¿Puede el nuevo orden mundial destrabar el reclamo histórico por Malvinas? Para Roberto García Moritán, la respuesta empieza a ser menos lejana. Considerando el escenario geopolítico actual, el exvicecanciller sostiene que el creciente interés de Estados Unidos en el Atlántico Sur podría cambiar las reglas del juego y presionar para que Argentina y el Reino Unido retomen el diálogo.
A44 años de la Guerra, DEF reunió a diferentes expertos, como Alejandro Corbacho, Fabián Calle y el coronel (retirado) y Veterano de Guerra Daniel Esteban (secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación en la UNDEF) para entender las debilidades, fortalezas y posibilidades de que Argentina recupere el archipiélago. En esta última entrega, García Moritán incorpora un factor central: la creciente presencia de China y su impacto en la dinámica estratégica global.
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Para el exdiplomático, Malvinas dejó de ser un tema periférico y se convirtió en una pieza relevante dentro de una disputa geopolítica mucho más amplia.
Un dato: el 1 de abril de 1982, Roberto García Moritán, siendo un joven diplomático, fue un actor clave en el llamado de Ronald Reagan a Leopoldo Galtieri. “Fue la noche en la que ocupamos las Islas Malvinas”, cuenta a DEF durante el encuentro. El trasfondo de un diálogo que podría haberlo cambiado todo.
Malvinas, un enclave colonial en un mundo que cambia
–¿Cómo evalúa la situación de la causa Malvinas?
-Estamos en un cambio de época y lo vemos a través de una variedad de circunstancias en las relaciones internacionales, en particular en el campo de la seguridad. La guerra con Irán y la de Ucrania ponen en manifiesto que estamos viviendo tiempos de evolución multilateral.
Por lo tanto, si una cuestión colonial era anacrónica en el siglo XIX y en el XX, con más razón lo es en el XXI. Es un enclave colonial que el Reino Unido montó y, además, contiene a la segunda base militar inglesa de importancia en ultramar (después de las que tiene en Chipre) que, de hecho, su número de efectivos supera a la población.

-¿De qué manera Estados Unidos podría influir en una eventual negociación entre Argentina y el Reino Unido?
-El caso de Estados Unidos, las circunstancias actuales son particularmente interesantes, porque la seguridad internacional empieza a jugar de una forma distinta a lo que hemos visto hasta ahora.
Lo que uno ve en la visión geopolítica norteamericana es que la seguridad del Atlántico Sur debe tener un apoyo central en el continente, no solamente en los archipiélagos. Desde ese punto de vista, Argentina tiene una ubicación especial. Con lo cual, se introduce un elemento nuevo en la cuestión diplomática entre Londres y Buenos Aires. Desde esa perspectiva, puede haber un interés norteamericano a que la disputa se encamine para que no sea un elemento disruptivo en la visión de seguridad que tiene Estados Unidos para todo el hemisferio, en particular el Sur.
-Sobre la presencia de Navitas Petroleum, ¿impacta en el reclamo?
-Navitas Petroleum tiene la mayor parte del consorcio junto con Rockhopper Exploration, una empresa británica que tiene la minoría de la sociedad. El 65% pertenece a Navita Petroleum, que es una empresa israelí privada que cotiza en la bolsa de Tel Aviv. El tema es interesante porque es la primera vez que una empresa de un tercer país, en este caso Israel, va a tener la explotación con esa proporción.
Navitas Petroleum también tiene sede societaria en Estados Unidos. Así que la acción es particularmente interesante para ser tomada en cuenta desde el punto de vista diplomático, particularmente en lo que respecta a la futura explotación de hidrocarburos de esa cuenca. Es la primera de seguramente varias exploraciones y explotaciones que se harán en el futuro.
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-Israel es un país que históricamente apoyó el reclamo, ¿es así?
-La resolución 2065 fue adoptada por consenso. Así que, en el origen mismo, tuvo el apoyo, tanto de Israel como de Estados Unidos. Ahora, en la etapa en la que estamos, en el 2026, es probable que las acciones políticas, no solamente multilaterales, empiecen a jugar un tono importante.
