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Malvinas: inoportuna visita británica

El secretario de Estado británico de Asuntos Exteriores, Hugo Swire, realizó una visita de cuatro días a las islas.

Los curas de Francisco

Ganar la villa

“Para nosotros la villa no es un lugar solo para ayudar; es más bien el ámbito que nos enseña una vida más humana y, por consiguiente, más cristiana.Valoramos la cultura que se da en la villa, que surge del encuentro de los valores más nobles y propios del interior del país o de los países vecinos, con la realidad urbana”.

Documento “Reflexiones sobre la urbanización y el respeto por la cultura villera” (2007)

Ya hemos dicho muchas veces que el tema de la seguridad, la violencia, la influencia del narcotráfico y el delito organizado ha sido una constante preocupación para nuestra publicación desde que la iniciamos en aquel lejano 2002. Esta temática nos llevó a recorrer el continente, a organizar seminarios en Washington y en Colombia y a editar y publicar múltiples notas y libros. Hoy que es tapa cotidiana en todos los medios, que se encuentra en constante escalada y con un incremento de los grados de violencia desconocidos para nuestra sociedad, recién comenzamos a tomar conciencia de que esta historia de muertes y sicarios se instaló en la Argentina para quedarse.

Mientras todos se hacían los distraídos, y aún antes de nuestro incesante trabajo de alerta, en silencio, la Iglesia, de la mano del entonces cardenal Bergoglio, le daba volumen a una ciclópea tarea en las villas de emergencia. Era allí donde los más vulnerables eran captados por lo peor de la delincuencia, de la droga y de la violencia. Francisco ha manifestado, en una entrevista que concedió a la Civiltà Cattolica, su inspiración jesuítica en la máxima de San Ignacio de Loyola: “Non coerceri maximo, sed contineri minimo divinum est”, es decir, “No tener límite en lo grande, pero concentrarse en lo pequeño”. Es probable que este concepto vinculado a la magnanimidad haya llevado al entonces Cardenal a plantar esa mínima, pero imprescindible bandera, en los lugares más vulnerables y que mayores costos pagan con el Paco y la muerte. Allí es donde todo es sin red, donde toda caída se estrella en el vacío.

La transformación del Cardenal en el Papa Francisco cooperó en darle visibilidad manifiesta a aquellos sacerdotes que trabajan insertados en los sectores más pauperizados de nuestra sociedad y que nacieron durante la gestión del Cardenal Juan Carlos Aramburu, hace más de cuarenta años. Estos recorrieron infinitas vicisitudes a lo largo de los años, tantas como las de nuestro país, fundamentalmente en aquellos años signados por la violencia y la muerte. Fue Bergoglio quien a fines de los 90, le dio envergadura a esa gestión incrementándole la cantidad de sacerdotes y dándoles apoyo material y esencialmente espiritual. Hoy resulta muy curioso que la vida casi secreta del ex Arzobispo de Buenos Aires, que había sido elegido sucesor del fallecido Monseñor Quarracino en 1998, se conozca solamente por su ascenso al papado y haya previamente pasado por tantos análisis y confusiones diversas, muchas sin duda generadas por sectores malintencionados. No podía desconocerse un trabajo de muchísimos años en el corazón de Buenos Aires, compartidos con los sacerdotes y los desposeídos de los mínimos beneficios que debiera proporcionarles el Estado. A veces, la realidad supera la fantasía y el orgullo que genera Francisco supera con creces el hecho de ser argentino, de ser el primer Papa latinoamericano; es la humildad de sus actos actuales y también el ejemplo de su conducta pasada lo que genera esa adhesión sin límites. El mundo mira a un Papa distinto al que, más allá de la religión, los periodistas siguen, no por lo que representa su jerarquía, sino por sus actos cotidianos y cuya mirada política siguen los líderes mundiales con dedicada atención.

