimos teniendo prácticamente un tercio de nuestra fuerza laboral en manos de los militares. Y pretendemos que siga siendo así porque ellos están muy preparados; incluso, algunos son geógrafos, y la mayoría, técnicos que han egresado de la Escuela Superior Técnica del Ejército y de otros institutos castrenses y que hace muchos años vienen trabajando en el IGN. Además, hay nuevas generaciones de militares que pretenden sumarse a nosotros.

-¿Se enojaron con usted?

-No. Enojarse, no. Obviamente, hemos tenido nuestras diferencias. Algunos se han ido y no quisieron seguir participando de este proceso. Se sentían más cómodos prestando servicios en el Ejército. Entiendo que no debe ser sencillo encontrarse con estos cambios.

-Y menos que le hayan puesto a una mujer para dirigirlos.

-(Se ríe) En lo conceptual, diría que debe haber sido un cimbronazo; pero en lo vivencial, en el día a día, no sentí que me afectara personalmente ni tampoco que experimentara algún menoscabo del otro lado frente a mi presencia. La gente se hubiera ido igual si en lugar de mí hubiera estado un varón civil.

-Pero militares quedaron…

-Sí, sí. Tanto el Ejército principalmente, como las otras Fuerzas Armadas, necesitan de una cartografía temática para un desplazamiento de tropas, cuando tienen que hacer alguna intervención de tipo humanitaria; además, tienen que conocer y representar la zona y la geografía donde están establecidos.

FAMA Y PRESTIGIO

Aparte de esa temática específica, la directora del IGN detalla varios de los servicios que prestan. “El trabajo que se ha hecho desde siempre tiene que ver con la cartografía que nos demanda desde un investigador, un docente, un alumno, hasta un empresario y un turista, sobre un territorio en el que quiera desarrollar alguna actividad. Y también, desde resto del Estado, cuando busca hacer alguna inversión como un polo de desarrollo -la traza de una autopista, el establecimiento de un gasoducto-, que necesitan conocer y tener una representación general del lugar específico”.

-¿El satélite es de gran ayuda?

-Por supuesto, pero cuenta parte de la historia. Da una visión panorámica. No alcanza. Hay quienes interpretan rápidamente una carta satelital; sin embargo, si ven un establecimiento rural que se nota por el cuadriculado de los cultivos, deben hacer también nomenclatura; o sea, saber cómo se llama, cuáles son las rutas que lo atraviesan, etcétera.

-Entonces, ¿es necesario ir a los lugares para ver las cosas in situ?

-Trabajamos mucho en el terreno. En este momento hay más de seis comisiones desplegadas. Y esto no es nada comparado con otras épocas, cuando no había satélite ni avión para relevamiento aerofotográfico, que es una de las herramientas con las que ahora contamos, dotadas de cámaras muy potentes.

-¿De qué manera transfieren los conocimientos a las generaciones jóvenes, ya que es muy común que cuando los veteranos se jubilan se vayan con ellos?

-Es un problema que en general tiene todo el Estado. Hay muchas trabas para el ingreso de personal. Es costoso desde el punto de vista presupuestario, entonces se va alguien y generalmente esa vacante no se cubre o se congela. Por lo tanto, los planteles van envejeciendo. Nuestro promedio de edad es muy alto. Estamos contratando personal transitorio más joven, lo que nos permite el artículo 9 de la Ley de Empleo.

-¿Hacen algún tipo de aviso o promoción para captar gente?

-Nuestra tarea es muy técnica, muy específica. No es que pongamos un aviso en un diario pidiendo una empleada administrativa o una secretaria y tengamos una cola de 40 o 50 postulantes en la puerta. Buscamos un topógrafo y probablemente vengan uno o dos, si vienen, porque además les está yendo muy bien en el mercado (dice con una sonrisa). Es difícil competir con los salarios del sector privado.

-¿Cómo está armada la cuestión de la capacitación?