Es interesante el hecho que la exploración y la explotación de los recursos hidrocarburos giren alrededor de una empresa como Navitas Petroleum, lo que permitiría que Israel tenga algún tipo de actuación. Está bien, es un país que no debe influir de manera directa con una empresa privada, ese factor es importante. El área va a tener una significación muy importante, porque el consorcio está en busca de financiación. Ahí es donde creo que el gobierno israelí puede salir a favor de los argentinos para que el Reino Unido encuentre una necesidad de negociar con Argentina, porque la seguridad jurídica es un componente importante a la hora de invertir.
-En ese contexto, ¿qué rol juega el vínculo entre EE. UU. y el Reino Unido?
-La relación no es la mejor. Lo vimos en el tema con Irán. Eso pone en manifiesto un elemento para ser aprovechado desde el punto de vista diplomático, a los efectos de ver cómo puede incidir favorablemente para que el Reino Unido deje de tener esa rigidez política de no querer sentarse a negociar conforme a las resoluciones pertinentes de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Un nuevo ciclo diplomático por Malvinas: “Estamos en un buen camino”
-¿Qué estrategias debería adoptar o considerar Argentina a la hora de pensar en la negociación diplomática?
-Estamos en un buen camino, porque como nunca, el presidente de la Nación marcó con la orientación de la política exterior y subrayó el elemento central, que es el alineamiento con Estados Unidos y la relación especial con Israel. Entramos en un nuevo ciclo diplomático de conversación.
El interés norteamericano de que Argentina sea un factor principal en la seguridad del Atlántico Sur y que la relación entre Buenos Aires y Washington adquiera un carácter especial en esta materia, subraya la importancia que empieza a tener para el Departamento de Estado que las diferencias, la reclamación yla disputa de soberanía no sean un elemento disruptivo para esa visión de seguridad. Están dadas las condiciones para que el presidente Donald Trump preste atención a esta circunstancia.

-Entonces, nuestra ubicación en el Atlántico Sur, ¿es nuestra principal fortaleza?
-Desde el punto de vista de Estados Unidos, sí, porque el elemento de seguridad juega un papel importante y considero que es relevante que el Reino Unido y Argentina solucionen la disputa de soberanía. Desde el punto de vista argentino, los argumentos históricos, jurídicos y políticos pasan por otro camino.
Desde esa perspectiva, hay que considerar que históricamente el Reino Unido fue un aliado especial de Estados Unidos. Con lo cual, hay una variedad de circunstancias que no son nada sencillas para tratar. Es una ecuación compleja. Sin embargo, creo que están dadas una serie de condiciones nuevas, como la relación especial entre el presidente argentino y Donald Trump y el pensamiento de seguridad norteamericano, que pueden contribuir muy positivamente a actuar a que Gran Bretaña adopte una actitud mucho más flexible y empiece a reconocer la necesidad de sentarse con Argentina para negociar las cuestiones relativas al reclamo.
Abril de 1982: entre el llamado de Reagan, el fin de una negociación y el recuerdo de Roberto García Moritán
-¿Qué argumentos jurídicos considera más sólidos en nuestro reclamo?
-Son muchos. Por lo pronto, el hecho mismo de que las islas pertenecieron a España y que, por el uti possidetis iuris, la Argentina las heredó y son parte del territorio argentino. Recién en 1833 Gran Bretaña las ocupa militarmente por la fuerza. A partir de ahí empieza el reclamo diplomático, que adquiere efectividad y reconocimiento internacional, en la resolución 2065, adoptada en la década del 60, cuando en Naciones Unidas se inicia el proceso de descolonización de gran parte del mundo. Misma época que España adquiere una resolución similar a la nuestra con respecto a Gibraltar. Y lo interesante es que nadie la vota en contra, tampoco el Reino Unido.
Eso inició un proceso de negociación que terminó en 1982.
-¿Es cierto que usted fue el traductor entre una conversación de Galtieri con el presidente de Estados Unidos en el 1982?
-Fue la noche en la que ocupamos las Islas Malvinas. Yo estaba en el equipo de trabajo del canciller Nicanor Costa Méndez y él me pidió que fuera con los elementos, las minutas y los lineamientos para la conversación que tendría el general Galtieri quien, a su vez, pidió que yo sea el traductor y no la Casa Blanca.

