Hércules convirtió la fuerza en leyenda. Sus descendientes, los espartanos, la disciplina y el espíritu guerrero en una forma de vida. El primero representa al héroe solitario capaz de enfrentar aquello que parece imposible; los otros, a una comunidad de soldados que entendió que la verdadera fortaleza también podía construirse hombro con hombro.
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La historia cambió. También lo hicieron las armas y los escenarios. Pero hay algo que permanece: la fuerza se construye mucho antes de entrar en combate. Empieza en la voluntad de entrenar cuando nadie mira, de seguir cuando el cuerpo pide detenerse y de convertir la disciplina en una forma de vida. Y ese sacrificio vale el doble cuando eso también se hace para llevar a una institución a lo más alto. Y, en el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, el más histórico del Ejército Argentino, hay un soldado que parece reunir ambos espíritus. Un hombre que convirtió un desafío individual en un objetivo colectivo: representar a la Fuerza en una competencia mundial en la que meses de entrenamiento, sacrificio y preparación serán puestos a prueba para determinar quién está mejor preparado para ganar.

Esta es la historia del teniente primero Joaquín Soria, un joven militar que entendió que su principal fortaleza podía estar en sí mismo. A fuerza de entrenamiento riguroso y un estricto régimen nutricional, fue superando una a una las competencias que lo acercaron a su objetivo. Ahora se prepara para viajar a Las Vegas, Estados Unidos, donde, del 12 al 15 de noviembre próximo, representará al Ejército Argentino en el “Natural Olympia”, el Mundial de Fisicoculturismo Natural de la federación INBA. Y, como si eso no fuera poco, en pocos días viajará a Chile para buscar la clasificación al Mundial de la WNBF -otra de las organizaciones más reconocidas de la disciplina-, que se disputará en Canadá.
En definitiva, Soria une dos mundos que, a primera vista, parecen distantes pero comparten un mismo principio: la disciplina. La de un cuerpo que se entrena hasta el límite y la de un soldado que entiende que la preparación también es una forma de servicio.

Un militar argentino en lo más alto del fisicoculturismo natural
Para Joaquín Soria, el fisicoculturismo natural es mucho más que una competencia frente a un jurado. “La disciplina es justamente la construcción del cuerpo a través de los hábitos: el entrenamiento, la alimentación, el descanso y todo lo que rodea en el día a una persona”, cuenta, desde “Patricios”, en diálogo con DEF.
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A diferencia del imaginario más extendido sobre el fisicoculturismo, la modalidad natural tiene como uno de sus pilares el control antidopaje. De hecho, para poder participar, los atletas deben ser sometidos a exigentes controles, incluso después de la competencia. Por ejemplo, Soria cuenta que, tras consagrarse campeón en Chile, fue sometido a un análisis cuya muestra fue enviado a Estados Unidos para su evaluación. Así de rigurosos son los controles en esta disciplina que desalienta el consumo de cualquier tipo de suplemento.
Ese triunfo tuvo además una consecuencia directa: le permitió clasificarse al Mundial de Fisicoculturismo Natural de Las Vegas. Soria se consagró campeón sudamericano de la Federación Internacional de Natural Bodybuilding (INBA), una de las dos organizaciones internacionales en las que actualmente compite.

Pero el desafío no termina en Estados Unidos. En apenas diez días volverá a competir en Chile, esta vez bajo la World Natural Bodybuilding Federation (WNBF), con un nuevo objetivo: conseguir la clasificación al Mundial de Canadá. “Son las dos federaciones más prestigiosas del mundo en culturismo natural”, comenta.
La meta tiene además un componente histórico. Según Soria, ningún argentino logró hasta ahora llegar a esa instancia mundial en la WNBF. Él ya consiguió representar al país en el Mundial de INBA y ahora busca volver a romper sus propios límites.
Un dato: su recorrido tiene una particularidad. Resulta que Soria no es solamente uno de los pocos argentinos que logró llegar a estas instancias. También es, según dijo, uno de los escasos militares del mundo que practican fisicoculturismo natural a nivel competitivo.
Entre la dieta y el entrenamiento: ¿qué hay detrás de la preparación del fisicoculturista natural?
Soria respeta a rajatabla la rutina que le exige el fisicoculturismo natural. Trabaja la paciencia al extremo, sabe que los resultados tardan en llegar y los procesos exigen una disciplina sostenida durante meses. De hecho, contó que lleva más de 170 días bajo una dieta específica. Aún le quedan unos días más para lograr su objetivo.
“Alguien que utiliza suplementación logra resultados en algunas semanas”, explica, no sin antes detallar que, en su caso, la preparación para el Mundial supone todavía dos meses más de constancia.

