En medio de las controversias por el juicio a Meta, empresa propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, por la adicción de sus redes sociales, en Argentina surgió una iniciativa para combatir esta problemática: Pacto Parental. La propuesta, que busca limitar el uso de las pantallas en los más jóvenes, surgió como respuesta a la preocupación de muchas familias por el impacto que la hiperconexión temprana tiene sobre la salud mental, el sueño y la atención de los chicos.
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A diferencia de otras estrategias, esta no apunta a una decisión aislada de cada hogar, sino a un compromiso colectivo entre distintas familias de una misma comunidad escolar. La idea busca evitar que un chico sin celular quede aislado frente a sus compañeros, un argumento que suele ser determinante a la hora de ceder ante la presión social.
El fenómeno también se enmarca en una tendencia internacional, con normas ya vigentes para limitar el acceso de menores a las redes sociales.
Asimismo, cabe recordar que la empresa de tecnología Meta, por la cual se originó todo el debate, llegó finalmente a un acuerdo judicial en Estados Unidos por las demandas vinculadas a la adicción de menores a sus plataformas digitales.
Pacto Parental: cómo nació y de qué se trata la medida contra el uso del smartphone y las redes sociales
El Pacto Parental nació en la provincia de Mendoza, en torno al Colegio San Nicolás, impulsado por Ignacio Castro. Desde ahí, la iniciativa se expandió a otras provincias argentinas y despertó interés en familias de Paraguay, Perú, Colombia y Puerto Rico. Su lógica central es la de retrasar el acceso al smartphone y a las redes sociales para que ningún chico quede excluido frente al resto de sus compañeros.

El acuerdo funciona como un compromiso grupal. Las familias interesadas descargan el documento del pacto, lo comparten con otros padres del curso o de la comunidad, lo firman y lo activan cuando se suman al menos diez familias. Ese piso mínimo busca garantizar que ningún chico quede como la única excepción dentro de su grupo de pertenencia.
En concreto, el documento propone postergar la entrega del primer celular hasta los 13 años. Además, incluye el compromiso de no permitir que los menores abran cuentas ni tengan acceso a redes sociales, al menos hasta los 16 años. La propuesta no apunta a prohibir la tecnología de forma permanente, sino a postergar en el tiempo el momento del primer contacto.
Redes sociales: el contexto que impulsa el debate sobre la adicción digital
Buena parte del impulso detrás de este tipo de acuerdos proviene del debate abierto por el psicólogo Jonathan Haidt en su libro “La generación ansiosa”. El autor resume su propuesta en cuatro normas básicas:
- No entregar un teléfono inteligente antes de la escuela secundaria.
- No permitir redes sociales antes de los 16 años.
- Mantener las escuelas libres de celulares.
- Fomentar más juego libre e independencia en el mundo real.
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En Argentina, el fenómeno tiene una magnitud considerable. Según datos del informe de la UNESCO Kids Online, el 91% de los estudiantes de 11 y 12 años ya tiene celular propio, cifra que aumenta al 97% hacia el final de la secundaria. El promedio de edad en el que los chicos reciben su primer dispositivo es de 9,6 años, muy por debajo de los umbrales que propone el Pacto Parental.
En paralelo, el debate legislativo avanza en Argentina con proyectos que buscan limitar los algoritmos diseñados para generar consumo compulsivo en menores, así como ocurre en el resto del mundo. Dos ejemplos puntuales son Australia y Francia, que ya aprobaron restricciones concretas.




