La disputa por la hegemonía global del siglo XXI se dirime, de manera silenciosa, en el subsuelo de países que hasta hace poco permanecían en la periferia de la política internacional. Con las tierras raras, Brasil acaba de reclamar su lugar en el centro de ese tablero.
En diálogo con DEF, Julio Theaux, vicepresidente de ASIS International Capítulo 215 y Executive Delegate en Argentina para Roca Defense & Systems, hizo un detallado análisis sobre el juego de poder que llevan a cabo Estados Unidos y China, y la estrategia diplomática de Brasilia.
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Tierras raras y la anomalía geológica que cambia todo para Brasil
El país más grande de América del Sur concentra las mayores reservas de tierras raras del mundo occidental y, a diferencia de otras naciones ricas en recursos críticos, construyó una estrategia de Estado que combina geología excepcional, un marco regulatorio audaz y una estrategia diplomática precisa.
Para entender el poder estratégico de Brasil es necesario descender hasta la naturaleza de su geología. El subsuelo brasileño alberga una singularidad casi sin paralelo: depósitos masivos de arcillas de adsorción iónica, que poseen ventajas competitivas difíciles de replicar.
Los elementos de tierras raras se encuentran adheridos a la superficie mineral mediante enlaces químicos relativamente débiles, permitiendo la extracción con soluciones ácidas muy diluidas y a temperatura ambiente, lo que reduce drásticamente los costos de capital y operación frente a los proyectos convencionales de América del Norte o Australia.

Un factor más importante aún es que estas arcillas contienen proporciones inusualmente altas de tierras raras pesadas (disprosio, terbio) y de elementos magnéticos clave como el neodimio y el praseodimio, la materia prima insustituible para los imanes permanentes de alta intensidad que equipan motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y sistemas de guía de defensa.
Fin del extractivismo, ¿cómo es la estrategia de Brasil?
El verdadero factor disruptivo que separa a Brasil de cualquier otra nación minera de la región es su arquitectura regulatoria. En mayo de 2026, la Cámara de Diputados sancionó la Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos, una legislación que redefine las reglas del juego para el capital transnacional.
El especialista en tierras raras indicó que “quien desee explotar las tierras raras del territorio nacional deberá, por imperativo legal, invertir en la instalación de plantas de separación hidrometalúrgica y refinamiento dentro de las fronteras brasileñas”.
Para hacer tangible la industrialización forzosa que impone la nueva ley, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva estructuró un programa de incentivos de gran escala: un Fondo de Garantía Soberana de 2.000 millones de dólares para mitigar el riesgo inversor, complementado por exenciones impositivas y créditos fiscales por otros 5.000 millones distribuidos en cinco años.
“Esta medida representa un quiebre histórico y rompe con la lógica que condenó a América Latina a exportar tierra e importar tecnología”, sostuvo Julio Theaux.
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Entre Estados Unidos y China: la diplomacia pendular de Lula
Este nacionalismo de los recursos no opera en el aislamiento sino en sintonía con la arquitectura multilateral de los BRICS. La relación entre Lula da Silva y Xi Jinping alcanzó su mejor momento precisamente en una época en la que las tierras raras se tornaron el activo geopolítico más codiciado del planeta.
Sin embargo, el reciente encuentro de Donald Trump y Lula dejó en claro que la estrategia de Brasil excede el alineamiento con China y permitirá inversiones de cualquier procedencia, siempre que se respeten los términos de soberanía dictados por Brasilia.
“Brasilia está tejiendo una estrategia de industrialización en origen que rompe con el tradicional modelo extractivista de la periferia global. Con las mayores reservas de tierras raras del mundo occidental, Brasil se planta ante las superpotencias como un nodo industrial soberano”, indicó el especialista.

Por otro lado, señaló que el yacimiento de Serra Verde, en el estado de Goiás, encarna la disputa entre Estados Unidos y China. Inicialmente vinculado a contratos con refinerías chinas, recibió una inyección multimillonaria de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (DFC), con la condición explícita de desviar su producción hacia cadenas de suministro occidentales.
Ese acuerdo es hoy objeto de litigio ante el Supremo Tribunal Federal brasileño y revela cómo la tensión entre Pekín y Washington, en la disputa por las tierras raras, también se juega en Sudamérica.
“Brasil comprendió que las tierras raras no son un commodity más; son el habilitador tecnológico de la economía del futuro. Al utilizar su posición en los BRICS para asegurar mercados y su diplomacia pragmática para atraer capitales sin ceder el control del procesamiento, Brasilia está trazando la hoja de ruta de la autonomía regional. Argentina se encuentra ante una encrucijada histórica”, concluyó Julio Theaux.