“Hay una construcción intelectual y espiritual”
La alimentación, así como el entrenamiento físico, ocupa un lugar central en ese proceso. No se trata simplemente de eliminar las harinas o determinados alimentos, sino de controlar con precisión cada ingesta. “La dieta es bastante particular. Un fisicoculturista natural que se destaca y que hace las cosas bien tiene carbohidratos altos, pero también tiene que existir un déficit calórico”, detalla. ¿Qué hay detrás de esa explicación? Joaquín debe lograr reducir la cantidad de calorías y, a su vez, distribuir las que sí puede consumir entre carbohidratos, proteínas y grasas. Para cumplirlo, Soria pesa cada alimento y trabaja junto a un entrenador que supervisa su preparación. “Uno tiene que controlar todo minuciosamente”, resume.
Pese a su disciplina alimentaria, Joaquín está presente en las reuniones, almuerzos y cumpleaños a los que decide concurrir. Pero, sabe que primero está su objetivo. Nada lo tienta, pues hizo un formidable trabajo mental para saber que primero está su misión de llegar en condiciones a la competencia. “No es para ansiosos”, reconoce entre risas.
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“Todo lo que es comida pasa a segundo plano. Yo priorizo relacionarme con la gente y habla”, cuenta y revela que, detrás de esa decisión, también hay un estilo de vida que se enfoca en los vínculos. “Acá no hay solamente una construcción física. Hay una construcción intelectual y espiritual que trae aparejadas un montón de otras cosas que vienen de la mano”, sostiene. La preparación, en ese sentido, también funciona como un ejercicio de voluntad y autocontrol.
De hecho, su rutina diaria lleva esa disciplina individual al extremo. Se levanta alrededor de las 5 de la mañana para hacer 45 minutos de cardio. Luego, llega a su trabajo, el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, antes de las 7. Una vez que termina la jornada en el cuartel, entrena entre una hora y media o dos. Al regresar a su casa prepara las comidas del día siguiente, realiza otra sesión de aeróbico y habla con su familia. Y, si el servicio militar se lo permite, a las 21.30 ya está durmiendo. “La base de la pirámide es la alimentación, el descanso y el entrenamiento. Siempre estoy buscando un equilibrio”, explica, no sin antes aclarar que, ya sea por guardias o por las actividades mismas dentro de la Fuerza, debe reorganizar su día, aunque eso no significa un obstáculo, sino que lo vive con total naturalidad.