-Tenemos varias formas. Por un lado, las históricas que siempre ha tenido el Ejército. O sea, la Escuela Superior Técnica con su carrera de geógrafo. No hay muchos egresados por año, pero hoy tenemos dos ingenieras civiles salidas de ese instituto trabajando en el IGN. Y por el otro, lo que llamamos “La Escuelita”, que también depende de la EST, donde se dicta un curso para personal militar exclusivamente sobre servicios técnicos geográficos. Tiene una duración de dos años y los alumnos aprenden a manejar herramientas relacionadas con la cartografía. Y acaba de crearse la tecnicatura en geomática, de tres años, que lo reemplazaría con una estructura más formal, que otorga un título terciario y extendido también para los civiles. Empieza este año. Estamos desandando el camino.

-¿Qué es el Centro de Capacitación en Ciencias Geográficas?

-Es una estructura que hace muchos años está en funcionamiento con personal del IGN en temas específicos: sistemas de información geográfica, interpretación de imágenes satelitales, geodesia, etcétera. Son cursos ad hoc, pero donde gente del ambiente privado o personal del sector público -interesada en temas que tienen que ver con nuestro quehacer-, pueden hacerlos, y luego aplicar esos conocimientos en donde actúen.

-Si lo dice el IGN, ¿es palabra santa?

-Por su calidad, el Instituto tiene una fama bien ganada en la comunidad geográfica nacional e internacional. Son muchos años de reconocimiento. Obviamente, en todo lo que tenga que ver con los límites entre países, el IGN es el órgano representativo por excelencia. Por supuesto, la Ley nos otorga la potestad de la representación oficial de la República Argentina.

Bronstein: “Estamos a las puertas de una crisis energética global”

El investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (CEEPyS) advierte sobre el agotamiento de los recursos petroleros del planeta y desmitifica las soluciones mágicas encarnadas por los biocombustibles y las energías renovables.

Naveguemos juntos: la novedosa iniciativa de la Armada Argentina

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A partir de una novedosa iniciativa, la Armada Argentina brinda la posibilidad de recuperación para personas con capacidades diferentes.

Por L.N./ Fotos: Gentileza Armada Argentina.

Haití, un país en ruinas

A un año del terremoto, DEF conversó con integrantes de Médicos sin Fronteras, que trabaja hace 19 años en el país caribeño.

Por Susana Rigoz/ Fotos: AFP

A un año del sismo que devastó Haití, dejando un saldo aproximado de 222.000 muertos, 300.000 heridos y tres millones de damnificados, y provocó una inmediata solidaridad mundial, la realidad del país más pobre de América Latina no cambió sustancialmente.

Pese a las promesas iniciales de la comunidad internacional de participar activamente en el proceso de reconstrucción, en la actualidad las personas que continúan viviendo en campos de desplazados superan las 800 mil.

Son indignas las condiciones en que vive la población”, declara Verónica Nicola (36), entrerriana, médica pediatra e integrante de MSF, que estuvo en Haití de abril a agosto de 2010, y volvió un mes a fines de octubre, convocada por su experiencia en cólera. Pese a haber trabajado previamente en la frontera entre Irán y Afganistán, en territorios palestinos y en países de África, afirma que cuando llegó por primera vez a Haití, quedó conmovida. “Más allá de lo que uno podía ver por televisión o por fotos, impresionaban las miles de carpas que ocupaban casi todos los espacios verdes”, describe.

UN CÍRCULO PERVERSO

Si bien es cierto que el terremoto tuvo una magnitud de 7 grados, no es menos cierto que Haití se encontraba en la más vulnerable de las situaciones para enfrentar un desastre de esta naturaleza. Con una pobreza estructural, una alta densidad poblacional y una deforestación del 97%, no podía esperarse nada diferente de lo ocurrido.

A las cientos de villas miserias que ya existían antes de que el seísmo derrumbara la mayoría de los edificios de Puerto Príncipe, se sumaron entonces los campamentos de desplazados, las calles colmadas de escombros, las montañas de basura y los cadáveres a la intemperie.

