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Ejercicio Kekén: entre el rugir de los guerreros del Ejército, el terreno hostil y estratégico, y las largas distancias 

DEF vivió por dentro el colosal ejercicio militar Kekén que el Ejército desarrolló en la Patagonia. Los detalles de un diseño operacional, una proyección logística y una capacidad de combate de soldados argentinos sin precedentes.

Tras la emboscada de Odiseo y Diomedes a los troyanos, Agamenón salió de su tienda y le gritó a su ejército, los necesitaba formados. Su voz fue tal que llegó a los oídos de todos. Dicen que la potencia de los gritos en los guerreros no es solo una cuestión de honor, es la energía de la lucha la que emana de aquellos preparados para defender a los suyos. Por eso, cuando los soldados avanzan en el terreno, sus voces generan terror en el adversario. De esa manera, antes de avanzar sobre Troya, los aqueos rugieron y el estruendo fue tal que, desde la colina, Héctor supo que su hora estaba a punto de llegar.

Salvando algunas distancias, se vivió algo así en el ejercicio del Ejército Argentino denominado Kekén (amanecer en tehuelche). Esta vez, desde el cerro Bagual, en la localidad chubutense de Sarmiento (a 1.800 kilómetros de distancia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), el megaoperativo militar dejó en claro que el estruendo fue más que un mero espectáculo: fue preparación, disciplina y el resultado de la planificación de más de medio año para una Fuerza dispuesta a probarse a sí misma

¿Cuándo se vio el rugido de los guerreros del Ejército? Cuando en la interminable estepa patagónica, detrás de las milenarias mesetas que -antes de la formación de los Andes–  alguna vez albergaron un denso bosque de araucarias, hicieron su aparición los paracaidistas del Ejército Argentino que, minutos antes, habián sido lanzados desde un Hércules C-130 (otra vez los griegos, en esta oportunidad para legarle el nombre de uno de sus héroes favoritos al colosal avión de la Fuerza Aérea Argentina).

Detrás de ellos, llegó la Infantería, a bordo de los nuevos Stryker 8×8. El rugir de estos hombres y mujeres preparados para la guerra -y que avanzaban decididos para entrar en combate- fueron acompañados por los cañonazos de la artillería y, como si este escenario se quedara corto, los blindados de la caballería, como el moderno tanque TAM 2C-A2, llegaron para coronar la victoria. 

Un hito más: el sistema misilístico RBS 70 fue empleado en el ejercicio Kekén (Foto: Fernando Calzada)

El suelo tembló y, ese implacable y árido terreno patagónico, que hasta entonces solo oía el sonido de las fuertes ráfagas de viento (que pueden superar los 100 kilómetros  por hora), volvió a la vida. Lo que siguió fue una demostración del poder de fuego, del honor y del coraje del que están hechos los militares argentinos: tiro desde blindados, misiles, drones, modernos sistemas de comunicaciones y ciberdefensa, comandos, cazadores patagónicos, y hasta radares de último nivel.

Por supuesto, así como Aquiles, en el último suspiro de Troya, decidió que no podía dejar solos a los suyos, el ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti, y el jefe del Ejército, teniente general Oscar Santiago Zarich, siguieron de cerca cada uno de los movimientos y tomaron contacto con los combatientes -desplegados en la helada Patagonia desde hace más de 10 días- para conocer sus motivaciones y modo de trabajo.  

Los detalles el megaopertivo del Ejército en la Patagonia

En el puesto comando multidominio (dotado de tecnología de punta para poder operar en la esfera de la ciberdefensa y la guerra electrónica y seguir , en tiempo real, los movimientos de los efectivos y las comunicaciones), el general de brigada Dario Ochoa, comandante de Adiestramiento y Alistamiento del Ejército Argentino, toma la palabra. Su presencia, no es menor: es la cara visible del despliegue. 

Los Stryker, con la Infantería a bordo, hicieron temblar a la Patagonia (Foto: Fernando Calzada)

Mientras el ministro de Defensa, y el jefe del Ejército se acomodan para escuchar los detalles de la operación, los siguen los titulares del Estado Mayor Conjunto, almirante Marcelo Dalle Nogare; de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier general Gustavo Javier Valverde; y de la Armada, almirante Juan Carlos Romay.  “El Kekén empezó a tomar forma el 10 de septiembre del año pasado.

