La historia de los hombres que desafiaron los controles enemigos y arriesgaron todo para traer de regreso la bandera que habían jurado defender con sus vidas.
Horacio “Puchi” Lauria llegó a Malvinas dispuesto a combatir. Una emboscada británica en el Monte Kent lo enfrentó a una decisión extrema: abandonar a un compañero herido o arriesgar su propia vida para salvarlo. Eligió quedarse y protagonizó una historia de heroísmo que aún conmueve.
El 8 de junio de 1982 los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina protagonizaron una de las operaciones más audaces de la Guerra de Malvinas. Ese día, en Bahía Agradable, los argentinos mostraron cómo el coraje podía alterar los planes enemigos.
El exdiplomático Roberto García Moritán plantea que el escenario actual abre una puerta inesperada para la negociación por Malvinas. Además, recordó su papel de traductor en la llamada de Reagan a Buenos Aires el día 1 de abril de 1982.
F-16 y KC-135: de acuerdo con el brigadier general Valverde los dos sistemas reforzarán la defensa en Argentina. Las declaraciones se enmarcaron en la ceremonia por el aniversario del bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina en Malvinas.
Cerca del 14 de junio nuestra soberanía se vio amenazada por el avance británico. Para contrarrestarlo, los militares argentinos dieron todo de sí en los últimos combates, librados en las alturas que rodean Puerto Argentino.
El veterano Raúl Castañeda recreó desde el propio campo de batalla los hechos que lo tuvieron como protagonista en la noche del 11 al 12 de junio de 1982, cuando, junto con sus hombres, marchó al combate contra las fuerzas británicas. Una misión imposible en la que pelearon hasta agotar munición.
Persiguiendo un sueño, Juan Bautista viajó desde Salta para incorporarse a la Armada. Más tarde, lo siguió su hermano Anastacio y, luego, se alistó Mario. No imaginaban que, en 1982, los tres defenderían la soberanía de nuestras islas del Atlántico Sur.