A 44 años de la Guerra de 1982, el reclamo argentino por las Malvinas sigue vigente, aunque condicionado por un escenario internacional. ¿Puede Argentina recuperar las Islas en las próximas décadas?
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En el marco de los 45 años del conflicto (a conmemorarse en 2027), DEF continúa su serie de entrevistas con especialistas-entre ellos Roberto García Moritán, Alejandro Corbacho y Fabián Calle– para analizar el presente y el futuro de la cuestión Malvinas. En esta segunda entrega, el coronel (retirado), doctor en Ciencia Política, Veterano de Guerra y Secretario de Ciencia y Tecnología de la UNDEF, Carlos Daniel Esteban ofrece una mirada del conflicto: reconoce la solidez del reclamo argentino, pero advierte el control británico, la ausencia de incentivos para negociar y el equilibrio de poder internacional sostienen un escenario de statu quo prolongado. Para él, la vía diplomática es el único camino posible.

“El reclamo argentino sobre las Islas Malvinas tiene una alta persistencia histórica y jurídica”
-¿Cómo ve el futuro del reclamo argentino en las próximas décadas?
-El reclamo argentino sobre las Islas Malvinas tiene una alta persistencia histórica y jurídica, pero baja probabilidad de resolución en el corto plazo.
En términos jurídicos, Argentina mantiene una base sólida sustentada en el principio de integridad territorial reconocido por la Organización de las Naciones Unidas. Diplomáticamente, el apoyo regional y de foros multilaterales se mantiene, pero sin capacidad coercitiva. Y, en cuanto al plano estratégico, el Reino Unido no tiene incentivos para negociar mientras conserve control efectivo. En las próximas décadas, el escenario más probable es continuidad del statu quo con avances marginales en cooperación práctica.
-¿Cree que la vía diplomática es la única que puede resolver el tema?
-Sí, y no solo por conveniencia, sino por obligación jurídica y racionalidad estratégica. Tras la guerra de 1982, el uso de la fuerza quedó descartado como instrumento legítimo y, además, Argentina consolidó su posición internacional al comprometerse con la resolución pacífica de controversias.
Cualquier alternativa no diplomática debilitaría la posición argentina y la aislaría internacionalmente.
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-¿Es posible imaginar una solución negociada con el Reino Unido?
-Espoco probable, pero no imposible en el largo plazo. El Reino Unido sostiene elprincipio de autodeterminación de los isleños y una posición firme reforzada por su presencia militar. Sin embargo, la historia muestra que las disputas prolongadas pueden resolverse cuando cambian variables como, por ejemplo, los costos estratégicos, las presiones internacionales o los intereses económicos compartidos.
Hoy no hay condiciones, pero podrían generarse mediante una estrategia sostenida.

Daniel Esteban: “En general, ninguna potencia relevante impulsa activamente la causa argentina”
-¿Cómo influyen hoy las potencias globales, entre ellas, Israel, en la cuestión Malvinas?
Las potencias globales tienden a evitar confrontar al Reino Unido, aliado clave en la OTAN, y priorizan la estabilidad en el Atlántico Sur.
En cuanto a Israel: históricamente tuvo vínculos con Argentina y el Reino Unido y hubo recientes gestos diplomáticos (como matices en posicionamientos o cooperación) que deben interpretarse en clave pragmática, no como alineamientos estructurales. En general, ninguna potencia relevante impulsa activamente la causa argentina, lo cual limita su proyección.
-En el presente, ¿qué importancia estratégica tienen las islas?
-Las Islas Malvinas son clave por sus recursos naturales (tienen potencial hidrocarburífero offshore, riqueza pesquera, proyección hacia recursos antárticos y turismo histórico) y por su posición geográfica, lo que asegura el control del Atlántico Sur, un punto de apoyo logístico militar, el control del Estrecho de Magallanes (como vía sustituta del Canal de Panamá) y proyección hacia el continente blanco.
Para el Reino Unido, las Malvinas constituyen un activo estratégico global; para Argentina, un componente de su integridad territorial y proyección marítima.
-Para el futuro de la causa, ¿qué debería hacer Argentina distinto en su política exterior?
-Argentina debería desideologizar la causa y convertirla en una política de Estado sostenida; fortalecer presencia en organismos internacionales con agenda consistente; impulsar cooperación práctica (pesca, ciencia, logística), educación y salud, sin resignar soberanía; y desarrollar poder nacional (económico, tecnológico, militar) que respalde la diplomacia
La clave es credibilidad internacional y consistencia en el tiempo.