UNA ESPERANZA

Desde un primer momento, una catarata de organizaciones llegó para prestar ayuda. Nicola relata que uno de los principales problemas que tuvo MSF fue la dificultad para recibir el material sanitario del exterior. “Faltó coordinación. Todas las ONG querían entrar elementos y no había quién priorizara lo más urgente”.

En medio de tanta desolación, se encendió una luz cuando en marzo de 2010, los Estados miembros de la ONU y sus asociados internacionales prometieron aportar 5500 millones de dólares para la recuperación del país. “Uno esperaba un apoyo importante después de la firma del acuerdo, sin embargo en los cuatro meses que estuve la primera vez no vi casi ningún avance. Y tampoco lo percibí al volver en octubre-noviembre”, afirma.

UN TEMA CLAVE

A la hora de evaluar los logros alcanzados, la doctora Nicola manifiesta que en lo único que pudo apreciar cierta mejora es en la limpieza de las calles, que habían quedado cubiertas de escombros, imposibilitando los desplazamientos. “Pese a su importancia, esta tarea puede demorar años, ya que no trajeron maquinarias y está siendo realizada a pico y pala”.

Otro problema muy delicado es el de la basura. “Puerto Príncipe es un gran basural. Hay varios canales que drenan la ciudad hacia el mar y, en el principal, no se veía el agua, tapada por montañas de desperdicios. No tienen sistema de tratamiento de residuos y, hasta que me vine, había un solo basural para toda la ciudad, adonde iban a parar hasta los desechos hospitalarios, con el riesgo que eso conlleva”, rememora Nicola.

LA SEGUNDA CATÁSTROFE

Mientras los haitianos continúan viviendo entre escombros, en octubre pasado se desató el cólera, que ya suma, según los últimos datos oficiales, más de 3500 muertos y unos 160 mil enfermos, de los cuales 91 mil fueron tratados por MSF.

Pese a ser una enfermedad de mortalidad alta, la misma puede reducirse con facilidad, si se accede a la atención adecuada. “La mortalidad fue muy importante en un principio por diversos factores: la enfermedad comenzó en las zonas rurales, donde es dificultoso el acceso a los centros de salud; en Haití hacía 100 años que no existía cólera, razón por la cual el personal sanitario no tenía experiencia y la gente, por desconocimiento también, no reaccionaba con la rapidez necesaria para una hidratación efectiva”, explica Nicola.

De hecho, el número de muertos empezó a reducirse en la medida en la que el personal sanitario se fue formando y la población conoció cuáles eran los síntomas y la importancia de realizar una consulta, por ejemplo. Esta buena noticia, sin embargo, es relativa, ya que en tanto no mejoren las condiciones de vida de los haitianos, va a ser muy difícil de controlar la enfermedad.

El cólera tiene dos patas estrechamente vinculadas: la médica y la sanitaria. En Puerto Príncipe, la mayor cantidad de personas afectadas no está en los campamentos de desplazados -donde todavía hay organizaciones encargadas del saneamiento, lo que significa que todavía tienen acceso al agua potable y que las letrinas de vez en cuando se vacían-, sino en las villas, que son mucho más difíciles de controlar. Es indispensable una política de gobierno”, asevera.

EFECTOS COLATERALES

Aunque la violencia ya era un problema en Haití, se agravó con los últimos desastres. “Hay mucha inseguridad, son comunes los secuestros extorsivos y la violencia armada. Por otro lado, están los gangs, grupos similares a las maras centroamericanas. El terremoto destruyó la penitenciaría más importante y quedaron en libertad unos 4.000 presos, entre ellos muchos de los cabecillas de estas pandillas, que se dispersaron y reorganizaron”, dice Nicola, y cuenta que es usual que lleguen cotidianamente al hospital heridos de bala y arma blanca.

