En los últimos años, Medio Oriente dejó de ser un tema reservado a los especialistas en geopolítica para convertirse en una cobertura obligada en todo el mundo. Definitivamente, lo que ocurre en ese punto del mundo ya no puede leerse como un conflicto meramente regional.
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¿Cómo es la compleja red de líderes políticos y militares que disputan influencia en uno de los escenarios más sensibles del mundo actual? Para entender este mapa de poder, DEF recurrió al coronel (retirado) Omar Locatelli, un experto en el tema.
Israel, epicentro en Medio Oriente
El primer actor detectado por Locatelli es Israel. Para él se trata del núcleo del conflicto actual: “Enfrenta combates simultáneos contra las milicias del denominado ‘Eje de la Resistencia´“.
Allí, además, identifica a diferentes actores clave. Por un lado, Benjamin Netanyahu, el primer ministro.“Es el máximo responsable político y líder del gobierno israelí. Define la estrategia de “guerra total” y los objetivos políticos de las operaciones en Gaza y Líbano, así como la postura de línea dura frente a Irán. Su continuidad en el poder está fuertemente ligada al resultado de este conflicto”, describe Locatelli.
Además, destaca al ministro de Defensa, Israel Katz: “Es quien coordina la relación directa entre el gabinete político y las fuerzas armadas. Supervisa la ejecución de las campañas en el Líbano y las respuestas estratégicas contra Irán, asegurando la postura ofensiva del país”. Y, finalmente, a Herzi Halevi, jefe del Estado Mayor de las FDI: “Es el comandante militar de más alto rango en el terreno y encargado de la planificación y ejecución táctica. Administra la superioridad tecnológica, aérea y terrestre de Israel en los múltiples teatros de operaciones”
La República Islámica de Irán, principal rival de Israel
“Irán actúa como la potencia patrocinadora de la red de milicias en la región y el principal rival estratégico de Israel”, aclara el coronel Locatelli al respecto.
En esa línea, considera relevantes a Mojtaba Khamenei, líder supremo y sucesor institucional: “Retiene el poder absoluto sobre las fuerzas armadas, la política exterior y la doctrina ideológica del país. Es quien da el visto bueno final a la confrontación directa con Israel y EE. UU.”.

Otro actor es Masoud Pezeshkian, presidente de Irán. “Aunque pertenece a una facción interna más moderada, en política exterior mantiene el apoyo irrestricto de la república al “Eje de la Resistencia”. Su papel es crucial para manejar la economía de guerra de Irán y la diplomacia en medio de las sanciones internacionales”, dice, al tiempo que rescata la figura de Hossein Salami, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria: “Lidera la fuerza militar y paramilitar de élite de Irán. Controla el brazo encargado de financiar, armar y coordinar de forma directa a grupos como Hezbollah, los houtíes y las milicias shiítas en Siria e Irak”.
El Líbano (y Hezbollah)
El tema con el Líbano, explica el militar, es que allí está Hezbollah, la milicia no estatal más armada del mundo y el aliado más importante de Irán. Además, está en conflicto abierto en la frontera norte de Israel.
En este grupo está Naim Qassem, secretario general de Hezbollah. “Asumió el liderazgo formal tras el asesinato del histórico Hassan Nasrallah. Su injerencia es total en el frente Norte: comanda la resistencia armada libanesa, coordina la estrategia de desgaste con proyectiles contra Israel y maneja el enorme peso político que el grupo mantiene dentro del fragmentado Estado libanés. Además, se suma Joseph Aoun, presidente de Líbano: antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas libanesas, asumió la presidencia tras el largo vacío institucional del país.
Su rol es sumamente delicado, pues representa la institucionalidad del Estado libanés en las mesas de negociación internacionales. Su estrategia se basa en exigir el alto el fuego y la retirada israelí, proponiendo el despliegue del ejército regular libanés en la frontera sur para intentar recuperar la soberanía nacional”, comenta Locatelli.
