La Segunda Guerra Mundial obligó a la FIFA a cancelar las ediciones de la Copa del Mundo de fútbol previstas para 1942 y 1946. Esto dejó un vacío de tiempo en la historia del torneo internacional más importante. Fue la única vez en la historia del certamen que se suspendieron dos ediciones consecutivas, y las razones no fueron solamente militares. Detrás de cada decisión hubo tensiones geopolíticas, disputas de poder y un mundo que tardó años en reconstruirse.
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Mundial de Fútbol: la última Copa del Mundo antes del gran conflicto
Mucho antes de que estallara el conflicto, el fútbol ya era un escenario donde se daban batallas políticas. El Mundial de Francia de 1938, tercera edición del torneo, se celebró con el continente europeo al borde del colapso y con el nazismo que ya marcaba la agenda internacional. Jules Rimet, presidente de la FIFA y arquitecto del certamen, temía que aquella fuera la última edición posible, por lo que eligió a Francia como sede, su propio país, ante la amenaza de los regímenes fascistas.
La elección no estuvo exenta de polémicas. Le correspondía a Sudamérica organizar el torneo, y Argentina ya había manifestado su interés. La decisión de la FIFA de ignorar ese turno generó un boicot americano donde ni Argentina ni Uruguay participaron en la competencia, y solo Brasil y Cuba hicieron el viaje a Europa como representantes del continente.

El episodio más elocuente del clima prebélico ocurrió meses antes del inicio del torneo, cuando Alemania ejecutó el Anschluss, la anexión de Austria al Tercer Reich. La selección austríaca, una de las más poderosas de Europa y conocida como el Wunderteam, dejó de existir como entidad independiente tres meses antes de que empezara el Mundial. Algunos de sus mejores jugadores fueron incorporados a la selección alemana, que el régimen nazi intentó convertir en una vitrina de la llamada “superioridad aria”.
Suecia, que debía enfrentar a Austria en la ronda inicial, avanzó de fase sin jugar. La FIFA ofreció ese lugar vacante a Inglaterra, que lo rechazó indignada por no haber sido convocada a organizar ninguna edición. Italia se consagró campeona por segunda vez consecutiva, mientras sus jugadores vestían un uniforme negro y hacían el saludo fascista en honor a Mussolini durante los partidos.
Las dos ediciones que nunca existieron y el largo camino de regreso a los Mundiales de la FIFA
El proceso para organizar el Mundial de Fútbol siguiente ya estaba en marcha cuando estalló la guerra. Alemania, Argentina y Brasil habían presentado sus candidaturas para alojar la edición de 1942. Sin embargo, la invasión alemana a Polonia, en septiembre de 1939, cambió el panorama de manera irreversible. La FIFA suspendió toda actividad y el proyecto quedó oficialmente cancelado antes de que se designara siquiera una sede.

La guerra paralizó el fútbol en todos sus niveles. Estadios que habían sido escenario de partidos internacionales fueron destruidos o convertidos en instalaciones militares. Numerosos futbolistas fueron llamados al frente de combate, y muchos de ellos no regresaron. Las selecciones nacionales que habían participado en los torneos previos dejaron de funcionar por años, producto de la ocupación, la devastación económica y la reorganización política de sus países.
Cuando el conflicto terminó, en 1945, la destrucción era tal que una nueva edición tampoco resultaba viable de inmediato. Ningún país europeo presentó una candidatura formal para organizar el torneo de 1946. Las ciudades estaban en ruinas, las redes de transporte destrozadas y las federaciones nacionales carecían de los recursos mínimos para participar en un evento de esa escala. La FIFA confirmó la segunda cancelación consecutiva.
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El primer congreso oficial de la federación tras la guerra se celebró en Luxemburgo. Además de que se anunciara el retorno de las asociaciones británicas a la FIFA, ausentes desde 1929, en esa reunión se tomaron tres decisiones fundamentales:
- La cancelación formal de la edición de 1946.
- La asignación de la sede de 1950 a Brasil, único país que postuló su candidatura.
- El cambio de nombre del trofeo, que pasó a llamarse Copa Jules Rimet en homenaje a los veinticinco años de presidencia del dirigente francés y a sus esfuerzos por mantener viva la institución durante los años más oscuros del siglo.
De esa manera, Brasil fue el destino elegido en parte porque Sudamérica no había sido escenario directo del conflicto y contaba con la estabilidad mínima para asumir el desafío. El torneo de 1950 marcó el regreso del Mundial después de doce años de silencio y será recordado por el “Maracanazo”, la derrota de Brasil ante Uruguay en el estadio más grande del mundo, frente a casi 200 mil personas, en un partido que nadie esperaba que terminara como terminó.




