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La educación como infraestructura estratégica: de la formación militar a la resiliencia nacional

El conflicto bélico en Ucrania ha vuelto a colocar a la educación en la primera línea de la defensa y la preparación nacional.

Por Sergio Skobalski y María Fernanda Malianni

La guerra en Ucrania está modificando dimensiones que exceden al campo de batalla. Entre ellas, la educación comienza a recuperar una función vinculada con la preparación nacional y la resiliencia de sociedades expuestas a crisis prolongadas. Rusia y Ucrania representan las expresiones más visibles de este proceso, aunque la tendencia también aparece en distintos sistemas educativos europeos, donde la preparación frente a emergencias, amenazas híbridas, disrupciones tecnológicas y posibles conflictos empieza a ser concebida como una responsabilidad que involucra al conjunto de la sociedad.

De la movilización militar a la construcción de capacidades sociales

La relación entre educación y defensa posee profundas raíces en el espacio postsoviético; durante buena parte del siglo XX la Unión Soviética sostuvo una base social de preparación física, defensa civil, comunicaciones e ingeniería que permitía disponer de conocimientos útiles ante una emergencia o movilización sin mantener fuerzas armadas permanentemente sobredimensionadas.

Tras la desaparición de la Unión Soviética, ese modelo perdió relevancia, Rusia y Ucrania redujeron fuerzas, presupuestos y estructuras de preparación técnico-militar, mientras gran parte de las nuevas generaciones creció con una vinculación mucho menor entre educación y defensa.

La guerra iniciada en 2014 y, especialmente, la invasión rusa a gran escala de febrero de 2022 alteró nuevamente el escenario; la duración del conflicto mostró que la disponibilidad de armamento no garantiza por sí sola capacidad militar, porque una guerra prolongada requiere operadores, técnicos, especialistas, personal logístico e ingenieros capaces de desenvolverse en entornos de alta complejidad tecnológica.

La relación entre educación y defensa posee profundas raíces en el espacio postsoviético.

El desafío dejó entonces de consistir solamente en movilizar más personas y pasó a incluir la necesidad de contar con capacidades cada vez más técnicas y especializadas. Informática, electrónica, telecomunicaciones, robótica, primeros auxilios, gestión de emergencias y operación de sistemas no tripulados adquirieron mayor relevancia; en ese contexto, la educación volvió a ocupar un lugar dentro de la preparación nacional, aunque bajo condiciones muy diferentes de las del período soviético.

Rusia y Ucrania: dos caminos hacia una misma necesidad

Rusia ha avanzado hacia una mayor incorporación de contenidos vinculados con seguridad y defensa dentro de su sistema educativo, proceso iniciado antes de 2022 pero considerablemente acelerado por la guerra; la enseñanza relacionada con protección civil y preparación militar fue ampliándose hasta incluir primeros auxilios, fundamentos del servicio militar y contenidos asociados con sistemas no tripulados, mientras universidades civiles y militares incorporaron programas relacionados con su operación, mantenimiento y desarrollo.

El objetivo no consiste únicamente en formar futuros militares, sino en ampliar el universo de personas que poseen conocimientos potencialmente útiles para el sistema de defensa, la industria o las estructuras tecnológicas del Estado; la creciente utilización de drones en tareas de reconocimiento, vigilancia, ataque, logística y protección de instalaciones generó nuevas necesidades de formación y una mayor demanda de operadores, programadores, técnicos e ingenieros capaces de integrarlos, mantenerlos y adaptarlos a diferentes requerimientos operacionales.

Ucrania enfrenta una ecuación diferente, ya que su menor dimensión demográfica respecto de Rusia incrementa el valor relativo de cada recurso humano disponible y genera mayores incentivos para potenciar tecnológicamente esas capacidades. El ecosistema ucraniano de drones surgió de la interacción entre unidades militares, voluntarios, empresas, universidades, ingenieros y organizaciones de la sociedad civil; las necesidades del frente aceleraron los ciclos de experimentación y permitieron que determinadas soluciones fueran diseñadas, probadas, modificadas y desplegadas en plazos reducidos.