A esta realidad, hay que agregar la violencia de género que, pese a que ya estaba presente, se recrudeció con la formación de campamentos. “A raíz del trabajo de algunas organizaciones, cada vez más mujeres se animan a contarlo, algo que era infrecuente debido a que no sabían que acceder a un servicio de salud de manera inmediata permite prevenir enfermedades como el HIV o la Hepatitis B, entre otras”.

UNA EXPERIENCIA DURA

Consultada acerca de qué fue lo que más la conmovió de su vivencia en Haití, la doctora Nicola recuerda que al comienzo de la epidemia, el número de enfermos subía indefinidamente y no había donde internar tantos pacientes.

“A mí me tocó el manejo de los muertos. Eran muchísimos y la gente empezó a abandonar los cadáveres en la calle o, en el mejor de los casos, a traerlos al hospital. Al principio teníamos una carpa, pero con el calor se volvía imposible. Por suerte pudimos armar una estructura refrigerada donde ponerlos hasta que la municipalidad decidiera qué hacer con esos cuerpos que nadie reclamaba. Finalmente se los destinó a una fosa común. Fue una de esas cosas que te marcan muchísimo”.

La heterodoxia de Juan Manuel Santos ¿Sorpresa, en realidad?

Desde hace ya más de un lustro, los análisis sobre el panorama político regional tendieron a hacer una división de aguas clara entre un conjunto de países radical-populistas o bolivarianos, como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y otro de democracias liberales, como Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y Perú. Y un tercer monobloque, más cercano al primer grupo, de la Argentina de Kirchner.

Riqueza natural: Argentina el 9° país con mayor riqueza y diversidad

La diversidad biológica, el estado de los ecosistemas y la utilización de recursos naturales son los elementos que analiza el informe elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en el reporte bianual denominado Planeta Vivo. Según este estudio, hay diez países que concentran alrededor del 60% de las riquezas naturales del planeta, que son las que brindan los servicios ambientales de los que depende la vida, como por ejemplo alimentos, madera, biocombustibles, medicinas, suelos, nutrientes, entre muchos otros.

El ranking está constituido por Brasil, China, Estados Unidos, Rusia, India, Canadá, Australia, Indonesia, Argentina y Francia. “Todos países con grandes extensiones de territorio, que poseen algunas zonas de alta productividad y capacidad de generar beneficios ecosistémicos -como la producción de alimentos o agua dulce-, o que tienen superficies importantes para conservar bosques nativos y retener dióxido de carbono”, explica Diego Moreno.

ARGENTINA, UN PAÍS PRIVILEGIADO

Con sus 3,7 millones de kilómetros cuadrados, Argentina se ubica en el séptimo lugar a nivel mundial y cuarto -después de Canadá, Estados Unidos y Brasil- en América en cuanto a su superficie. Llanuras, selvas, bosques, mar, hielos eternos y desiertos constituyen algunas de las riquezas propias de una diversidad climática y geográfica excepcional.

Entre las regiones con mayor relevancia, Moreno destaca el noreste y noroeste del país, donde se encuentran algunas de las zonas boscosas más extensas de Latinoamérica, como son los bosques del Gran Chaco, las selvas de yungas y la selva misionera, “selvas subtropicales con una diversidad biológica muy alta”.

Por otro lado, es determinante la función que cumplen los bosques en la regulación del agua -ese invalorable y escaso recurso, mal distribuido a nivel mundial-, la preservación de las cuencas hídricas y el control de las inundaciones.

“Estos ecosistemas son particularmente relevantes a la hora de asegurarnos la provisión de agua en cantidad y calidad suficientes para sostener la actividad humana. Hablo de la región chaqueña y del Chaco oriental, donde estos bosques se combinan con humedales, como los Esteros del Iberá, los Bajos submeridionales y otras zonas húmedas”, detalla el especialista.

En el centro del territorio, tenemos la región pampeana que es “el foco de la actividad agrícola y buena parte de la ganadera de Argentina, basada en la productividad de las tierras y en la de los pastizales naturales, ambientes típicos de la pampa, que generó la riqueza de los suelos por su materia orgánica que nos permite hoy ser un país agroexportador”.

