Pocos apellidos generan tanto debate en Latinoamérica como el de Fujimori. Durante más de tres décadas, esta familia ocupó el centro de la escena política de Perú con una intensidad que ningún otro linaje político del país puede igualar. La historia comienza en 1990, cuando Alberto Fujimori llegó a la presidencia de manera inesperada. Hoy, más de tres décadas después, su hija Keiko se prepara para disputar la segunda vuelta electoral del 7 de junio y podría ser la primera mujer electa presidenta.
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Alberto Fujimori: el ingeniero que moldeó una década de Perú
El país que recibió a Alberto Fujimori, en julio de 1990, estaba al borde del colapso. La hiperinflación había llegado a cifras astronómicas, Sendero Luminoso y el MRTA sembraban el terror en el interior del país, y la clase política tradicional había perdido toda credibilidad. En ese contexto, un candidato desconocido, hijo de inmigrantes japoneses, logró lo impensable: derrotar al escritor Mario Vargas Llosa en la segunda vuelta electoral.
Su gobierno, que se extendería entre 1990 y el año 2000, estuvo marcado por profundas contradicciones. En lo económico, implementó un severo programa de ajuste que logró controlar la crisis económica e iniciar un período de estabilización en Perú. En materia de seguridad, capturó en 1992 al líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, un hecho que sus defensores consideran uno de los mayores logros de su mandato.

Sin embargo, el 5 de abril de 1992, Fujimori protagonizó uno de los episodios más polémicos de la historia peruana: el autogolpe. Con apoyo de las Fuerzas Armadas, disolvió el Congreso, intervino el Poder Judicial y suspendió la Constitución. La medida, aunque ampliamente respaldada por la ciudadanía en ese momento, marcaría definitivamente el carácter autoritario de su régimen.
Detrás del poder visible de Fujimori operaba su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, figura que personificó la corrupción sistémica del régimen. La aparición de los llamados “vladivideos” en el año 2000, grabaciones que mostraban sobornos a congresistas, periodistas y empresarios, detonó la caída fulminante del gobierno.
El presidente huyó a Japón y renunció a su cargo por fax. En 2007, tras extraditarlo desde Chile, los tribunales peruanos lo condenaron a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad, incluyendo las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, además de crímenes de corrupción. Alberto Fujimori fue el primer expresidente latinoamericano en ser juzgado y condenado por su propio país.
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La naturaleza del fujimorismo y su continuidad con Keiko Fujimori
Si bien la corriente política que acompañó al mandatario durante su década al frente del país no logró sobrevivir a su figura, generó una huella en la sociedad que encontró continuidad 25 años más tarde.
Durante la presidencia de su padre, Keiko Fujimori asumió el rol de Primera Dama, a los 19 años, y esta experiencia temprana en las altas esferas del poder marcó su formación y ambiciones.
En 2009, la mayor de los hijos de Alberto Fujimori fundó Fuerza Popular, un partido que se define como heredero del legado de su padre y que hoy representa la bancada más numerosa del Congreso, con 20 de los 130 escaños.

En un país sumido en una clara polarización entre el fujimorismo y sus detractores, y con profundas carencias en la representación, esta estructura partidaria le permitió a Keiko mantener una base de intención de voto consistente alrededor del 15%, suficiente para alcanzar la segunda vuelta en cada elección presidencial en la que participó.
Sin embargo, las expectativas electorales están atadas a las derrotas pasadas. Se presentó tres veces a la presidencia de Perú y todas fueron caídas en segunda vuelta: frente a Ollanta Humala, en 2011; con Pedro Pablo Kuczynski, en 2016; y con Pedro Castillo, en 2021.
Sin ser su mejor resultado en cuanto a cantidad de votos conseguidos, en su cuarta candidatura, este año, Keiko venció en la primera vuelta de las últimas elecciones y emerge como una seria candidata a convertirse en la primera presidenta electa del país.
Si vence a Roberto Sánchez el próximo 7 de junio, representaría un hito en la historia política de Perú y la consolidación del fujimorismo como un proyecto de país, con una líder aceptada por la sociedad y con respaldo institucional, un aspecto no menor si se considera la crisis política que rodea la Casa de Pizarro.