Pero volviendo a los curas villeros, este grupo de sacerdotes cuyo guía es el Padre Di Paola, “Pepe” para todos, nacidos la mayoría en clases acomodadas, optaron por el ministerio de acompañar a los más necesitados apoyados por la conducción de la Iglesia argentina. Se declaran continuadores de la obra del Padre Mugica, pero admiten ejercer su sacerdocio bajo las problemáticas de la época actual, ajenas a la violencia del pasado. Mugica fue asesinado el 11 de mayo de 1974, probablemente en manos de la Triple A; estaba vinculado a la organización Montoneros y ya era una leyenda por su labor en la Villa 31. Sus herederos actuales misionan enfrentando los flagelos del siglo XXI, intentando suplir la ausencia del Estado, focalizándose en la niñez y en la juventud en un desesperado intento de alejarlos del delito y la droga. Su inspiración intelectual nace del pensamiento de referentes como los sacerdotes Lucio Gera (1924-2012) y Rafael Tello (1917-2002), guías de generaciones de pastores y teólogos en la Argentina, con cercanías a la teología de la Liberación, pero con una perspectiva más espiritual que política y que fueron muy respetados por la Iglesia en general. En parte de ese pensamiento se inscribe seguramente el documento sobre la Pobreza elaborado en el 2007 por el Episcopado de América Latina en Aparecida, en el cual Bergoglio evitó caer en el “reduccionismo socializante” y que fue decisivo en su posterior elección como Papa. Ese documento se alejó del análisis marxista, poniendo centro en la pobreza evangélica y en la opción preferencial por los humildes. Dio quizás una sola certeza relacionada con el dogma: “Dios está presente en la vida de cada persona”. Los sacerdotes villeros siguen los preceptos de lo que ellos mismos denominan “La Teología del Pueblo”. En él no hay diagnósticos sino las consecuencias de la realidad cotidiana, según manifiestan en el segundo documento del equipo de sacerdotes para las villas y que justamente el otrora Cardenal oficializó en el Boletín Eclesiástico.

La visibilidad mediática nacional del Padre Pepe, a quien DEF entrevista extensamente en este número, nace de sus manifestaciones contra la “despenalización de hecho de la droga” en la villa 21, asiento de su parroquia de Caacupé, realizadas a finales de la década pasada. Ello le valió inmediatas amenazas de muerte, el consejo de un autoexilio del propio Bergoglio y su ida a Campo Gallo, en sectores marginales de Santiago del Estero. Regresó luego a Villa La Cárcova y continúa hasta hoy coordinando a los curas villeros desde ese asentamiento en José León Suárez.

Las villas miseria nacieron alrededor de la crisis de 1930 con el masivo ingreso de migrantes internos en busca de trabajo y sin recursos para instalarse de manera regular. Al igual que en otros países de la región (el ejemplo más extremo son las favelas en Brasil), son lugares donde el Estado apenas dice “presente” de la manera más precaria y no puede garantizar el funcionamiento de las más elementales necesidades para vivir dentro de una comunidad. En ellas, se carece de servicios sanitarios, de sistemas de agua, de asistencia médica elemental, de medios de transporte interno y de un imprescindible marco de seguridad. El desarrollo de estas villas, también llamadas “de emergencia”, carece de planificación, es espontáneo, de traza irregular y se caracteriza por el hacinamiento de la población allí residente. Muchas de ellas lindan con barrios en los sectores más pudientes de la sociedad y ponen de manifiesto las terribles desigualdades que la región depara para los que menos tienen. Indudablemente, la proximidad de la villa 31 a Puerto Madero –de manera similar a la Rosinha, favela brasileña que linda con Leblon e Ipanema (lujosos barrios de Río), solo para dar un ejemplo– impiden imaginar una convivencia justa y en paz en una sociedad con diferencias inaceptables.

Lo cierto es que es posible arribar a algunas conclusiones sobre esta compleja problemática:

  • Es difícil dar cifras “no discutibles” en relación con los asentamientos informales, datos siempre complicados por los intereses del oficialismo de turno y otros de opositores o sectores amarillistas. Sin embargo, nadie dudaría en afirmar el incremento geométrico de estos sistemas precarios de viviendas.
  • En forma genérica, citando datos del último Censo Nacional de Población, puede indicarse que en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, alrededor de 165 mil personas viven en estas condiciones y en el Gran Buenos Aires, llegarían a dos millones distribuidas en alrededor de mil asentamientos.
  • En nuestra Capital, el incremento ha sido de alrededor del 50% en la última década. El propio Padre Pepe calcula que cuando inició su tarea pastoral, allá por 1997, la villa 21-24 tenía alrededor de quince mil personas, y hoy triplica esa cifra.
  • A aquellos migrantes internos iniciales de la década del 30, se les sumó un constante incremento de trabajadores informales de la región, básicamente, paraguayos, bolivianos y peruanos. La masa, concentrados en asentamientos en Lugano, Flores, Nueva Pompeya y Balvanera, llega en busca de oportunidades y mejoras, ausentes en los países de los cuales provienen.
  • Las condiciones de vida en estos asentamientos no responden a los estándares mínimos. De acuerdo con cifras difundidas por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 73,3% de las viviendas se encuentran en condiciones de tenencia precaria, es decir, sus ocupantes no son propietarios ni inquilinos. El 68,6% de los hogares no cuenta con acceso al servicio de agua corriente ni conexión a la red cloacal. A su vez, el 63,7% de las familias carece de alcantarillado y desagües pluviales y el 62,1% de las viviendas se encuentran próximas a basurales.

Bien, en este mundo, estigmatizado por quienes lo analizan con premisas elementales y prejuiciosas, los curas villeros viven a diario en un lugar donde no sobra nada, salvo lo que ellos denominan “sabiduría popular”. Allí “derecha” o “izquierda” no son conceptos perimidos, directamente no existen; son reemplazados por la cultura de la acción; acción de urbanizar, acción de respetar la cultura ajena y acción de rescatar a los jóvenes de la droga y del delito.

¿Cuáles son los principios que sostienen en su lucha?:

  • Optar por los pobres y hacer de eso un ejercicio de vida, de presencia cotidiana y de ser parte de esa realidad y servir desde adentro en el complejo sistema interno de cada villa.
  • Ser la voz y batallar por la imprescindible presencia del Estado en estas urbanizaciones, para que este tome la responsabilidad sobre la seguridad, el transporte y la educación, sumados a los servicios básicos necesarios para una vida digna.
  • Respetar la cultura de todos los integrantes y sectores del asentamiento, rescatando el concepto integrador de la buena vecindad y la solidaridad.
  • Aceptar el desafío que representa la religiosidad popular y acompañar esas tradiciones, festividades y ritos variados, sintonizando con lo diverso de las costumbres populares. Fortalecer la fe, acercando la Virgen de Caacupé o incluso al Gauchito Gil, de manera de incluir a vastos sectores de esas comunidades dentro de las parroquias villeras.
  • Ser puntales en la lucha contra la droga para permitir el desarrollo de los jóvenes apoyando a Las Madres Contra el Paco y comprometerse en lo que ellos llaman la “droga del exterminio”.
  • Sostener la batalla cultural de intentar integrar a la comunidad villera a una ciudad organizada que los rechaza y les teme. Entre muchas de esas acciones, trabajan en el proyecto “Generación Universitaria” entre la UCA y los jóvenes de Villa Soldati.
  • Predicar a diario el concepto evangélico de “asistir aprendiendo”, fundamentalmente, para que aquellos olvidados por el mundo, tengan conciencia plena de los valores que poseen y los puedan desarrollar.

Estos sacerdotes crecieron bajo el cobijo del Cardenal que se transformó en Papa. Mientras los intelectuales discuten sobre las raíces de Francisco y la Curia conservadora recela sobre el futuro de la Iglesia, mientras Vanity Fair se disputa con el Times y el New Yorker al “Hombre del Año” y es tapa de la revista Rolling Stone, asoma una Iglesia diferente en el mundo. Mientras tanto, en Buenos Aires, esos curas villeros continúan con la tarea encomendada por aquel Cardenal silencioso de evangelizar allí donde nadie llega y siguen tercamente con su misión, la de salvar vidas. De alguna manera así los representó Pablo Trapero en El elefante blanco (2012), donde Ricardo Darín batallaba en la piel de un cura de la villa 15 de Lugano. Pero, de lo que aquí hablamos es de lo que ocurre muy lejos de los sets, muy lejos de las historias de ficción. Aquí hablamos de un puñado de hombres sin monumentos ni gloria terrenal que construyen el día a día de miles de familias y son su dique de contención ante el abandono y la violencia.