Rusia ha avanzado hacia una mayor incorporación de contenidos vinculados con seguridad y defensa dentro de su sistema educativo, proceso iniciado antes de 2022 pero considerablemente acelerado por la guerra.

Con la prolongación de la guerra, ese proceso comenzó a institucionalizarse y la formación en sistemas no tripulados, guerra electrónica, ciberseguridad, robótica e ingeniería aplicada adquirió una presencia creciente dentro de instituciones militares y educativas, generando una mayor integración entre educación, innovación y producción para la defensa.

Mientras Rusia dispone de una base poblacional mayor y de estructuras educativas y militares de gran escala, Ucrania, condicionada por una disponibilidad menor de recursos humanos, necesita aumentar el rendimiento tecnológico y acelerar la conexión entre innovación civil y necesidades operacionales. Pese a las diferencias, en ambos casos la guerra prolongada está reduciendo la distancia entre conocimiento civil, formación profesional y capacidad nacional de defensa.

De la preparación militar a la educación para la resiliencia nacional

El fenómeno adquiere una dimensión más amplia cuando se observa la evolución de otros sistemas educativos europeos, donde no se reproduce necesariamente el modelo ruso o ucraniano, sino que comienza a consolidarse una concepción de preparación orientada a que los ciudadanos comprendan riesgos, actúen frente a emergencias y conserven capacidad de organización cuando las condiciones normales se alteran.

El informe Eurydice sobre educación para la preparación en Europa, publicado en marzo de 2026 y basado en el ciclo escolar 2025-2026, muestra que distintos sistemas incorporan competencias relacionadas con riesgos naturales, amenazas tecnológicas y crisis provocadas por el ser humano. Lituania ofrece uno de los ejemplos más visibles: sus programas incluyen primeros auxilios, orientación, evacuación y actuación frente a desastres, accidentes nucleares o conflictos militares, con el propósito de que los jóvenes puedan responder ante situaciones extremas, protegerse y cooperar con otros.

Esta evolución supone una ampliación del papel de la educación nacional. A las capacidades de protección civil y respuesta ante crisis se suman otras de carácter transversal, como pensamiento crítico, toma de decisiones, adaptación, comunicación y cooperación; la preparación deja así de limitarse a saber qué hacer frente a una emergencia y comienza a incluir la capacidad de comprender escenarios inciertos, organizarse y actuar de manera coordinada.

UCRANIA-RUSIA-CONFLICT-GUERRA
El informe Eurydice sobre educación para la preparación en Europa, publicado en marzo de 2026 y basado en el ciclo escolar 2025-2026, muestra que distintos sistemas incorporan competencias relacionadas con riesgos naturales, amenazas tecnológicas y crisis provocadas por el ser humano.

El cambio resulta significativo si se lo observa desde una perspectiva histórica. Tras el final de la Guerra Fría, organismos internacionales como la UNESCO impulsaron con particular intensidad una agenda educativa centrada en la paz, los derechos humanos, la democracia, la tolerancia y la cooperación internacional; el Informe Delors de 1996 sintetizó ese horizonte en uno de los grandes pilares de la educación: “aprender a vivir juntos”. Esa orientación no ha desaparecido y continúa formando parte del marco educativo internacional, pero hoy convive con una preocupación creciente por preparar a las sociedades frente a crisis, ciberamenazas, disrupciones tecnológicas e inestabilidad geopolítica.

La guerra en Ucrania permite observar esta transformación en su forma más intensa, mientras Europa muestra cómo algunas de sus enseñanzas comienzan a incorporarse preventivamente a los sistemas educativos. Si durante las décadas posteriores a la Guerra Fría una parte importante del debate educativo internacional estuvo orientada a formar para la convivencia y la paz, ¿estamos ingresando ahora en una etapa en la que la educación nacional deberá incorporar también, de manera sistemática, capacidades para la seguridad, la defensa civil y la resiliencia de los Estados?

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