A falta de las elecciones en Brasil, América Latina se encamina a hacer una región agrupada en la derecha del espectro político. Con los ejemplos recientes de Argentina, Colombia, Chile, Perú y Ecuador, Estados Unidos parece aventajar a China en la pelea por la influencia en el hemisferio occidental.
De la mano de Iván Witker, académico de la Universidad Central e investigador de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), analizamos la reestructuración geopolítica en América Latina tras el triunfo de los gobiernos de derecha y qué puede pasar con la estrategia de Pekín.
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Un nuevo tablero político: Del ciclo bolivariano al realineamiento conservador
América Latina atraviesa una profunda transformación política. Tras años dominados en gran medida por administraciones de corte bolivariano o progresista, la región experimenta un giro hacia la derecha. Este cambio no responde únicamente a dinámicas locales, sino a un fenómeno de descontento social y a la irrupción de discursos más asertivos.
De acuerdo con Iván Witker, este tránsito se explica a partir de dos claves fundamentales:
En primer lugar, el “Efecto Trump” y el discurso desinhibido. “La figura de Donald Trump ha revitalizado a sectores conservadores que se veían opacados. Más allá de una revitalización de contenidos, son las conductas desinhibidas y el discurso trumpista los que han producido esta capacidad capturar a electorados desencantados con sus gobiernos, sea por ineficiencia o por corrupción desembozada”.

A esto se le suma una coincidencia de un segundo factor. Todas las plataformas programáticas tienen en común poner los temas de seguridad e inmigración descontrolada en el centro de las preocupaciones.
Sin embargo, el especialista considera que “la sostenibilidad de estas nuevas élites estará en directa relación con su capacidad de abordar satisfactoriamente los desafíos de seguridad y migración”.
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Estados Unidos vs. China: ¿quién prevalece en América Latina?
El giro político coincide con una tendencia global insoslayable: la consolidación de China continental como una potencia económica y logística clave.
“Esto plantea un interesante signo de interrogación. Las nuevas élites están formadas por políticos emergentes (más unos pocos reciclados de partidos antiguos) y una franja de tecnócratas fuertemente politizados -los llamados technopols- que tienen visiones dispersas ante el mundo que emerge. Por eso, la articulación estratégica en torno a Washington no es vista con la misma intensidad por todos. A eso debe unirse que muchos miembros de las elites económicas entienden que la relación con China es inevitable”, expresó Iván Witker.
En ese sentido, la presión estadounidense sobre América Latina podría ir en el sentido de remarcar las líneas rojas. Puede haber mucho comercio, pero en materias sensibles, como seguridad y defensa, deberían hacerse presente conductas más restrictivas.

Sin embargo, para Pekín, las inversiones realizadas en infraestructura crítica y comercio en el hemisferio occidental son puntos clave para entender lo que puede pasar en el futuro.
Uno de los puntos de máxima fricción geopolítica en Sudamérica es el Megapuerto de Chancay en Perú, un megaproyecto clave impulsado por la estatal china Cosco Shipping. Con la victoria de Keiko Fujimori, la geoeconomía del país entra en un delicado equilibrio.
“Keiko se formó en Estados Unidos y tiene directa ascendencia japonesa. Esos indicadores, más la herencia paterna, sugieren que buscará ser engranaje activo del re-alineamiento hemisférico y que será una aliada importante en el diseño de la administración Trump para el hemisferio. La relación Perú/EEUU y Perú/Japón se divisa promisoria”, estableció el investigador de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE)
De momento, el triunfo de la derecha en América Latina no implica una ruptura total con China, sino el paso de una relación de permisividad abierta a una diplomacia de contención pragmática. China mantendrá su peso como motor comercial, pero Washington recupera terreno en el ámbito de la defensa y la seguridad geopolítica, marcando límites claros a la expansión del gigante asiático en infraestructuras críticas.




