En una entrevista anterior de DEF con Julio Theaux, vicepresidente de ASIS International en Argentina, se planteó el escenario de las tierras raras como una carrera entre Estados Unidos y China por una serie de recursos estratégicos claves que repercuten en la competencia armamentista. Frente a este panorama, la alineación de Argentina con Washington presenta posibilidades y desafíos para el país.
En ese sentido, Estados Unidos corre por detrás de China en la red de suministros de tierras raras. Pekín ostenta entre el 60% y el 70% del suministro minero mundial y ejerce un monopolio crítico, controlando entre el 85% y el 90% de la capacidad de refinado global. Además, domina más del 90% de la producción de imanes permanentes de neodimio, vitales para las industrias de tecnología y defensa.
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El papel de Argentina en la disputa por las tierras raras
-Ante el panorama internacional, ¿qué rol o posibilidades tiene Argentina por delante? ¿Qué importancia tiene la relación con Estados Unidos?
–Argentina tiene el potencial de transformarse en un “hub regional de minerales estratégicos” gracias a sus importantes reservas geológicas inexploradas y a su perfil como un destino de inversión de bajo riesgo geopolítico, ofreciendo una alternativa segura frente a los mercados asiáticos o africanos. La relación con Estados Unidos funciona como el motor financiero y político que puede acelerar esta inserción.

Argentina posee un reservorio de más de 3,3 millones de toneladas de estos minerales en el país, lo que la convierte en un país aliado para la gestión Trump, teniendo en cuenta la alineación política de nuestro actual gobierno.
Recientemente, el presidente Javier Milei y la administración estadounidense firmaron instrumentos, marcos y memorándums en los que Argentina se compromete a priorizar a EE. UU. como socio comercial y de inversión en minerales críticos. Esta alineación es crucial porque le abre la puerta a Argentina para recibir financiamiento de instituciones como el EXIM Bank y la Corporación Financiera de Desarrollo (DFC), funcionando como contrapeso a la fuerte presencia de capitales chinos en el país.
Además, resulta determinante para que los minerales argentinos logren certificar como “socios confiables” y puedan ingresar bajo los masivos subsidios de la ley IRA norteamericana, y para atraer la transferencia de tecnología necesaria que permita procesar los recursos localmente en lugar de exportar roca bruta. Pese a todo esto, hay un largo camino a recorrer para hacer esto realidad.

-En la comparativa con Chile, país conocido por su pujante sector minero, ¿qué diferencias existen en el marco jurídico entre ambos Estados? ¿Es el modelo a seguir?
-La diferencia central radica en el nudo jurídico e institucional entre centralismo y federalismo. Chile, al ser un Estado unitario, posee un único Código de Minería y una autoridad central (SERNAGEOMIN) que garantiza las mismas reglas en todo su territorio, permitiendo una logística y protocolos de seguridad uniformes. Argentina, con su estructura federal, delega la propiedad de los recursos y la autoridad ambiental a cada provincia, generando un “mosaico” regulatorio que dificulta una estrategia nacional unificada. Ante las presiones globales, Chile lanzó una “Estrategia Nacional de Minerales Críticos” con permisos fast-track, mientras que Argentina optó por paliar su déficit de infraestructura y estabilidad macroeconómica implementando el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) para blindar a las empresas fiscalmente por 30 años.
El modelo chileno sí es el camino a seguir en materia institucional y operativa: Argentina necesita copiar urgentemente la estandarización de sus protocolos de seguridad, su logística especializada en corredores mineros y su trazabilidad para competir por el capital internacional. Se suma a que sus desarrollos en seguridad están muy avanzados respecto a las ideas que tenemos en nuestro país; desde protección de redes y gemelos digitales hasta la logística integrada, incluyendo material con isótopos radioactivos y una red vial mucho más avanzada, deja a nuestro país muy atrás en este tema.
Sin embargo, no es el modelo a seguir respecto a la propiedad del recurso, dado que Chile mantiene una fuerte intervención estatal a través de corporaciones públicas, mientras que el modelo argentino actual apunta a una apertura total al sector privado respaldando la autonomía provincial.
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-¿Qué debería hacer Argentina para alcanzar su potencial?
-Para consolidar su posición estratégica, Argentina debe implementar un marco que emule las políticas de Australia y Canadá, enfocado en la soberanía tecnológica y la seguridad. Debe reformar su régimen de propiedad intelectual con un esquema de patentes rápido para proteger fórmulas químicas desarrolladas localmente y evitar la “primarización”. Al tratarse de minerales de uso dual (civil/militar), es perentoria la convergencia entre Defensa y Seguridad: se debe militarizar la custodia de instalaciones críticas y establecer protocolos estrictos junto a la Autoridad Regulatoria Nuclear para el manejo seguro de isótopos radiactivos (Torio y Uranio) que suelen extraerse junto a las tierras raras. Este punto va a ser uno de los requerimientos de nuestro país aliado respecto a estos minerales.
A nivel de infraestructura, es necesaria una microred de autogeneración energética para sortear la saturación nacional y utilizar incentivos fiscales para que los privados construyan vías logísticas de exportación. Sabemos que el Sistema Argentino de interconexión (SADI), especialmente en su principal transportadora, se encuentra en un 35% de obsolescencia en sus componentes, además de estar saturado, particularmente en épocas de alto consumo, esto sin tener en cuenta las transportadoras del norte argentino.




