En los últimos años, el mapa político de América Latina experimentó transformaciones profundas. Figuras como Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, junto con victorias e hitos electorales de Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia, lograron redirigir el debate democrático regional.
Sin embargo, para Iván Witker, encasillar este fenómeno bajo el rótulo simplista de un “giro a la derecha” o una alternancia política habitual resulta insuficiente para comprender la complejidad del momento. De acuerdo con el académico de la Universidad Central e investigador de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), estos liderazgos responden más bien a lo que Hegel denominó el Zeitgeist, es decir, el “espíritu de los tiempos”.
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Zeitgeist en América Latina: fracaso de la política tradicional y soluciones inusuales
Para entender el ascenso de estas figuras, es indispensable analizar los factores objetivos de fondo. No se trata de hechos fortuitos ni de una repentina conversión ideológica de las sociedades, sino del agotamiento extremo de la clase política tradicional.
En Perú, el cansancio social tras años de inestabilidad legislativa y constantes destituciones presidenciales generó, según Witker “un marasmo”, en el cual “la sociedad debía estar soportando un transitar poco saludable con la economía marchando por carril completamente separado del de la política”. Este desgaste institucional acumulado allanó el camino para el triunfo de opciones decisivas.

Por su parte, en Colombia se produjo una marcada insatisfacción con los resultados, sobre todo en seguridad, donde liderazgos con discursos tajantes como el de De la Espriella lograron captar el descontento ciudadano.
Un factor coincidente en estos dos países, y también en Chile, es el discurso de la mano dura, una respuesta a la sensación de emergencia alimentada por la violencia descontrolada y los flujos migratorios sin regulación.
El fenómeno de Javier Milei en Argentina
Aunque cada país presenta particularidades, el caso argentino encaja dentro de la misma dinámica de hartazgo. El factor determinante en la victoria de Javier Milei no fue una contienda tradicional entre bloques políticos opuestos, sino la urgencia por resolver el fracaso en la gestión económica.
“No ganó un político tradicional del bando opuesto, como tampoco uno de tipo mesiánico o folklórico, tal cual sucede en momentos de crisis y abundan en América Latina. Mi impresión es que la ciudadanía argentina se negó a seguir rutinizando los desenlaces electorales“, explicó Iván Witker.
En lugar de elegir la alternancia convencional, el electorado optó por una ruptura con las fórmulas pasadas que no ofrecían respuestas tangibles.
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Figuras como Nayib Bukele, ¿son realmente “derechistas”?
Para el investigador de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, uno de los principales errores del análisis político tradicional es catalogar automáticamente a estos líderes y simplificar el diagnóstico de los resultados electorales.
Un ejemplo que cita el propio especialista es el de Nayib Bukele, considerado hoy uno de los exponentes más fuertes de la derecha, pero que comenzó en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, una fuerza de izquierda en El Salvador.

“No es que de pronto se hayan convertido al ‘derechismo’ o se hayan iluminado con tal o cual escuela de pensamiento. Simplemente supieron captar lo que yo llamo el ‘espíritu de los tiempos’ en cada uno de sus países, afectados por problemas extremadamente acuciantes”, sostiene Witker.
Otro aspecto central a considerar es que estos liderazgos alcanzaron el poder mediante voto universal, popular, secreto e informado, lo que refleja una decisión consciente de las mayorías.
Como conclusión sobre el Zeitgeist que atraviesa América Latina, Iván Witker señala que estos liderazgos alcanzaron el poder mediante voto universal, popular, secreto e informado, lo que refleja una decisión consciente de las mayorías y su futuro recaerá en las determinaciones de la propia ciudadanía.