Volviendo a la inspiración de San Ignacio de Loyola, Francisco y el párroco del Cristo Obrero en la villa 31 cumplen grandes y pequeñas misiones, “magnánimas”, diría la máxima del jesuita, misiones unidas por el brazo indestructible de la fe en la búsqueda de un mundo mejor.

Lanzan el Plan “Por Michoacán”

Enrique Peña Nieto informó que su Gobierno invertirá este año 45.500 millones de pesos -unos 3400 millones de dólares- en “el desarrollo integral de Michoacán”.

“Vivimos un cambio de época”

Con una dilatada trayectoria profesional a nivel nacional e internacional, el exdirector general de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), Carlos Magariños, dialogó con DEF sobre su último libro, “Argentina 4.0. La revolución ciudadana”, en el que analiza los desafíos de nuestro país y propone alternativas para fortalecer el rol de la sociedad civil y reforzar el espíritu emprendedor en nuestra población.

“La sociedad colabora para que el delito se expanda”

Marcelo Moriconi Bezerra, autor del libro Ser violento: los orígenes de la inseguridad y la víctima-cómplice, recientemente publicado por Capital Intelectual, presenta un análisis de novedoso e innovador sobre uno de los principales flagelos que sufre el país. En diálogo con DEF, se refirió a la falta de legalidad como un vacío que genera incentivos para la expansión de la violencia.

Siria: La lenta destrucción de su arsenal químico

En pleno desarrollo de la conferencia de paz que buscará una salida pacífica al conflicto en Siria, un análisis del proceso de desmantelamiento de las armas químicas acordado con las principales potencias. Escribe Omar Locatelli (Especial para DEFonline)

Tratando de apaciguar a los funcionarios internacionales impacientes con Siria por los plazos que faltan para destruir sus armas químicas, Rusia comunicó el pasado 4 de febrero que el gobierno sirio planeaba enviar un gran cargamento fuera del país este mes, a fin de exportar la totalidad de su arsenal para el 1º de marzo. El viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Gennady Gatilov, quien transmitió las nuevas promesas  defendió las explicaciones del gobierno sirio para los plazos incumplidos, argumentando que los peligros de seguridad planteados por la guerra en Siria habían creado enormes problemas en el transporte de los productos químicos hasta el puerto de Latakia, donde los espera una flotilla internacional. Gatilov dijo en una entrevista con la agencia de noticias RIA que “realmente hay dificultades relacionadas con la necesidad de garantizar la seguridad de la operación”.

Las observaciones de Gatilov parecían ser la respuesta a la exasperación expresada la semana anterior por los Estados Unidos sobre el lento ritmo sirio para la exportación de aproximadamente 1200 toneladas de material químico, la mitad de lo considerado especialmente peligroso. Los funcionarios estadounidenses habían pedido a Rusia que utilice su influencia con el presidente Bashar al- Assad de Siria para obligarle a cumplir con sus promesas.

Después de décadas de negar que Siria poseyera Armas Químicas, un fallido ataque químico que tuvo lugar el pasado 21 de agosto contra los rebeldes, en los suburbios de Damasco, causó centenares de muertes de civiles, creando un gran revuelo mundial, inclusive entre los principales aliados de Assad, Rusia e Irán. El gobierno sirio y la oposición aún se culpan mutuamente por el ataque. En virtud de un acuerdo ruso- estadounidense que evitó una represalia militar de Estados Unidos en Siria, Assad se comprometió a destruir todo el arsenal para el 30 de junio.

Cuando Siria en septiembre aceptó unirse al tratado mundial que prohíbe la producción y el uso de armas químicas, Assad prometió, que su gobierno iba a destruir la totalidad de ellas. No obstante, a pesar del calendario fijado y negociado para las entregas, Siria no cumplió con la fecha límite del 31 de diciembre de entregar sus productos químicos más peligrosos y perderá además su segundo plazo del 06Feb para exportar todos los productos químicos. Los expertos diplomáticos dicen que sólo han cumplido con el 4 por ciento del total (30 toneladas, sobre 1200), de lo que debería ser expulsado del país hasta el momento. Solo 2 cargamentos salieron de Latakia, el 7 y 27 de enero, con un total de 15 a 30 toneladas.