-¿Cómo influyó su experiencia en la guerra en su forma de pensar la causa?
-La experiencia de la Guerra de las Malvinas deja una marca indeleble: enseña el costo humano de decisiones estratégicas erróneas; refuerza la necesidad de profesionalismo y planificación; y lleva a comprender que la causa debe sostenerse con inteligencia, no con impulsos.
La guerra transforma la causa en una responsabilidad histórica, no en una consigna emocional.
Derecho, poder y estrategia, una tríada en el reclamo de Malvinas
-¿Considera que hay errores de análisis que se repiten en el debate público?
-Se cree que la cuestión se resolverá por “justicia histórica” sin correlación de poder, se subestima la dimensión estratégica británica, se sobreestiman los apoyos internacionales; y se confunden los gestos diplomáticos con avances concretos
El principal error es no integrar derecho, poder y estrategia en el análisis.
–¿En qué estrategia realista se puede pensar para avanzar?
Una estrategia viable debería combinar diplomacia persistente en la Organización de las Naciones Unidas; la construcción de confianza con los isleños (sin reconocer autodeterminación plena); acuerdos funcionales (recursos, transporte, ciencia, educación y salud); y el fortalecimiento del poder nacional.
El objetivo debe apuntar a crear condiciones para negociar. No hay que forzar la negociación.
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¿Qué es más importante: “ganar” la soberanía o construir memoria y consenso?
-No son excluyentes. Sin memoria ni consenso interno, no hay política exterior sostenible. Y, sin objetivo de soberanía, la causa pierde sentido.
El orden lógico es: memoria, consenso, estrategia y, finalmente, una eventual soberanía
-¿Qué escenarios son probables para las próximas décadas?
El escenario más probable está dado por la continuidad del control británico, una mayor explotación de recursos, el incremento de cooperación limitada con Argentina, y una eventual apertura a negociaciones (solo si cambian variables estructurales). Un escenario de transferencia de soberanía es posible, pero hoy es de baja probabilidad.
En ese contexto, se podrían identificar tres escenarios posibles: el más probable es de un status quo prolongado, otro puede estar caracterizado por una cooperación ampliada (con acuerdos funcionales sin resolución de soberanía y una mayor interacción bilateral), y, un tercero, podría ser el de la negociación de soberanía (que requiere cambios estructurales, tanto geopolíticos como económicos, y una eventual fórmula de soberanía compartida o transición.
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-Entonces, ¿qué perspectivas observa para el futuro de la causa?
–La cuestión Malvinas constituye un caso paradigmático donde confluyen derecho, historia y poder. La Argentina posee fundamentos jurídicos sólidos, pero enfrenta una realidad estratégica adversa. En este contexto: la vía diplomática es la única opción viable, el tiempo juega un rol ambivalente (preserva el reclamo, pero consolida el statu quo), y la clave reside en articular legitimidad con poder.
-Con ese panorama, ¿qué desafíos tiene nuestro país?
-El desafío central para la Argentina es transformar una causa histórica en una política estratégica eficaz, capaz de sostenerse en el tiempo y adaptarse a las dinámicas del sistema internacional.La cuestión Malvinas se inscribe en el marco de los procesos de descolonización impulsados por la ONU desde mediados del siglo XX. Argentina sostiene un reclamo basado en la integridad territorial, mientras que el Reino Unido invoca el principio de autodeterminación de los habitantes de las islas.
A más de cuatro décadas de la Guerra de las Malvinas, el conflicto permanece sin resolución, lo que obliga a repensar estrategias y escenarios futuros desde una perspectiva realista. La causa Malvinas requiere: memoria histórica (honra por los caídos y respeto por los veteranos), consenso político interno (una política de Estado sostenida), y proyección estratégica (para evitar enfoques coyunturales). La soberanía no es alcanzable sin una base sólida de legitimidad interna, coherencia externa y una cuota de poder que nos habilite a ser escuchados.