“Le pongo garra”: una carrera contra uno mismo
Soria llegó al fisicoculturismo natural a partir de una búsqueda personal. Primero estuvo el entrenamiento y el estudio de su propio cuerpo; después aparecieron los objetivos y la necesidad de ponerlos a prueba. “Esos objetivos eran siempre superarme a mí mismo”, cuenta.
La competencia apareció entonces como una manera de transformar esa búsqueda en un desafío concreto: “Era como decir: tengo un examen que hacerme. Me pongo una fecha y busco llegar”. Así, el calendario le permitió convertir el entrenamiento cotidiano en una meta tangible: “Le pongo garra, llego y presento esta versión”.
Por eso, cuando sube a un escenario, el rival principal no está necesariamente enfrente. “Yo llego a competir en fisicoculturismo natural para superar mi versión anterior”, afirma.
Antes de convertirse en teniente primero y de representar al Ejército Argentino en una competencia internacional, Joaquín Soria fue un chico de Bahía Blanca que miraba con admiración a los soldados. La vocación, cuenta, apareció mucho antes: acompañaba a su papá, también militar, al trabajo y observaba a esos soldados. Luego, descubrió los videos del Regimiento de Infantería 1 “Patricios” en Internet, y se convirtieron en un pasatiempo que alimentó esa inclinación por servir al país.
“Lo que soy es gracias al Ejército: los pilares, los valores y el compromiso del servicio”
“Quería ser como esos soldados. Quería pertenecer al Ejército”, resume al contar que la decisión de vestir el uniforme también tuvo un componente familiar. Su padre perteneció al área de Intendencia y su abuelo fue agente civil de una compañía de la misma especialidad. Soria siguió ese camino y encontró en la Fuerza una forma concreta de poner en práctica aquella vocación heredada que, además, fue alimentada a lo largo de su infancia. Detrás de esa elección había, además, un propósito: “Prepararme para defender a los que están atrás mío”.
Hoy, a los 30 años, lleva adelante una rutina que exige una disciplina que excede largamente las horas de entrenamiento. Su familia acompaña el desafío y celebra los resultados alcanzados. “Está muy contenta porque esto va de la mano con lo que está bien”, explica.
¿Cómo llegó al presente? Lo hizo de casualidad. Entrenaba y, a su alrededor, comenzaron a preguntarle por qué no competía. Él, sin embargo, tenía una condición: quería hacerlo de manera natural.
La respuesta apareció casi por casualidad durante un verano, mientras compartía una pileta con amigos. “Miré el teléfono y apareció una publicación: primera competencia latinoamericana en Argentina de fisicoculturismo natural. Digo: ‘¿Qué es esto?’ Y ahí me empecé a interiorizar”, recuerda. En el año 2023 se presentó por primera vez, acompañado por un profesor de Educación Física del Liceo Militar “General Paz”, donde estaba destinado. Ganó en la categoría amateur y ese resultado lo motivó a seguir en ese camino.
Desde entonces, la competencia se convirtió en otra forma de poner a prueba aquello que ya había construido dentro del Ejército. De hecho, insiste en la importancia que tiene para él la institución: viste el uniforme y representa al Ejército con convicción. “Lo que soy es gracias al Ejército: los pilares, los valores y el compromiso del servicio”, sostiene, y agrega: “La Fuerza fue la que me dio la fortaleza que tengo”.
“Detrás del uniforme soy el mismo: simple, sencillo y familiero”, cuenta. Para él, la felicidad tiene menos que ver con acumular cosas que con terminar cada jornada con la certeza de haber hecho todo lo posible para cumplir sus objetivos y ayudar a los demás, ya sea como soldado, hermano o hijo.
Una de las enseñanzas que dice haber incorporado durante su formación militar resume buena parte de su manera de afrontar los desafíos: “El cumplimiento de la misión está por encima de la comodidad”.

En el fisicoculturismo natural encontró una aplicación concreta de ese principio. Hay días de cansancio, hambre, tentaciones y obstáculos, pero el objetivo permanece. “Muchas veces, para lograrlo, hay que abrazar esa incomodidad”, cuenta.
Cuerpo, mente y una meta por delante
Para Soria, el fisicoculturismo natural está asociado a los hábitos saludables , las relaciones sanas y a la capacidad de postergar la recompensa inmediata: “Promovés que no todo caiga en el placer inmediato, como la comida, los vicios o la lujuria”.
Sin embargo, aún en ese contexto, la mente puede jugarle malas pasadas. Por eso, también se entrena en ese aspecto. “La cabeza arrastra al cuerpo”, resume. En plena preparación, hasta una sesión de piernas puede convertirse en una prueba de voluntad. “Se logra a través de la fortaleza mental”, explica. Esa misma lógica lo llevó a sostener, en paralelo con el entrenamiento, una formación académica que completó en 2024 con un magíster en Administración de Empresas.
“Me motiva poder continuar perfeccionándome dentro del Ejército, capacitándome operacionalmente y logísticamente, poder brindarle todos mis conocimientos y fortaleza a mi gente y a mis superiores”, sostiene. En el ámbito deportivo, el objetivo es otro pero la lógica es similar: llevar la bandera del Ejército, del país y de su familia lo más lejos posible.
“Estoy tratando de ser una persona lo más completa posible para servir: ser lo más eficiente, tanto en lo físico como en lo intelectual”, afirma, mientras confiesa que su meta a corto plazo es “ser campeón”.




