La carrera tecnológica está modificando, a una velocidad inédita, las reglas de la seguridad, la inteligenciay la defensa. De hecho, la IA ya amplía la capacidad para procesar información, detectar patrones y tomar decisiones, mientras que nuevas herramientas prometen transformar la forma en que los Estados protegen sus sistemas y enfrentan a sus adversarios. Pero ese mismo avance tecnológico también abre nuevas vulnerabilidades y obliga a anticipar amenazas que todavía no forman parte de la vida cotidiana. Los expertos ya lo saben, por eso, desde la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) y la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF), los especialistas pusieron el foco en la ciberseguridad como una cuestión estratégica para un país como Argentina.
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La inteligencia artificial, la dependencia de infraestructura extranjera, la soberanía sobre los datos y la necesidad de desarrollar capacidades propias forman parte de un mismo desafío: evitar que la brecha tecnológica se transforme también en una vulnerabilidad estratégica. Y, en ese debate, uno de los interrogantes que comienza a ganar espacio es el de la computación cuántica.
En el marco de las jornadas de Inteligencia Artificial aplicada a la Defensa, Seguridad e Inteligencia, organizadas entre la ENI y la UNDEF, entre los días 11, 12 y 13 de agosto, los especialistas plantearon la necesidad de prepararse cuanto antes para ese escenario.

IA y ciberseguridad: el desafío de anticiparse a las nuevas amenazas
Tras la exposición y la mirada de distintos oradores, el cierre de la jornada estuvo marcado por un debate sobre los riesgos, amenazas y oportunidades que plantea la inteligencia artificial en una eventual era postcuántica. Rodrigo Cardenas Holik, especialista en ciberdefensa; Heriberto Acosta, experto en Política Cibernética del Centro de Estudios de Defensa Hemsiférica William J. Perry; Damian Ángel Rodríguez y Mauricio Eduardo Lahitte, ambos expertos en ciberseguridad, abordaron la discusión.
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Desde la ENI, los expertos remarcaron que la incorporación de Inteligencia Artificial debe realizarse dentro del marco normativo vigente y con criterios comunes entre los distintos actores del Estado. En cuanto al entrenamiento del personal, la conclusión fue que la tecnología no debería modificar los fundamentos de la preparación profesional, sino potenciarlos: las capacidades de análisis y procesamiento de información se amplían, pero también lo hace la capacidad del adversario para utilizar esas mismas herramientas.

Uno de los principales ejes del debate estuvo puesto en la ciberseguridad y en la necesidad de diseñar sistemas capaces de resistir las amenazas que traerán las nuevas tecnologías. Los especialistas advirtieron que muchas vulnerabilidades no aparecen durante el uso de un sistema, sino que se incorporan desde su propia etapa de desarrollo, por lo que la seguridad debe ser contemplada “desde el diseño”. En ese sentido, remarcaron que la inteligencia artificial no puede analizarse de manera aislada: los sistemas que incorporen modelos de IA también deberán cumplir estándares de seguridad, especialmente cuando se trate de organismos vinculados con la defensa y la seguridad nacional.
En la misma línea, Mauricio Eduardo Lahitte puso el foco en una de las principales limitaciones: la dependencia de infraestructura y hardware del exterior. Los especialistas coincidieron en que el país dispone de profesionales capacitados para desarrollar y utilizar inteligencia artificial, pero necesita generar mayores incentivos para su adopción tanto en organismos públicos como en el sector privado y las universidades. “Hay que empezar a entrenar a nuestros estudiantes a cómo sacarle el beneficio máximo a estos sistemas”, señaló, al remarcar que la IA debe ser entendida como un amplificador de conocimientos y capacidades. La advertencia fue contundente: en un escenario de competencia tecnológica y geopolítica, los países que no incorporen estas herramientas pueden quedar rezagados.

Soberanía tecnológica y resiliencia cuántica: prepararse antes de que sea tarde
Otro de los conceptos centrales fue la necesidad de transformar la innovación, el desarrollo y la investigación en una verdadera política de Estado. Para Rodrigo Cardenas Holik, la soberanía tecnológica se traduce en el desarrollo de capacidades propias y de la generación de alianzas que permitan complementar aquello que el país todavía no puede producir. “La brecha no necesariamente es que nosotros tenemos que llegar al mismo nivel de otros, sino llegar a un nivel común, donde todos hablemos el mismo idioma”, explicó. En ese marco, plantearon la necesidad de articular al Estado, las Fuerzas Armadas, las universidades y el sector privado para avanzar en el desarrollo de software, hardware, capacitación y soluciones de uso dual. “Entendemos que la IA es un producto y una tecnología de vanguardia. De la misma manera que Internet surgió para vincular elementos militares y luego universidades, esto también es una tecnología de uso dual. Puede ser beneficiosa para la sociedad, pero tenemos que velar por ello”, aclaró. Junto a él, Heriberto Acosta incorporó una preocupación estratégica: la soberanía sobre los datos. Frente a la dependencia de grandes compañías, planteó la posibilidad de utilizar modelos abiertos y entrenarlos localmente para atender necesidades específicas de la defensa, la inteligencia y la seguridad.

Pero uno de los puntos que mayor preocupación generó fue el avance de la computación cuántica y su capacidad potencial para quebrar los sistemas de cifrado actuales. Rodrigo Cárdenas Holik explicó que el problema radica en que muchos mecanismos de seguridad se apoyan en operaciones matemáticas que resultan extremadamente complejas para una computadora convencional, pero que podrían ser resueltas con mucha mayor velocidad por una máquina cuántica. Para graficar la magnitud del cambio, planteó: “Una contraseña que tiene al menos ocho caracteres alfanuméricos, con la computación actual se tardan años en descifrarla. Con la computación cuántica, el tiempo se va a reducir a siete segundos”. La comparación sirvió para advertir que la ventana para prepararse frente a un escenario poscuántico puede ser mucho más corta de lo que parece.
Frente a ese escenario, los especialistas coincidieron en que Argentina debería comenzar desde ahora a desarrollar capacidades de resiliencia cuántica, aun cuando la tecnología todavía se encuentre en una etapa experimental. También plantearon que antes de pensar en una doctrina específica de inteligencia artificial para la defensa es necesario consolidar políticas, procedimientos, presupuestos y una doctrina de ciberdefensa que permita conocer y proteger las distintas redes y sistemas críticos. La conclusión del panel fue que la preparación no puede comenzar cuando la computación cuántica llegue masivamente: para entonces, advirtieron, podría ser demasiado tarde.