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW en inglés), que colabora con las Naciones Unidas para supervisar la destrucción de las reservas químicas sirias, se sumó a las críticas el 31 de enero pasado, cuando su director general, Ahmet Uzumcu, se expresó sobre la necesidad evidente de aumentar el ritmo del proceso. La OPCW aún espera recibir un plan de las autoridades sirias para expresarse en ese momento.

El 17º Comandante Supremo Aliado en Europa de la OTAN, general Philip Breedlove, dijo a Al Arabiya News Channel en una entrevista transmitida el 2 de febrero que elementos de la OTAN están dispuestos a destruir el arsenal de armas químicas de Siria, después de que los Estados Unidos expresara su preocupación por los lentos esfuerzos del gobierno sirio para el transporte de las armas tóxicas a su puerto de Latakia. Expresó puntualmente que “la comunidad internacional, los elementos de la OTAN y los Estados Unidos están preparados para destruir las armas químicas”.

El proceso acordado, que debería completarse en 90 días aproximadamente, se desarrolla en cuatro etapas:

1º etapa: Las autoridades sirias son responsables para el embalaje y el transporte seguro de las Armas Químicas desde 12 sitios en todo el país hasta el puerto de Latakia. Rusia ha suministrado una gran cantidad de camiones blindados para su traslado, mientras que los EE.UU. ha enviado tambores contenedores y localizadores GPS, para utilizarlos en el transporte dentro de los camiones rusos.

2º etapa: Rusia está proporcionando la seguridad para las operaciones de carga en Latakia, para los equipos de EE.UU. que realizan la carga, transporte y descontaminación del personal. China envió 10 ambulancias y cámaras de vigilancia, y Finlandia un equipo de respuesta de emergencia para casos de accidentes.

3º etapa: Dinamarca y Noruega están proporcionando los buques de carga y escoltas militares para llevar a los productos químicos para el puerto de contenedores de Gioia Tauro en Italia. Rusia y China también están proporcionando escoltas navales.

4º etapa: En Italia, los agentes químicos “más críticos” serán cargados en el buque de EE.UU. de la Administración Marítima de Cargas, Cape Ray, para ser destruidos por hidrólisis en aguas internacionales. Productos químicos menos tóxicos serán enviados por buques noruegos y daneses para su eliminación en las instalaciones comerciales.

Es de esperar que para la continuación de la Conferencia de Paz Ginebra II se haya regularizado el plan de destrucciones fijado a fin de facilitar las negociaciones entre los 39 países participantes a efectos de lograr, al menos, un alto el fuego local que permita el ingreso a los corredores humanitarios negados por el gobierno sirio hasta el momento.

Triunfo del FMLN en El Salvador

Salvador Sánchez Cerén, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), se impuso con el 48,95%, pero habrá segunda vuelta el 9 de marzo.

Hacia la multipolaridad

Aunque no tan rápida y linealmente como se cree, el globo amenaza hacia una reconfiguración del balance de poder. Lejos de la caída abrupta de EE.UU., los países emergentes arman su estrategia de posicionamiento.

En el ya muy lejano comienzo de la década del 70, en plena Guerra Fría y en un mundo sin celulares ni Internet, un saber convencional recorría América Latina. Una mezcla de análisis superficial y las ganas o “la voluntad” de que se cumpliese: los Estados Unidos abandonarían más temprano que tarde la región, empujados por la crisis del petróleo, la derrota en Vietnam, el escándalo político en torno a Nixon, la paridad estratégica nuclear alcanzada por la URSS, el ascenso de Alemania y Japón, y la ruptura del patrón oro-dólar de Bretton Woods. Aquellos que miraban a los Estados Unidos parecían solo ver el fenómeno que representa tan bien la amada novia de Forrest Gump en esa memorable película. Una joven en crisis, drogadicta, pacifista y desorientada. Conviviendo con esa chica, en otra parte de los Estados Unidos, el Pentágono desarrollaba su Intranet, que en los 80 y 90 se transformaría en Internet global, y dos jóvenes genios como Gates y Jobs revolucionaban el mundo tecnológico informático. De manera contemporánea, la NASA y el Pentágono ponían en órbita una docena de satélites que brindarían el servicio de GPS a sus fuerzas militares, que décadas después podría ser utilizado por millones de personas a lo largo y ancho del mundo. En este voluntarista escenario, la retirada estadounidense de América Latina sería acelerada por insurrecciones y resistencias armadas, en su mayoría de matriz marxista-leninista, y otras con orígenes más nacionalistas y telúricos.

