InicioDefensaWeisert: “Está claro que no me eligieron por ser mujer”

Weisert: “Está claro que no me eligieron por ser mujer”

Desde 2009, es la directora del Instituto Geográfico Nacional. DEF la entrevistó y develó el secreto de manejarse en un puesto que por más de un siglo estuvo en manos de los hombres de uniforme.

Por Lauro Noro / Fotos: Fernando Calzada.  

En un ambiente netamente masculino, apareció ella. Simpática, rápida en las respuestas, de mediana estatura, pelo corto, este año va a cumplir dos años como directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN). Es Liliana Weisert (53), casada, con una hija, licenciada en Economía y con dos posgrados en Administración Pública y Recursos Humanos. Capricorniana, nacida en San Martín, provincia de Buenos Aires, si bien porta el apellido alemán de su papá, hace honor a la ascendencia italiana de su mamá, oriunda de Roma, por su desenvoltura y gracia para hablar.

Cuando a mediados de junio de 2009 se hizo cargo del IGN, asegura que no lo hizo sola. “Vine con Julio César Benedetti, ingeniero geógrafo y coronel, que trabajó durante mucho tiempo y muy bien aquí; de modo que lo hice con una ayuda muy fuerte de alguien que conoce la cultura militar, nuestro territorio mejor que nadie, los procesos de cartografía y metodología de levantamiento de la información, y con un gran compromiso con la gestión. Por eso, de alguna manera, mi tarea es más sencilla”.

Y en este punto, confiesa que “nunca me había tocado trabajar con militares, lo que para mí fue una sorpresa en el buen sentido. Todos los días aprendo de ellos porque tienen sus propias normas y reglas. Nosotros intentamos no dar órdenes sino instrucciones y que la gente se sienta cómoda siguiéndolas. Y, sobre todo, que pueda disentir. Escucho mucho y puedo cambiar de opinión si el otro me convence de que estoy equivocada”.

TAREA A MEDIDA

Muchos se preguntarán cómo una mujer llegó a ocupar un cargo históricamente destinado a los hombres, y específicamente a los militares. Con esa suerte de intríngulis, nos sentamos del otro lado de su despacho, en las oficinas de la avenida Cabildo, en pleno barrio de Belgrano. “¡Qué pregunta! ¡Qué pregunta!”, repite con una amplia sonrisa.

“Está claro que no me eligieron por ser mujer, sino simplemente entendieron, sobre todo la ministra de Defensa  (NdelR: en el momento del reportaje, en la segunda semana de diciembre del año pasado, todavía estaba en funciones la doctora Nilda Garré), que en el proceso de transformar este instituto, como el Servicio Meteorológico Nacional -un viejo anhelo de su gestión-, para ‘civilizarlos’, aunque no sea exactamente esa la palabra, se buscaba dar un servicio de bien social y no solo militar. Así fue que me llamaron para cumplir esta función”. Venía con una experiencia, desde 2002, en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde ocupaba el cargo de directora de Recursos Humanos.

-¿Desde cuándo se produjo ese cambio de IGM por IGN?

-Comenzó en 1996 y concluyó en 2009. En aquel año, el organismo salió de la órbita de las Fuerzas Armadas y se convirtió en un ente descentralizado del Ministerio de Defensa, que hoy está bajo la órbita de la Secretaría de Planeamiento.

-¿Por qué no hay una dependencia directa?

-Hay un montón de decisiones que se toman a nivel dirección, por ejemplo para firmar un convenio con un gobernador, no lo hacen ni el secretario ni el ministro porque tengo la autoridad para suscribirlo. Y esto da una gran libertad de acción en lo específico. Y también contamos con otras peculiaridades, como tener staff propio, una cierta independencia económica porque generamos recursos propios con la venta de servicios de medición, mapas y cartografía conjunta con las 24 provincias, en escala uno en cien mil y trabajos para organismos nacionales.

-¿Entre ellos?

-La medición de algún punto geográfico para la Cancillería y la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica); la unificación de la base de datos de localidades con el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos); la delimitación del Camino del Inca con la secretaría de Cultura, donde están involucradas cinco o seis provincias argentinas y que serpentea por Bolivia, Perú y Ecuador; la deriva del terreno y las curvas de nivel para cultivos y riego del Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (PROSAP), en Tucumán; y también, un acuerdo con Lacumar sobre la cuenca Matanza-Riachuelo que, lamentablemente, no terminamos de concretar.

-¿Cuáles son los problemas más comunes que encuentran? Porque también entre las provincias existen disputas territoriales.

-Por supuesto que las hay, pero nosotros siempre hemos sido muy claros en este punto: no somos autoridad arbitral y no podemos meternos en los conflictos que existen por diferentes cuestiones. No es nuestra función. No estamos creados para eso. Podemos ayudar y eventualmente, si nos lo solicitan, hacer alguna intervención pero que no beneficie ni perjudique a ninguna de las partes. Atendemos a las cuestiones técnicas; las políticas deberán dirimirlas los propios gobiernos provinciales.

LA TRANSICIÓN

El diálogo se interrumpe por una llamada telefónica. Terminada la pausa, el fotógrafo aprovecha para pedirle una serie de mapas que ayuden a su trabajo. Weisert se levanta, los busca y los lleva a una enorme mesa donde quedan listos para la instantánea. En ese momento, cuando vuelve a retomar la entrevista, una inquietud sigue flotando.

-Explíqueme, licenciada, ¿cómo fue ese tránsito de lo militar a lo civil?