La Franja de Gaza
No se puede hablar de Medio Oriente sin mencionar a Hamas, el grupo que detonó la escalada regional. Si bien la organización sufrió cambios en su estructura de mando, aún “conserva relevancia operativa y política”.

Para el militar argentino, Hamas ejerce un liderazgo político en el exterior con figuras como Khaled Meshal o Khalil al-Hayya: “Operando principalmente desde el extranjero, son las caras visibles para la negociación de altos al fuego, treguas y el intercambio de rehenes con mediadores internacionales”.
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En cuanto al liderazgo militar operativo, sostiene que, tras sucesivas bajas de altos perfiles (incluyendo a Yahya Sinwar y mandos recientes de las Brigadas Al-Qassam como Izz al-Din al-Haddad), el mando militar actúa de manera altamente descentralizada, manteniendo tácticas de guerrilla urbana dentro de Gaza para evitar el control total israelí.
Estados Unidos, disuasión global y apoyo militar
Para Locatelli, Estados Unidos ejerce un rol de disuasión global, apoyo militar masivo a Israel y reconfiguración diplomática por la fuerza.

En ese contexto, el presidente de EE. UU., Donald Trump, adoptó una postura que impacta en Medio Oriente: “En contra de Irán y con un respaldo incondicional a Israel. Su injerencia radica en el envío de ayuda militar, la imposición de bloqueos económicos severos a Teherán y el intento de forzar acuerdos regionales bajo condiciones de fuerza militar”.
Yemen y los houtíes
En cuanto a Yemen, Locatelli sostiene que internacionalizaron el conflicto atacando las rutas del comercio internacional.
La figura del líder del movimiento Houtí, Abdul-Malik al-Houthi, es trascendental. “Comanda el grupo rebelde que controla el norte de Yemen. Su injerencia radica en el bloqueo de facto al comercio en el Mar Rojo mediante ataques con drones y misiles a embarcaciones comerciales y occidentales, forzando la intervención naval de potencias globales en solidaridad con la causa palestina”, sostiene el experto.
¿Qué otros países tienen influencia en Medio Oriente?
Asimismo, Locatelli plantea que existen otros países que, aunque no participan activamente en el combate, influyen de manera decisiva a través de la diplomacia, el dinero y la geopolítica.
En primer lugar, él recupera a Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudita): “Es el líder de facto de la principal potencia sunita. Aunque busca mantener la estabilidad regional para proteger sus reformas económicas locales (llamada Visión 2030). Su peso radica en que la normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel sigue siendo la gran “moneda de cambio” geopolítica para el futuro de la región. Aunque el Rey Salman bin Abdulaziz sigue siendo formalmente el jefe de Estado, “MBS” es el líder de facto que maneja los destinos del reino. Controla el gigante energético Saudi Aramco y es la voz con mayor peso dentro de la OPEP+”.
En esa línea, el oficial del Ejército Argentino sostiene que la injerencia de este personaje radica en que utiliza el grifo del petróleo para estabilizar la economía mundial ante los choques de la guerra, mientras juega un ajedrez geopolítico donde la normalización de la región es clave para proteger sus reformas internas (llamada Visión 2030).

“Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Catar, y Abdel Fattah el-Sisi, presidente de Egipto son los “puentes” indispensables del conflicto. Actúan como mediadores oficiales entre Israel, EE. UU. y las facciones palestinas, albergando mesas de negociación o controlando fronteras críticas (como el paso de Rafah), siendo vitales para cualquier intento de tregua o gestión de ayuda humanitaria”, agrega Locatelli, al tiempo que señala que, gracias a las reservas de gas natural licuado (GNL), el Emir dirige el centro neurálgico de la mediación en Medio Oriente.
Por su parte, Catar ejecuta una política exterior de “puertas abiertas”: “Alberga la base militar estadounidense más grande de la región (Al Udeid) y, al mismo tiempo, da refugio a la oficina política de Hamás. Esto convierte a Sheikh Tamim en el interlocutor indispensable y el único puente directo y confiable que tienen las potencias occidentales para negociar treguas, corredores humanitarios e intercambio de prisioneros”.