Otra zona significativa es la del Mar Argentino, “al que muchas veces no tenemos presente y que, sin embargo, es a nivel mundial una de las regiones costeras con mayor productividad”, afirma Moreno. Y explica que esto se debe a la extensa plataforma continental y a la dinámica de la región “que sustenta una serie de actividades económicas como la pesca y el turismo en las áreas costeras, que son muy relevantes para la región”.

Recostada contra la cordillera de los Andes, se encuentra la región de Cuyo, una parte del cordón más árido de la Argentina, “cuya economía se sostiene principalmente a partir del cultivo de la producción vitivinícola, sustentada por el agua de los glaciares, razón por la cual son un recurso clave para sostener la diversidad biológica de la región”.

La Argentina, entonces, posee todos los recursos que se tienen en cuenta a la hora de evaluar la biocapacidad de un país: tierras de pastoreo, áreas de cultivo, zonas de bosques y pesqueras con sus respectivos recursos, como la ganadería, la agricultura, los recursos forestales y las pesquerías. Cuenta además con reservas de agua dulce como los Esteros del Iberá -uno de los mayores reservorios del planeta- y el Acuífero Guaraní, considerado como la tercera reserva de aguas subterráneas a nivel mundial.

EN CONTEXTO

Según el informe de WWF, mientras en los últimos 40 años la salud de los ecosistemas disminuyó un 30%, la demanda de la humanidad sobre los recursos naturales se duplicó.

Dicho de otro modo, el nivel de consumo superó ampliamente la capacidad de recuperación de la Tierra y estamos consumiendo nuestras reservas. A mayor crecimiento económico, mayor demanda de alimentos, energía, transporte, espacio para infraestructura y residuos, por mencionar solo algunos requerimientos. El crecimiento geométrico de la población mundial exige encontrar nuevas formas de desarrollo que no impliquen un impacto mayor en los recursos naturales.

Además de la alarmante pérdida de biodiversidad -que en los países tropicales alcanza un 60% de la fauna y flora originales-, la ONG alerta sobre la situación global de los recursos pesqueros que se encuentran agotados en un 70%, de los bosques, que han sufrido una deforestación anual de 13 millones de hectáreas -aproximadamente la superficie de Grecia- en la última década, y de la fauna, ya que un quinto de las especies animales de la tierra está en peligro de extinción. “De seguir a este ritmo, en 2030 la población mundial necesitará los recursos de dos planetas para satisfacer sus demandas”, alerta.

Si bien este panorama nos ubica en una posición estratégica ante un futuro con recursos limitados, no debemos descuidar nuestro potencial. De hecho, la Argentina no escapa a esta situación global y, aunque el consumo interno no es tan elevado como, por ejemplo, el de la Unión Europea, China, Estados Unidos o la India, exporta buena parte de su producción, principalmente en commodities agrícolas, productos ganaderos, forestales y de la pesca.

“El impacto del consumo no depende solo de nosotros sino también de la dinámica económica global”, afirma Moreno. “Para dar un ejemplo, el 90% de la producción anual de merluza -que es el principal recurso pesquero que tiene la Argentina- se exporta y solo consumimos el 10% de lo que el Mar Argentino está produciendo”.

LAS CLAVES

Una actividad que ha impactado en nuestra riqueza natural es la expansión de la frontera agrícola, principalmente de la mano de la soja. “Esta realidad ha generado una presión muy fuerte sobre los bosques nativos en el norte del país. La tasa de deforestación de Argentina alcanza el uno por ciento anual, muy por encima del promedio mundial. En los últimos diez años se deforestaron 300 mil hectáreas promedio anuales (un equivalente a 15 veces la ciudad de Buenos Aires)”, especifica Moreno.

La región más perjudicada es la chaqueña, debido a que los bosques del Gran Chaco, en las provincias de Salta y Santiago del Estero y sectores de Chaco y Formosa, son las áreas de exportaciones más fuertes.