En octubre se hicieron los reconocimientos junto con el personal de la Brigada Mecanizada IX (a cargo del coronel mayor Pablo Giordano, autoridad que estuvo a cargo de las distintas fuerzas de tareas que se organizaron para el operativo). En el mes de diciembre se impartió una orden preparatoria logística y,  a partir de ahí, apuntamos ese planeamiento, hicimos las coordinaciones y definimos los hitos de comprobación”, explica el general Ochoa. 

Desde Comodoro Rivadavia, el nuevo radar del Ejército (realizado por INVAP), se posicionó como un pilar clave del Kekén (Foto: Fernando Calzada)

De acuerdo con esta autoridad castrense, en ese planeamiento también resultaron clave figuras como el comandante de la División de Ejército 3, general Eduardo Maldonado; el comandante de la Brigada Aerotransportada IV, coronel Juan Cordini; y el comandante de la Brigada Mecanizada X,  general Julio César Buoniconto, entre tantos otros.

Además, Ochoa detalló que, entre los hitos que buscaron poner en práctica con la fuerza operativa, desde el Comando apuntaron a la capacidad de alistamiento (pensando en el recorrido de largas distancias y en la hostilidad del escenario elegido, la Patagonia) y al fortalecimiento del transporte estratégico y multimodal. De hecho, ese fue uno de los grandes protagonistas del Kekén: casi 4.000 hombres y mujeres y más de 300 vehículos de combate fueron transportados desde los principales centros urbanos en ferrocarriles, medios automotores y aeronaves. “Para ello también nos apoyamos en las otras Fuerzas Armadas”, subraya el general. 

En palabras del comandante de Adiestramiento y Alistamiento, además del tiro con munición de guerra, el ejercicio demandó horas de planeamiento y trabajo previo: “El Kekén termina cuando el último hombre pueda volver, con su equipo, a su guarnición. Eso ocurrirá el 4 de mayo. O sea, el ejercició inició el 7 de abril, con el primer movimiento de la tropa hacia los nodos ferroviarios, y finalizará el próximo martes”. 

A su lado, el general Maldonado profundizó y agregó que uno de los objetivos que persiguió el Kekén, el de adiestramiento, buscó reflejarse en el empleo de las fuerzas de respuesta regional y de las de despliegue rápido (aquellas que deben acudir de forma inmediata al objetivo de manera de ganar tiempo hasta la llegada del resto de los elementos. La Fuerza de Despliegue Rápido está conformada, por ejemplo, por la Brigada Mecanizada X, las fuerzas especiales y la Brigada Paracaidista IV, grandes unidades que dijeron presente en el Kekén). 

El escenario del ejercicio militar Kekén

DEF estuvo en el cerro Bagual para vivir de cerca el momento final de los ejercicios. En aquella jornada, el escenario marcó el ritmo del combate. Hasta ese momento, la Fuerza se había concentrado en la ejecución de acciones retardantes y de guerra electrónica en los distintos puntos del terreno (que, a propósito, pueden llegar a estar realmente alejandos unos del otro, a veces superando los 150 kilómetros).“Se llevarón adelante saltos de paracaidistas, operaciones de aeromovilidad, la toma y el aseguramiento del aeropuerto de Comodoro Rivadavia”, contó el general Maldonado antes de abordar los helicópteros de Aviación del Ejército que nos llevarían a la acción. 

Antes, las autoridades definieron el escenario ficticio: el país colorado, el enemigo, buscó apoderarse de los recursos del Sur (petróleo y gas). El Ejército, preparado para la defensa de este territorio estratégico, no dudó un segundo en desplegarse. Maldonado abre un mapa: la Patagonia es realmente extensa, cientos de kilómetros de frente y de profundidad. Fue allí donde el adversario se lanzó a la ofensiva por distintos frentes: desde el mar desembarcaron en Puerto Deseado, provincia de Santa Cruz, y en Comodoro Rivadavia, Chubut; y desde el Norte, el país gris -supuestamente neutral- había habilitado el avance. El teatro de operaciones ya estaba definido y los efectivos del Ejército estaban listos para dar respuesta. 