Otro Estado clave en el mapa de la región es Pakistán, con Shehbaz Sharif como primer ministro y Asif Ali Zardari de presidente. “Sharif conduce el poder ejecutivo y la toma de decisiones diarias, Zardari ejerce la jefatura de Estado institucional. La relevancia de Pakistán en este conflicto es de un enorme peso estratégico silencioso: es la única potencia nuclear del mundo islámico. Su rol como mediador es de retaguardia, actuando históricamente como un canal de contención y equilibrio diplomático entre Irán (con quien comparte una frontera altamente sensible) y las monarquías sunitas del Golfo, buscando evitar que el estallido regional fracture la seguridad de Asia Meridional y los corredores económicos que conectan con China”, aclara.
Figuras clave en la nueva geopolítica de Medio Oriente
Locatelli no se detiene solamente en los grupos y Estados que tienen relevancia en esa parte del mundo. También habla de los líderes que moldean esa región.
Para él el presidente de Siria, Ahmed al-Sharaa, no puede ser dejado de lado. Porque, si bien Bashar al-Assad ya no está en el poder (se exilió en Rusia tras el colapso de su régimen), Al-Sharaa (anteriormente conocido por su nombre de guerra, Abu Mohammad al-Julani) asumió en su lugar. “Su injerencia actual radica en la titánica tarea de reconstruir el aparato estatal, estabilizar el país y redefinir las fronteras frente a la histórica influencia de las milicias iraníes, buscando una postura más autónoma en la región”, aclara.

Asimismo, recupera a la figura de Xi Jinping, presidente de China: “Su injerencia no es militar, sino geoestratégica, diplomática y económica de gran alcance. Para Pekín, la estabilidad de Medio Oriente es vital debido a su dependencia del crudo del Golfo y su megaproyecto de la Franja y la Ruta. Actúa como un mediador silencioso de gran peso, capitalizando el desgaste de las potencias occidentales para consolidar su influencia política mediante la diplomacia económica”.
Además, explica Locatelli, no hay que dejar de lado a Sheikh Mohamed bin Zayed Al Nahyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos. “Conocido globalmente como “MBZ”, lidera una de las economías más diversificadas y ricas en petróleo del Golfo (Abu Dabi). Su injerencia se basa en una diplomacia pragmática y multimillonaria: fue el arquitecto detrás de los Acuerdos de Abraham que normalizaron la relación de su país con Israel, pero simultáneamente mantiene abiertos los lazos comerciales y diplomáticos con Irán. Su objetivo principal es evitar que una escalada militar afecte la seguridad de sus puertos logísticos y centros financieros internacionales”, añade.
Los jefes militares con poder
Quienes también tienen un lugar en el tablero de Medio Oriente son los jefes militares (con mayor poder de decisión real). Locatelli explica que los más relevantes están dentro del denominado bloque occidental e Israelí.
Uno de ellos es el almirante Brad Cooper, a cargo del Comando Central de los Estados Unidos. “Es la máxima autoridad militar estadounidense en el teatro de operaciones de Medio Oriente. Diseña y ejecuta las campañas de proyección de fuerza del Pentágono en la región, coordinando la protección de las líneas de comunicación marítimas en el Mar Rojo y la asistencia operacional de alta intensidad”, cuenta el experto.
Otro es el vicealmirante Curt Renshaw, responsable de la Quinta Flota y del Comando Central de las Fuerzas Navales de los Estados Unidos. O sea, es el comandante operativo directo en el agua.