-¿Qué recuerda y qué cambiaría de aquel momento?
-Si miro aquel episodio y lo comparo con el tema de conversación que estamos teniendo, en aquel momento la actitud del presidente norteamericano era muy distinta a la que puede tener hoy Donald Trump. La actitud de Ronald Reagan era distinta porque era un momento de particular complejidad en las relaciones Este-Oeste. Los vínculos con la Unión Soviética eran muy difíciles y el Reino Unido era un aliado muy especial. Es decir, Estados Unidos estaba invirtiendo en la transformación de las fuerzas estratégicas británicas para enfrentar mejor a la U.R.S.S. en Europa.
Con lo cual, para Reagan, la recuperación de Malvinas no resultaba algo muy cómodo, porque debilitaba a su aliado principal en el conflicto Este-Oeste. La preocupación que tenía no es la misma que tiene Trump. Así que la conversación de esa noche entre Gantieri y Reagan giraba en ese contexto, de lo importante que era para la Casa Blanca evitar debilitar a su aliado. El presente es distinto porque las circunstancias cambiaron, hoy hay un interés en que el reclamo de soberaníano sea un elemento disruptivo en materia de seguridad del Atlántico Sur.
“Reagan quería que Argentina revirtiera su situación”
-¿Cómo vivió ese instante histórico?
-Yo era un diplomático joven y estaba cumpliendo una tarea específica en el gabinete de Costa Mendes, a quien le había parecido importante que estuviera asistiendo a esa conversación.
Fue un diálogo largo. Reagan quería que Argentina revirtiera su situación. De hecho, las primeras llamadas de la Casa Blanca fueron durante la tarde del 1 de abril, entre las 17 y las 18. Seguramente los satélites de Estados Unidos ya habían identificado que nuestras unidades anfibias estaban en camino a las islas. Fue una conversación compleja. Y destaco un aspecto: pese a que el Reino Unido era su aliado especial, Reagan puso a su secretario de Estado como mediador entre Buenos Aires y Londres. Eso no fue menor, revela un elemento de valoración importante.
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-En el presente no está la Unión Soviética pero sí China, ¿eso influye?
-El tema de China tiene que ser visto no solamente desde el punto de las inversiones en el territorio continental, sino en distintas manifestaciones. La presencia de China en la Antártida es cada día más importante. Las bases chinas tienen una comunicación aérea como no tienen ninguna otra. Y, si el gigante asiático y Estados Unidos entraran en un conflicto nuclear, los misiles chinos entrarían a través del hemisferio Sur. Así que existe una cuestión estratégica relacionada con hipótesis que ojalá nunca se dé.
Además, la presencia de los pesqueros chinos no es una actividad plenamente civil de acuerdo a la normativa china, incluso desde el punto de vista satélital también. En esta parte del siglo XXI, el Atlántico Sur va teniendo una importancia estratégica muy significativa. Con lo cual, para Estados Unidos es un elemento de enorme importancia que la seguridad del Atlántico Sur esté adecuadamente defendida desde el territorio continental y, en ese sentido, Argentina es el aliado principal. Consecuentemente, una base en un enclave colonial debería, para la Casa Blanca, ser algo que requiere solución inmediata.
-¿Las Malvinas van a volver a ser argentinas?
-No tengo dudas que sí. Argentina siempre expresó la disposición de respetar los intereses isleños. ¿Qué significa? Respetar su idioma, costumbres e, incluso, la posibilidad de que tengan una doble nacionalidad y otras variantes en ese sentido. Eso es un elemento central. De hecho, en 1968 hubo un memorándum de entendimiento entre la Argentina y el Reino Unido, donde lo único que faltaba era fijar la fecha para la transferencia de las islas. Si en ese momento la diplomacia británica y argentina habían llegado a ese punto, es posible volver. Por entonces, el Reino Unido había aceptado el criterio que planteaba la Argentina a través del respeto a los intereses de los isleños.
Así que no tengo duda que, si las circunstancias geopolíticas permiten el reinicio de las negociaciones sobre la soberanía, Argentina va a recuperar las Islas Malvinas, Georgia Sur y Sandwichs del Sur.




