El reciente acuerdo nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudita puso en debate el futuro del régimen global de no proliferación y reavivó una comparación inevitable entre el incipiente programa saudí y el controvertido programa nuclear iraní. ¿Podría Arabia Saudita, con el tiempo, transformarse en un actor tan riesgoso como lo es Irán en la actualidad?
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Para analizar esta comparación y sus implicancias para la estabilidad regional, DEF dialogó con Irma Argüello, estratega internacional y presidente de la Fundación de No Proliferación para la Seguridad Global (NPSGLOBAL).
Arabia Saudita e Irán: dos programas nucleares, dos puntos de partida muy distintos
En este sentido, Argüello fue tajante al describir que, técnicamente, “los puntos de partida son muy distintos”. Irán posee una infraestructura nuclear avanzada, de desarrollo propio, experiencia acumulada en enriquecimiento y un historial prolongado de controversias con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre actividades y materiales no declarados.
Arabia Saudita, en cambio, no cuenta hoy con una infraestructura industrial de enriquecimiento comparable. Su programa nuclear civil se encuentra en una etapa mucho más temprana y dependerá, inicialmente, de tecnología y proveedores extranjeros.

Por eso, explicó la especialista, los riesgos que representa cada país también son distintos. Sobre Irán, precisó que “el riesgo es el de un breakout desde capacidades ya instaladas, la posibilidad de producir rápidamente material físil de grado militar suficiente para un arma nuclear, si se adoptara esa decisión”. Ese riesgo, agregó, aumentó de manera significativa después de la salida de Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), lo que produjo que Irán redujera de manera progresiva sus compromisos y elevara su nivel de enriquecimiento hasta el 60%.
Sobre Arabia Saudita, Argüello fue clara al marcar la diferencia: “El riesgo sería construir gradualmente una capacidad tecnológica y una opción estratégica que hoy no posee”.
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Programa nuclear: por qué el factor iraní marca el cálculo saudí
Políticamente, ambos casos están conectados por la dinámica estratégica de Medio Oriente. Argüello recordó que Mohammed bin Salman declaró en 2018 que Arabia Saudita no buscaba una bomba nuclear, pero que procuraría obtenerla rápidamente si Irán llegaba a desarrollar una. Para la especialista, esa afirmación demuestra que “el cálculo saudí siempre estuvo ligado a la evolución del programa iraní”.
Consultada sobre si el nuevo acuerdo podría desatar una carrera armamentística en la región, Argüello indicó que “el acuerdo no provocaría por sí solo una carrera armamentística, pero sin dudas aumenta las tensiones en Oriente Medio”. Del lado iraní, aclaró, funciona como un argumento adicional para preservar e incrementar sus propias capacidades nucleares, sobre todo si el pacto incluye la adhesión saudí a los Acuerdos de Abraham.

En tanto, para Estados Unidos el acuerdo ofrece una oportunidad de mayor presencia regional y una apertura significativa para sus exportaciones nucleares. Además, la experta advirtió que, si el acuerdo resulta laxo en sus condiciones, “una flexibilización para Arabia Saudita podría generar presiones para revisar compromisos más restrictivos asumidos por otros socios” de Washington en la región.
Por último, Argüello expresó que una eventual normalización entre Arabia Saudita e Israel podría contribuir a una arquitectura regional de cooperación y reducir algunas tensiones, aunque al mismo tiempo profundizaría el aislamiento de Irán. Mientras Riad mantenga como condición para esa normalización avances sustantivos hacia un “Estado palestino, el componente político de todo el acuerdo será incierto”, puntualizó la presidente de la Fundación de No Proliferación para la Seguridad Global.




