En un contexto atravesado por la crisis de representatividad y la creciente polarización política en América Latina, Roberto Nul, Gabriel Urchipía y Victoria Landetcheverry presentaron su libro “Principios, valores y emociones del liderazgo”, una publicación que busca repensar el liderazgo político desde una perspectiva práctica y centrada en principios. Con la moderación del periodista Marcelo Birmajer, el encuentro giró en torno a una idea central: la política carece de líderes formados y de herramientas sistemáticas para desarrollarlos.
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No se trata únicamente de qué ideas defienden los líderes, sino de cómo las llevan adelante. En ese sentido, durante la presentación se subrayó una disonancia frecuente entre el posicionamiento ideológico y la capacidad real de los verdaderos líderes. “El liderazgo no es solo una cuestión de ideas, sino una disciplina en sí misma”, fue una de las premisas que dominó la conversación.
Falta de formación: la cuenta pendiente del liderazgo en la política
Uno de los ejes principales desarrollados en el encuentro fue la ausencia de formación sistemática en liderazgo dentro del ámbito político. A diferencia del mundo corporativo, donde desde hace décadas existen programas estructurados para desarrollar líderes, en la política este proceso es prácticamente inexistente.
Esta diferencia no es menor. Mientras las organizaciones privadas planifican, entrenan y acompañan, los dirigentes políticos suelen asumir responsabilidades sin preparación previa y sin estructuras que los contengan o los ayuden a mejorar.

En ese sentido, los autores marcaron una diferencia clave entre ambos mundos. En las empresas, explicó Roberto Nul, “el liderazgo se construye deliberadamente a lo largo del tiempo, con seguimiento, evaluación y planificación. En la política, en cambio, predomina la improvisación y la idea de que el líder nace, no se hace”.
Esta lógica impacta en la calidad del liderazgo disponible y en la capacidad del sistema político para dar respuestas efectivas. “Los líderes políticos se desarrollan, pero nadie los cuida”, concordaron los autores.
Pero, el problema no es solo cualitativo, sino también cuantitativo. Por eso, durante el evento, se plantearon distintas estimaciones sobre la necesidad de nuevos liderazgos en Argentina. Según los cálculos expuestos por Roberto Nul y Gabriel Urchipía, el país necesitaría formar entre 250 y 1500 líderes por año, si se consideran los cargos electivos y también los equipos que sostienen la gestión.

Esta cifra pone en evidencia la magnitud del desafío y refuerza una idea central del libro: el liderazgo no puede ser entendido como una cualidad reservada a una élite, sino como una capacidad que debe desarrollarse de manera más amplia y horizontal.
A esto se suma la ausencia del liderazgo político como contenido central en la formación académica. Incluso en carreras de ciencias políticas, esta dimensión suele estar ausente o tratada de manera marginal. Para los autores, la situación refleja una desconexión entre la formación teórica y las demandas reales del ejercicio del poder. En paralelo, también se identificaron obstáculos individuales que dificultan el aprendizaje, como el miedo al fracaso, la necesidad de proteger la propia imagen, la resistencia a aceptar ideas diferentes y el aislamiento en la toma de decisiones.
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El diagnóstico, en conjunto, apunta a una debilidad profunda en la construcción de liderazgo en América Latina, que se traduce en dificultades para gestionar, construir consensos y sostener procesos políticos en el tiempo. En un contexto de polarización creciente, estas limitaciones se vuelven aún más visibles y condicionan el funcionamiento de las democracias.
Principios, valores y entrenamiento: la propuesta para profesionalizar el liderazgo político
Frente a este escenario, el libro propone un modelo de liderazgo basado en principios universales, diferenciados de los valores. Según explicó Urchipía, mientras que los valores son entendidos como preferencias individuales, los principios se presentan como guías más estables, con capacidad de generar consecuencias concretas en la acción.
A partir de esta distinción, los autores estructuran su propuesta en torno a nueve principios organizados en tres dimensiones (el ser, el saber y el hacer), que giran en torno a un eje central: la autoridad moral.

Dentro de este esquema, se destacan otros tres principios fundamentales para el liderazgo político:
- La integridad, entendida como la coherencia entre lo que se dice, se piensa y se hace, especialmente en momentos críticos.
- La responsabilidad, vinculada a la capacidad de tomar decisiones de manera consciente, evitando respuestas reactivas y considerando sus consecuencias.
- El servicio, asociado a la empatía, la conexión con la sociedad y el compromiso con el bien común.
Estos elementos, sostuvieron los especialistas, son clave para construir confianza, legitimidad y credibilidad en el ejercicio del poder.

Más que concentrarse en la figura del dirigente, quien también debe entrenarse para poder serlo, se propone entender el liderazgo como la capacidad de inspirar, movilizar y empoderar a una comunidad para que genere sus propias soluciones.
En este sentido, el liderazgo deja de ser una cualidad individual para convertirse en un proceso colectivo. Lejos de ser una propuesta meramente idealista, los autores sostienen que se trata de un enfoque aplicablebasado en experiencias concretas, que busca contribuir a mejorar la calidad de los líderes y, en última instancia, el funcionamiento de las democracias en la región.