“Al perder estos recursos vamos perdiendo la capacidad de los ecosistemas de proveer servicios ambientales, cuidar las fuentes de agua, sostener la diversidad biológica y el sustento de muchas comunidades rurales indígenas que viven de los productos y servicios de los bosques nativos. Además no olvidemos que la deforestación es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global”.

Para tratar de paliar un poco esta situación, algunas provincias han comenzado planes de recuperación de bosques nativos. “La recuperación es factible pero siempre es más barato evitar la deforestación”, sentencia Moreno. Y cuenta que en el Congreso Forestal Mundial realizado en 2009, la provincia de Misiones asumió el compromiso de alcanzar la deforestación cero para el año 2020, compromiso que implica no solo reducir el nivel de deforestación sino también avanzar en planes de recuperación de bosques nativos.

“La Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) viene trabajando en un plan piloto en el noreste de la provincia, a través del cual ya llevamos plantados unos 70 árboles y hemos desarrollado unas técnicas de recuperación que esperamos poder llevar a escala nacional”.

Otro recurso seriamente amenazado es la pesquería. Pese a tener una de las plataformas continentales más productivas y amplias del mundo -que abarca una superficie de alrededor de cuatro millones de kilómetros cuadrados-, muchos de los principales recursos pesqueros argentinos sufren de sobreexplotación, debido a la escasez de controles y las exiguas herramientas de planificación.

“El stock de ejemplares adultos de merluza, por ejemplo, principal recurso del que dependen casi 20 mil puestos de trabajo en forma directa en la provincia de Buenos Aires y las provincias patagónicas, se redujo en un 80% en los últimos 20 años, comprometiendo no solo la especie en sí sino también la actividad económica que sustenta”.

La reducción de reproductores significa que hoy hay muchos menos peces y lo que se está pescando son juveniles, o sea ejemplares que no han llegado a reproducirse. El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero estima que en 2009, el 60 % de la pesca se compuso de ejemplares juveniles, lo cual significa que ese recurso no va a poder seguir siendo productivo en los próximos años.

Consultado acerca de la regulación de esta actividad, Moreno explica que la legislación existe, pero no se aplica y que el mayor problema que tenemos es la ausencia de una visión de largo plazo que nos permita saber adónde queremos llegar con nuestros recursos.

“Deberíamos dejar de tomar medidas de acuerdo con informes puntuales y desarrollar un plan de manejo integral, administrando algunas técnicas de pesquería -como el uso de dispositivos de selectividad que permiten que los juveniles se escapen de las redes- que nos permitan recuperar el nivel de productividad. Para todo eso hace falta una fuerte visión política, una estrategia de mediano plazo y un costo que alguien deberá asumir. Estas crisis son recurrentes y el costo siempre se paga, el tema es en qué momento: si para cubrir una emergencia o para evitar el colapso”, reflexiona el director de FVSA.

Otro tema importante y pendiente en el sector del Mar Argentino es el relacionado con los hidrocarburos. “Hay algunas áreas como el Golfo San Jorge y el estrecho de Magallanes donde hay una incipiente explotación, pero es reciente y no hay aún un marco legal que regule la actividad. Es un tema que tenemos que empezar a prever porque la Argentina tiene un horizonte de reservas energéticas bastante acotado y debemos estudiar cómo desarrollar la exploración para disminuir los riesgos ambientales”.

Una de las regiones menos atendidas en cuanto a la conservación -menos del uno por ciento de su superficie está protegida- son los pastizales, ubicados en la zona centro del país. El pastizal pampeano, la pampa típica que tanto nos identifica, ha perdido más del 60% de su superficie original, convertida en área de cultivo, y el 40% restante se encuentra degradado por sobreexplotación.

Nos queda un poco más de 30% de pastizales naturales, concentrados en algunas áreas donde la producción agrícola no ingresó por limitaciones en el suelo. Estos sitios suelen utilizarse para la ganadería de cría, por ejemplo. La cuenca del río Salado es una de las grandes cuencas donde se realiza esta ganadería, ya que no es apta para la agricultura por su suelo salino e inundable”.