“Desde el cuartel general en Baréin, Renshaw controla los grupos de huelga y combate (incluyendo portaaviones pesados como el USS George H.W. Bush) encargados de patrullar el Golfo, escoltar buques comerciales aliados y responder tácticamente a los ataques asimétricos”, adelantó, al tiempo que agregó que otra figura importante en Medio Oriente es el teniente general Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor de las FDI de Israel: “Dirige la estrategia multidominio en todos los frentes abiertos. Bajo su mando directo, comandantes de operaciones en el terreno como el mayor general Rafi Milo (jefe del Comando Norte de Israel) ejecutan la campaña de desgaste, contención e incursiones contra las posiciones de Hezbollah”.
El eje de la resistencia y actores híbridos
El llamado “Eje de la Resistencia” constituye una red articulada principalmente por Irán que persigue el objetivo de contrarrestar la influencia de Estados Unidos, Israel y sus aliados.

En este contexto, el coronel Omar Locatelli identifica al general de división Esmail Qaani, jefe de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), como un actor clave. “Sigue siendo el estratega de la guerra asimétrica en el terreno. Es el encargado de coordinar la logística, el flujo de armamento avanzado y la cohesión operativa de las diferentes milicias proiraníes distribuidas en el arco Siria-Irak-Líbano”, detalla.
También está el comandante en jefe de las Fuerzas Democráticas Sirias, Mazloum Abdi. ¿Por qué? “Es el líder de las fuerzas militares del norte y este de Siria. Su relevancia radica en mantener la contención operativa contra los remanentes del Estado Islámico (ISIS) y en su actual pragmatismo para negociar la integración de sus unidades con el nuevo gobierno de Damasco, siendo un factor de estabilidad clave en la retaguardia siria”, responde Locatelli.
Uno por uno, los nombres detrás de la estructura de mando de Irán
En Irán, aclara Locatelli, hubo una transformación a raíz de las hostilididades: se pasó de un liderazgo centralizado a una ejecución fragmentada.
En ese contexto, es clave mencionar al general Ahmad Vahidi, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, pues es el cerebro político y militar de la postura maximalista de Teherán: es quien sostiene la orden de mantener el estrecho cerrado y rechazar concesiones frente a la presión militar de Washington.
Otra figura indispensable es la del comodoro Alireza Tangsiri: “Fue el arquitecto original del cierre del Estrecho de Ormuz y el líder histórico de las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, fue eliminado en un ataque de precisión en la ciudad portuaria de Bandar Abbas. Su baja descabezó la estructura naval tradicional de la república islámica”.
Tras la muerte de Tangsiri y gran parte de su plana mayor, Irán activó formalmente su doctrina naval descentralizada. Actualmente, las acciones en Ormuz no responden a un único almirante, sino a comandantes de zonas navales locales autónomas. Lo que explica Locatelli es que éstas jefaturas operan de manera independiente mediante tácticas de guerrilla marítima (siembra de minas, enjambres de lanchas rápidas y baterías de misiles antibuque camufladas en la costa, por ejemplo), lo que asegura que las operaciones de hostigamiento continúen activas de forma automática.
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“Estos líderes, logran demostrar que el conflicto en Medio Oriente posee dos grandes dimensiones invisibles para el público general: la guerra por la seguridad energética global (liderada por MBS y MBZ) y la arquitectura diplomática de contención (sostenida por Catar y Pakistán), sin las cuales la estabilidad internacional ya se habría quebrado por completo”, concluye el especialista, no sin antes detallar que la confrontación en el Ormuz es una colisión doctrinal pura. “Mientras Estados Unidos despliega una estructura jerárquica clásica de proyección de poder tecnológico liderada por Cooper y Renshaw, Irán contrarresta con la “Defensa Mosaico”, una red de mandos locales invisibles diseñada específicamente para que la pérdida de sus líderes de alto rango no detenga la capacidad de colapsar el comercio global de energía”, cierra.
En definitiva, todos estos actores permiten demostrar cómo el conflicto de Medio Oriente que se inició en la frontera de Gaza, actualmente es una red interconectada donde las decisiones de un comandante naval estadounidense en el Mar Rojo o la transición política en Damasco impactan directamente en la seguridad global y la economía internacional.