Un poco más de una década después, los países de la región avanzaban en procesos de normalización democrática en donde las expresiones insurreccionales poco o nada tenían de peso electoral y los presidentes y ministros de economía de esos nuevos y endebles regímenes buscaban algún mecanismo de solución a la calamitosa crisis de la deuda externa de 1982 por medio. El “Consenso de Washington”, con sus políticas promercado, desregulaciones y reformas, tomaba el centro de la escena; como también lo hacían políticas exteriores que articulaban variantes con un mismo objetivo: tener una relación constructiva y fuerte con la superpotencia unipolar que quedó luego del colapso soviético de 1989-91. Esa imagen desarrapada de Estados Unidos de comienzo de los 70, daba lugar a la evidencia clara y presente de un Estado vencedor y dotado del 25 por ciento de PBI global, el 50 por ciento del gasto militar del mundo y una capacidad de difundir sus valores y cultura incomparables. Todo estaba finamente condimentado por un líder político inteligente, pragmático y carismático como Bill Clinton. El “momento unipolar” había llegado y todo indicaba que quizás no fuese un período breve. Alemania y Japón enfrentaban serios desafíos económicos. El primero, enfrentando los costos de la unificación; y el segundo, luego del estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera. Ni que decir de la situación económica y social en la que cayó Rusia y las exrepúblicas soviéticas. Solo China parecía sobresalir, pero a años luz de los Estados Unidos en todos los indicadores de poder. Un régimen chino que justamente había logrado hacer crecer su economía y prosperidad social a partir de la decisión en 1978-79 de sumarse al capitalismo y no combatirlo (cosa que vienen haciendo de manera ininterrumpida y exitosa hasta el día de hoy). Miles de sus jóvenes comenzaron a viajar a Estados Unidos para estudiar en las mejores universidades carreras tan diversas como ingeniería, finanzas, contabilidad, etc.

El comienzo del siglo XXI, con el ascenso le depararía a los Estados Unidos la presidencia de George W. Bush y un entorno en donde se combinaban pragmáticos y realistas con otros más propensos al voluntarismo y la cruzada. En otras palabras, los neoconservadores y su propensión a la “reingeniería social” y del sistema internacional. En su ideario, el “momento unipolar” debía extenderse a una larga era. Los ataques terroristas del 11/9 no hicieron más que fortalecer a estos sectores ultras en Washington en detrimento de sus colegas más experimentados y prudentes. La necesaria campaña contra Afganistán lanzada a fines del mismo año fue inadecuadamente descuidada por una guerra por opción, como fue la de Irak en 2003. Sin duda, uno de los mayores errores estratégicos del último siglo, que tuvo costos económicos que van de 1 a 2 trillones de dólares. Ni que decir su impacto en la imagen americana en el exterior y la desorientación de recursos y fuerzas de otros temas más relevantes en el mediano y largo plazo, como lo fue y lo es el ascenso chino y el regreso ruso.

El fin de la década pasada vendría acompañado por otro golpe duro, tal como fue la crisis de Wall Street de septiembre de 2008, magistralmente mostrada por la película Too big to fail. El menú estaba servido para una versión reactualizada del “saber convencional” que mencionábamos al comienzo de este artículo. Esta vez, la derrota no era en Vietnam sino en Irak y Afganistán, la crisis era la de Wall Street y no la del petróleo y Bretton Woods, y las potencias que emergían no eran Japón y Alemania sino China, India, Brasil y Rusia. Todo ello, condimentado por una sigla creada por un fondo financiero de los Estados Unidos en el año 2001 para vender bonos, los BRIC, en Brasil, Rusia, India y China. Países con intereses y rivalidades geopolíticas más que densas, tal es el caso de India y China, pero sin duda una chapa tentadora y pegadiza. Más aun si uno ve y cree que se está frente al principio del fin de la hegemonía americana.