Como el sobrepastoreo es un problema complicado y extendido en toda la región, Moreno explica que desde la Fundación están trabajando -junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y la Universidad de Buenos Aires- en promover buenas prácticas ganaderas que permitan mejorar el pastizal en términos productivos y ambientales.

El problema más grave que se da en la actualidad es el desarrollo de los monocultivos en zonas donde alternaban distintos tipos de cultivo con la hacienda. Es un efecto dominó: debido a la expansión de la soja, la ganadería debió mudarse a otras áreas, en algunas de ellas esto provocó que aumentara el nivel de deforestación y en otras se incrementó muchísimo la carga ganadera promedio. Todo este proceso afecta seriamente los pastizales naturales de la región pampeana”, sintetiza.

Por último, se encuentra la región cuyana, caracterizada por la presencia de glaciares de alta montaña que han quedado bajo el amparo de la recientemente aprobada Ley de Glaciares, que “surgió como una iniciativa para conservar las reservas de agua dulce que tiene nuestro país”.

Moreno advierte sobre la complejidad que va a tener la implementación de esta ley, a raíz de que durante el debate para su aprobación el foco no estuvo puesto en la protección de las fuentes de agua sino en la controversia minería sí o no.

“Son cosas distintas. Es necesario que Argentina tenga una Ley de Glaciares o mejor aun en protección de recursos hídricos, lo que también necesitamos es tener un debate más serio y profundo sobre el perfil de la actividad minera y repensar cómo se está desarrollando, cuáles son sus impactos y de qué manera reducirlos. Otro tema central es el inventario de los glaciares, que va a permitir planificar los recursos, una cuestión indispensable para entender en qué situación estamos y cuáles son las alternativas”.

LAS AMENAZAS

Las principales presiones que ejerce la actividad humana en los ecosistemas son la pérdida del hábitat o su alteración; la sobreexplotación de especies silvestres animales o vegetales; la contaminación, por vertidos urbanos e industriales o uso excesivo de plaguicidas; el cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles y la deforestación, entre otros; y las especies invasoras que terminan depredando a las autóctonas.

Para el director de Vida Silvestre, aunque en nuestro país padecemos un poco de cada uno de estos males, los dos más importantes son la pérdida de los ecosistemas y la sobreexplotación de especies.

Respecto a la contaminación, considera que está asociada sobre todo a centros urbanos -el caso del Riachuelo es más que ejemplificador-, por lo cual no es un problema generalizado, pese a que afecta a buena parte de la población.

El cambio climático, por el contrario, concierne a todo el territorio y, aunque la Argentina no tiene un rol tan relevante por la escasa emisión de gases de efecto invernadero, Moreno opina que deberíamos empezar a desarrollar medidas de mitigación y adaptación.

Por último, están las especies invasoras que representan un problema para la agricultura. “Hay algunas que generan impactos económicos y otras, en los ecosistemas y áreas protegidas. Un caso emblemático es el de El Palmar, que de ser un pastizal con palmeras se está transformando en un bosque de paraísos, especie originaria de Asia”.

LA HUELLA ECOLÓGICA

El nivel del impacto que ejercen las actividades humanas sobre los sistemas naturales -denominado “huella ecológica”- depende de factores como la cantidad de población, el estilo de vida que se lleve y el buen uso de los recursos naturales.

Si toda la humanidad viviera como los países desarrollados, se necesitarían cuatro planetas para cubrir las demandas. De hecho, en la actualidad las naciones ricas ya no logran satisfacer sus necesidades y deben buscar recursos en otras partes del planeta, y esto se traduce en una grave pérdida de biodiversidad en los países de bajos ingresos.

Según datos del Informe Planeta Vivo, en los últimos 40 años, la biodiversidad de los países con ingresos altos aumentó alrededor del 5%, mientras que en los de ingresos medios y bajos disminuyó entre el 25 y el 58%.

