Hoy, el hambre golpea a una porción cada vez más grande de la humanidad y los números confirman esta tendencia con crudeza. Un nuevo informe elaborado por distintas agencias de Naciones Unidas (ONU) reveló que 645 millones de personas atravesaron este padecimiento el año pasado, lo que equivale al 7,8% de los habitantes del planeta. La cifra representa apenas una mejora marginal respecto al 8,1% registrado en 2024 y deja en evidencia lo lejos que está el mundo de erradicar esta deficiencia.
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El documento, elaborado en conjunto por varios organismos especializados en alimentación y salud, fue presentado en Roma y expone además marcadas diferencias entre regiones, con África como el continente más golpeado.
Más allá del hambre propiamente dicha, el reporte también pone el foco en un problema todavía más extendido, la inseguridad alimentaria. Se trata de la falta de acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, una situación que suele anteceder al hambre crónica. Según las estimaciones, este fenómeno alcanzó a 2.100 millones de personas en el mundo, una cifra que aunque también bajó respecto a años anteriores, sigue siendo alarmante.
ONU: un informe que expone la desigualdad entre continentes
El estudio, denominado “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, fue elaborado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (WFP), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo para la Infancia de Naciones Unidas (UNICEF). Su principal conclusión es que, si bien el hambre global mostró una leve retracción, el fenómeno es devastador para cientos de millones de personas.
Del total de personas hambrientas en el mundo, casi la mitad se concentra en el continente africano, con 309 millones de casos. Le sigue Asia, con 292 millones y, más atrás, América Latina y el Caribe, con 32 millones. En términos porcentuales, la región africana pasó de una prevalencia del 20,3% a un 20%, una mejora tan leve que no logra traducirse en una baja real del número de afectados, debido al crecimiento constante de su población.

En cambio, América Latina y el Caribe fue destacada por el organismo por sus “sostenidos progresos” en la materia. La prevalencia del hambre en la región bajó al 4,8%, muy por debajo del 6,1% registrado en el 2020, en plena pandemia. Esto significa una caída sostenida durante varios años consecutivos, aunque la región todavía enfrenta otros desafíos vinculados a la nutrición, como el aumento de la obesidad y el encarecimiento de una dieta saludable.
El informe también hizo referencia a las formas más severas de esta problemática. Se estima que 295,3 millones de personas padecieron hambre aguda durante el año pasado, de las cuales 1,9 millones se encontraban al borde de la hambruna, la etapa más crítica dentro de la escala de inseguridad alimentaria.
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¿La ONU está más cerca o más lejos de cumplir con el segundo objetivo de la Agenda 2030?
La Agenda 2030 es un plan de acción adoptado por los países miembros de Naciones Unidas con el fin de alcanzar el desarrollo sostenible a nivel global. Está compuesta por 17 objetivos que abarcan temas como la pobreza, la educación, la igualdad de género, el cambio climático y, entre ellos, el llamado “hambre cero”, su segundo objetivo, que busca erradicar por completo el hambre y garantizar el acceso a una alimentación adecuada para toda la población mundial.
De acuerdo con las proyecciones incluidas en el informe, ese objetivo luce cada vez más inalcanzable en los tiempos previstos. Se calcula que, incluso si se mantiene la tendencia actual de reducción, para el 2030 todavía habrá más de 500 millones de personas padeciendo hambre en el mundo. De ese total, se espera que el 56% se concentre en el continente africano, el más rezagado al respecto.

El propio documento reconoce que existen múltiples factores que dificultan el cumplimiento de esta meta. Entre ellos se menciona el impacto de distintos conflictos armados sobre los mercados de alimentos, como la guerra en Ucrania y la crisis derivada de las tensiones en el estrecho de Ormuz, además de los efectos cada vez más visibles del cambio climático sobre la producción agrícola.
En definitiva, aunque los datos muestran una leve mejora respecto de años anteriores, el mundo se encuentra todavía muy lejos de erradicar el hambre para el final de esta década. La combinación de conflictos, crisis económicas y fenómenos climáticos extremos sigue siendo un obstáculo de peso para revertir esta realidad en el corto plazo.