En este contexto, “la voluntad” vuelve a aparecer fuerte en nuestro país y la región. Esta vez, la palabra de moda ya no es Latinoamérica sino “Sudamérica”. Quizás una demostración de la legítima capacidad y sagacidad de Brasil para impulsarnos a sacar de nuestro mapa mental a dos países que le molestan en su pretensión de llegar a ser el poder regional indiscutido. Nos referimos a México y obviamente a los Estados Unidos, con los cuales Brasilia quiere buen diálogo, pero de manera “bilateral”. Una jugada básica, pero no por ello menos eficiente, facilitada por el ascenso de gobiernos de raíz bolivariana en Venezuela, Ecuador y Bolivia, y una Argentina que desde 2005 y más aun desde el último lustro, viene de mal en peor en su relación con los Estados Unidos. A los diplomáticos brasileños les basta con ser pragmáticos y racionales en su diálogo con sus colegas americanos y moderadamente antiimperialistas, y contestatarios con sus colegas sudamericanos. Todo se condimenta con el rol simbólico y político de los hermanos Castro y sus óptimas relaciones con los bolivarianos y con Brasil. De más está decir que el plato está servido para diagnosticar la existencia clara, visible y creciente de un mundo multipolar, donde las relaciones Sur-Sur pasarían a ser igual o más importantes que las Sur-Norte (si bien el vínculo de ciertos Estados con la fallecida URSS en el pasado y ahora, y a futuro con China, tienen mucho de este tipo de relación tanto en lo geográfico como en lo político-económico-psicológico).

Sin duda, esta vez, a diferencia de cuarenta años atrás, hay posiblemente bases más solidas para poder hablar de una transición hacia un mundo de rasgos más multipolares, pero con ritmos y formas muchos más lentos y complejos que los que “la voluntad” quiere. Pocas dudas hay, si uno usa más la cabeza que el corazón, de que China enfrenta desafíos políticos, demográficos, sociales, morales y económicos mayúsculos en las próximas décadas. Comenzando por la compleja transición de una economía capitalista orientada al mercado a otra con mayor peso del mercado interno y el consumo. Enumerar los límites o encrucijadas estratégicas de Washington no debe nublar -siempre y cuando uno no sea un propagandista- el análisis de lo que le puede deparar el mediano y largo plazo a Rusia -su crítica situación demográfica, por ejemplo-, Brasil, India y la propia China. Quizás esta última sea el verdadero foco de atención, que a más de un analista ha llevado a pensar nuevamente en la confirmación de un mundo bipolar de acá a 15 o 20 años.

Para ir concluyendo, en el caso específico de nuestro país, su presente y futura política exterior, cabría esperar que primara una visión que tomara en cuenta estos matices e interrogantes y que no se dejara llevar por una visión tentadora pero quizás precipitada de una mecánica e inevitable lógica de ascenso y caída de las grandes potencias. Asimismo, tampoco es cuestión de cambiar alineamientos automáticos del pasado por otros pero de signo geográfico e ideológico diverso. Si se trata de estar en el sistema internacional que se va reconfigurando, no hay que mirar desde el balcón con admiración cómo se mueven los BRICS (la S es por la recientemente sumada Sudáfrica), sino ser protagonista y articulador de una presencia activa, prudente y pragmática de la Argentina. Ni sobreactuaciones contra el hegemón que creemos que decae, ni seguidismo y subactuaciones frente a los que se cree y se quiere que vengan.

Por último, no menos importante, darle una mirada a los últimos textos de Moisés Naím muestra de manera clara y sencilla cómo la propia idea de poder debe ser reconsiderada en parte, tanto en los planos domésticos como internacionales. Un poder que sigue pasando por los Estados, pero de manera decreciente. Un poder que se difunde entre actores no estatales. Que rápidamente se acumula y rápidamente se diluye en muchos casos. Para bien o para mal, la revolución 2.0 tiene impactos múltiples y en todos los planos tal como los tuvo la revolución industrial del vapor en el siglo XVIII y la del acero y el carbón en el XX. No casualmente Adam Smith y Karl Marx desarrollaron sus obras en esas dos épocas.