-No fue, está siendo. Creo que es bastante ordenado. No siento que se haya generado un conflicto muy fuerte. Por supuesto hay roces, acomodamientos. Tratamos de diseñar y solidificar las nuevas estructuras sobre el personal civil que en muchos casos reemplazó la conducción castrense. Es el caso del escalafón y la cotidianidad de ver cómo se transitan estos cambios. Pero seguimos teniendo prácticamente un tercio de nuestra fuerza laboral en manos de los militares. Y pretendemos que siga siendo así porque ellos están muy preparados; incluso, algunos son geógrafos, y la mayoría, técnicos que han egresado de la Escuela Superior Técnica del Ejército y de otros institutos castrenses y que hace muchos años vienen trabajando en el IGN. Además, hay nuevas generaciones de militares que pretenden sumarse a nosotros.

-¿Se enojaron con usted?

-No. Enojarse, no. Obviamente, hemos tenido nuestras diferencias. Algunos se han ido y no quisieron seguir participando de este proceso. Se sentían más cómodos prestando servicios en el Ejército. Entiendo que no debe ser sencillo encontrarse con estos cambios.

-Y menos que le hayan puesto a una mujer para dirigirlos.

-(Se ríe) En lo conceptual, diría que debe haber sido un cimbronazo; pero en lo vivencial, en el día a día, no sentí que me afectara personalmente ni tampoco que experimentara algún menoscabo del otro lado frente a mi presencia. La gente se hubiera ido igual si en lugar de mí hubiera estado un varón civil.

-Pero militares quedaron…

-Sí, sí. Tanto el Ejército principalmente, como las otras Fuerzas Armadas, necesitan de una cartografía temática para un desplazamiento de tropas, cuando tienen que hacer alguna intervención de tipo humanitaria; además, tienen que conocer y representar la zona y la geografía donde están establecidos.

FAMA Y PRESTIGIO

Aparte de esa temática específica, la directora del IGN detalla varios de los servicios que prestan. “El trabajo que se ha hecho desde siempre tiene que ver con la cartografía que nos demanda desde un investigador, un docente, un alumno, hasta un empresario y un turista, sobre un territorio en el que quiera desarrollar alguna actividad. Y también, desde resto del Estado, cuando busca hacer alguna inversión como un polo de desarrollo -la traza de una autopista, el establecimiento de un gasoducto-, que necesitan conocer y tener una representación general del lugar específico”.

-¿El satélite es de gran ayuda?

-Por supuesto, pero cuenta parte de la historia. Da una visión panorámica. No alcanza. Hay quienes interpretan rápidamente una carta satelital; sin embargo, si ven un establecimiento rural que se nota por el cuadriculado de los cultivos, deben hacer también nomenclatura; o sea, saber cómo se llama, cuáles son las rutas que lo atraviesan, etcétera.

-Entonces, ¿es necesario ir a los lugares para ver las cosas in situ?

-Trabajamos mucho en el terreno. En este momento hay más de seis comisiones desplegadas. Y esto no es nada comparado con otras épocas, cuando no había satélite ni avión para relevamiento aerofotográfico, que es una de las herramientas con las que ahora contamos, dotadas de cámaras muy potentes.

-¿De qué manera transfieren los conocimientos a las generaciones jóvenes, ya que es muy común que cuando los veteranos se jubilan se vayan con ellos?

-Es un problema que en general tiene todo el Estado. Hay muchas trabas para el ingreso de personal. Es costoso desde el punto de vista presupuestario, entonces se va alguien y generalmente esa vacante no se cubre o se congela. Por lo tanto, los planteles van envejeciendo. Nuestro promedio de edad es muy alto. Estamos contratando personal transitorio más joven, lo que nos permite el artículo 9 de la Ley de Empleo.

-¿Hacen algún tipo de aviso o promoción para captar gente?

-Nuestra tarea es muy técnica, muy específica. No es que pongamos un aviso en un diario pidiendo una empleada administrativa o una secretaria y tengamos una cola de 40 o 50 postulantes en la puerta. Buscamos un topógrafo y probablemente vengan uno o dos, si vienen, porque además les está yendo muy bien en el mercado (dice con una sonrisa). Es difícil competir con los salarios del sector privado.

-¿Cómo está armada la cuestión de la capacitación?

-Tenemos varias formas. Por un lado, las históricas que siempre ha tenido el Ejército. O sea, la Escuela Superior Técnica con su carrera de geógrafo. No hay muchos egresados por año, pero hoy tenemos dos ingenieras civiles salidas de ese instituto trabajando en el IGN. Y por el otro, lo que llamamos “La Escuelita”, que también depende de la EST, donde se dicta un curso para personal militar exclusivamente sobre servicios técnicos geográficos. Tiene una duración de dos años y los alumnos aprenden a manejar herramientas relacionadas con la cartografía. Y acaba de crearse la tecnicatura en geomática, de tres años, que lo reemplazaría con una estructura más formal, que otorga un título terciario y extendido también para los civiles. Empieza este año. Estamos desandando el camino.

-¿Qué es el Centro de Capacitación en Ciencias Geográficas?

-Es una estructura que hace muchos años está en funcionamiento con personal del IGN en temas específicos: sistemas de información geográfica, interpretación de imágenes satelitales, geodesia, etcétera. Son cursos ad hoc, pero donde gente del ambiente privado o personal del sector público -interesada en temas que tienen que ver con nuestro quehacer-, pueden hacerlos, y luego aplicar esos conocimientos en donde actúen.

-Si lo dice el IGN, ¿es palabra santa?

-Por su calidad, el Instituto tiene una fama bien ganada en la comunidad geográfica nacional e internacional. Son muchos años de reconocimiento. Obviamente, en todo lo que tenga que ver con los límites entre países, el IGN es el órgano representativo por excelencia. Por supuesto, la Ley nos otorga la potestad de la representación oficial de la República Argentina.

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