En los últimos días circularon versiones sobre presuntas amenazas de organizaciones criminales mexicanas contra la delegación de Ecuador antes de su eliminación del Mundial 2026 frente a México. Se trata de información que, hasta el momento, no fue confirmada por ningún organismo oficial. Más allá de este episodio, la sospecha de que un resultado pueda estar condicionado por presiones externas tiene una larga historia en los Mundiales de fútbol.
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A lo largo de casi un siglo de Copas del Mundo de fútbol hubo distintos hechos de intimidación directa a jugadores, entrenadores y hasta familiares, protagonizados tanto por regímenes dictatoriales, como por estructuras del narcotráfico. Repasar esos antecedentes permite entender que el miedo, lamentablemente, siempre estuvo cerca de las canchas.
Mundial 2026: cuando el poder político metió miedo en el fútbol
El primer antecedente se remonta a la final inaugural entre Uruguay y Argentina, disputada en el estadio Centenario de Montevideo. Con los argentinos arriba en el marcador al finalizar el primer tiempo, el vestuario albiceleste se convirtió en un escenario de pánico ante versiones de que sus vidas corrían riesgo si se quedaban con el título.
El defensor Luis Monti confesó años más tarde haber recibido amenazas de muerte contra él y contra su madre, en la previa de ese partido. La sospecha más difundida indica que detrás de esas intimidaciones estuvieron agentes vinculados al régimen de Benito Mussolini, interesados en quebrar al jugador para luego sumarlo a la selección italiana, algo que finalmente ocurrió.

Asimismo, el propio Mussolini protagonizó los antecedentes más contundentes de presión política sobre un plantel de fútbol. En la final que Italia disputó como local ante Checoslovaquia, en 1934, el propio “Duce” se presentó en el vestuario durante el entretiempo para advertirle al entrenador Vittorio Pozzo que él sería el único responsable del triunfo, aunque necesitaría ayuda divina si el resultado no llegaba.
Cuatro años después, en la defensa del título ante Hungría, la amenaza se repitió de forma explícita a través de un telegrama enviado desde Roma que contenía apenas tres palabras: “Vencer o morir”. El arquero húngaro, Antal Szabó, reconoció después del partido que jamás se había sentido tan feliz por perder, convencido de que la derrota de su equipo les había salvado la vida a los futbolistas italianos.

Otro episodio que involucró a la Argentina fue en el año 1978, durante la realización de la Copa del Mundo en el país. Una versión que circuló tiempo después especulaba sobre una supuesta coerción del gobierno argentino de facto a la selección de Perú, con el objetivo de garantizar el pase de la albiceleste a la siguiente etapa del torneo que, finalmente, la consagraría campeón por primera vez.
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Copa del Mundo de 1994: el narcotráfico se metió en la cancha
El otro capítulo de intimidación a una selección tiene como protagonista a Colombia, en el Mundial de fútbol que se disputó en Estados Unidos, en un contexto de fuerte injerencia del narcotráfico en la región. Antes del partido decisivo ante el local, el cuerpo técnico recibió amenazas explícitas si el mediocampista, Gabriel Jaime “Barrabás” Gómez, salía a la cancha, al punto de que el entrenador de ese entonces, Francisco Maturana, llegó entre lágrimas a la charla técnica previa al encuentro.

La derrota derivó en una de las tragedias más recordadas del fútbol mundial, con el asesinato del defensor, Andrés Escobar, días después del Mundial, luego de haber convertido un gol en contra en ese mismo partido. Distintas investigaciones vincularon el crimen con pérdidas millonarias de apostadores ligados al narcotráfico, aunque nunca se estableció una conexión directa con el autogol como único motivo.
Estos antecedentes muestran que la sospecha de amenazas externas sobre una selección no es un fenómeno aislado ni exclusivo de una época. Cambian los actores, los métodos y los contextos políticos o criminales de cada momento, pero la lógica de fondo se repite, la de intentar cambiar con miedo lo que debería definirse únicamente dentro de la cancha.