“Estas estadísticas demuestran que los países desarrollados están invirtiendo en la conservación de sus recursos a diferencia de los países en desarrollo, que deben aprovecharlos al máximo de su capacidad, muchas veces para uso de los primeros”, analiza Moreno. Urge entonces que los seres humanos comprendamos que dependemos de los ecosistemas para vivir y que poner en riesgo la biodiversidad es arriesgar la subsistencia.

LA IMPORTANCIA DE LA CONSERVACIÓN

“Una herramienta clave para la conservación y el uso sostenible de los recursos es la creación de nuevas áreas protegidas y el efectivo manejo de las ya existentes”, declara el especialista.

Un paso importante en este sentido fueron los compromisos asumidos en la Convención de Diversidad Biológica (COP 10) desarrollada en Nagoya, Japón, en el mes de octubre de este año, cuando 190 países acordaron conservar un 17% de la superficie terrestre y un 10% de superficie marina en todo el mundo, en tanto en la actualidad el promedio global es de12 y 6,6% respectivamente.

La realidad argentina dista mucho de estos porcentajes: en todo el territorio nacional, la superficie terrestre protegida es del 7,7% y la marina, del 1,8% del Mar Argentino y del 1% de alta mar. La buena noticia es que a nivel global se determinó la importancia de cuidar los ecosistemas del planeta y a nivel local, la Administración de Parques Nacionales anunció la creación de tres nuevos parques marinos en el Mar Argentino para 2020.

Cuando se dan las condiciones necesarias, la naturaleza puede regenerarse y eso es lo que suele ocurrir en las áreas protegidas. De hecho, no solo mejora la situación ambiental sino también las actividades económicas y las poblaciones que viven en ellas”, declara.

En cuanto a las tres nuevas áreas marinas protegidas -una en la provincia de Chubut y dos en Santa Cruz-, Diego Moreno explica que se trata de unas de las más ricas del mundo ya que “en ellas se desarrollan pesquerías de calamar y merluza y también cuentan con rutas migratorias para la fauna marina como la ballena franca austral y los pingüinos, entre otros animales”.

Otro importante instrumento de gestión que permite definir qué áreas del territorio se destinarán para distintos usos, según su importancia y las necesidades del conjunto de la sociedad, es el denominado “ordenamiento territorial, que permite compatibilizar desarrollo y conservación”.

Definitivamente, es indispensable buscar modelos productivos que preserven los recursos naturales a largo plazo y permitan dejar de lado la falsa antinomia desarrollo-sustentabilidad. “Debemos ampliar nuestra visión y conciliar la economía con el componente ambiental y social, promoviendo prácticas de consumo responsable. Es posible, pero debemos tomar plena conciencia de ello porque de lo contrario todas las iniciativas que se desarrollen al respecto van a carecer de sentido”, resume Diego Moreno.

Pensamiento argentino

Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro

(Del libro 1984, de George Orwell)

El mundo trajina sus horas más difíciles desde que el suicidio del joven tunecino Mohamed Bouaziz iniciara un maremágnum que arrasó con el mundo árabe, tal como lo habíamos conocido, y hasta llevó a Libia a la guerra contra las potencias centrales del planeta.

Argentina: contradicción y esperanza

“Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”.

Manuel Belgrano

Cultura popular japonesa: los embajadores del siglo XII

El país del sol naciente está trabajando fuertemente en un nuevo canal diplomático. Después de ser una superpotencia económica, hoy Japón apuesta a la cultura para mejorar la relación con otros Estados. Desde las manifestaciones más populares hasta las artes de mayor refinamiento se convirtieron en la cara visible de una nación que ha sabido renovarse y marcar la tendencia a nivel global.

Vivencias de la Antártida

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Dos hechos lo presentan: el raid al Polo Sur en moto, con el nacimiento del siglo, y el doble rescate de varios hombres sepultados en las grietas antárticas. El coronel Figueroa relata la historia de esas gestas que condujo con valerosos compañeros en el inhóspito continente blanco.