Un puesto de observación de artillería sigue de cerca al enemigo para conocer su ubicación y, así, guiar el fuego (Foto: Fernando Calzada)

Las tres Fuerzas de Tarea se movilizaron junto a los mecanizados. Antes del choque, los aviones IA-63 Pampa atacaron la zona. Luego, los paracaidistas hicieron su aparición para colaborar con la victoria y abrir los corredores. Mientras eso sucedía, los cazadores patagónicos y comandos operaron en la profundidad del dispositivo enemigo. 

Simultáneamente, en el puesto de comando multidominio, la guerra fue monitoreada en tiempo real. Y mientras los blindados, como los Stryker, maniobraban sobre la estepa, la artillería abrió el horizonte con sus cañones. El Ejército demostraba su fuerza y poder de fuego. El momento fue coronado con el desembarco de la Infantería desde los Stryker y con la aparición del TAM 2C-A2 para sellar la victoria. La Patagonia se convirtió en un verdadero campo de batalla. Y, si bien todo fue parte de un escenario detalladamente planificado para cumplir con los objetivos del Kekén, hubo algo que escapó del guión: los soldados se movieron con el compromiso de quienes saben lo que están dispuestos a hacer por la defensa de su Patria.

El mega ejercicio Kekén en números

Los números que dejó el Kekén hablan por sí solos: dos formaciones ferroviarias, 315 vehículos (que, si se alinearan, formarían una columna de 31 kilómetros), 3.200 efectivos, 2.100 kilómetros recorridos hasta el terreno y 23.500 raciones. Los números de la munición y el combustible requerido merecen un capítulo aparte. 

Otro detalle: al Kekén también se transportaron helicópteros en el Hércules C-130 y se empleó al P3 Orión de la Armada para contar con información actualizada. 

“Tenemos una misión que cumplir”, afirmó el general Maldonado, quien destacó que asumieron varios riesgos a la hora de lanzar el Kekén, fundamentalmente por las amplias distancias y la logística requerida. Eso no fue un impedimento, sino más bien un desafío que estuvieron dispuestos a enfrentar. 

Los núcleos de modernidad, los nuevos sistemas de armas del ejército

En un diálogo que el general Dario Ochoa mantuvo con DEF, el oficial detalló que uno de los objetivos que buscaron comprobar fueron los núcleos de modernidad que, en palabras del general, son los nuevos sistemas de armas con los que opera el Ejército, como los TAM 2C-A2: “Es la primera vez que esta nueva versión de los tanques se despliega en la Patagonia. También dijeron presente los recientemente adquiridos Stryker y el sistema (misilístico) RBS 70”

Como si todo eso no fuese poco, el comando de Adiestramiento y Alistamiento también sumó drones y sistemas de comunicaciones y ciberdefensa. “Es la primera vez que el Ejército pudo integrar esos núcleos de modernidad en un ambiente complejo”, reconoció. 

General Ochoa: “Es un terreno que pone a prueba a las personas”

Mientras el misil RBS 70 alcanzaba los blancos, DEF se acercó a un puesto de observación del Grupo de Artillería Paracaidista 4, responsable de dirigir el fuego, revisar los cálculos y ejecutar disparos. “Este despliegue es histórico. Se realiza en un terreno que pone a prueba a las personas, sobre todo por el frío y el viento”, confiesa el teniente Facundo Jurado. 

A su lado, uno de los suboficiales que lo acompaña, el cabo primero Echenique del Grupo de Arillería Blindado 9, dice que para él el Kekén es una de las mejores experiencias de su carrera. “No me voy a poder olvidar nunca. Soy militar por esto”, cuenta. Seguramente la emoción lo invade, pero apenas se puede ver su rostro: está vestido con una barracuda de pies a cabeza. ¿El motivo? Mimetizarse con el terreno para poder observar las posiciones enemigas y, así, definir a dónde irán a parar los cañonazos de la artillería. 

El terreno “castiga”, el motivo de la afirmación de los efectivos del Ejército desde el Kekén

Mientras los disparos se suceden, a varios kilómetros hay un equipo trabajando contrarreloj. Saben que una vez que finalice el día, mientras algunos efectivos continúen con las actividades, gran parte del personal llegará exhausto del combate dispuestos a preparar las carpas y las bolsas de dormir. Mientras el termometro marca temperaturas bajo cero, este grupo sabe que deben levantarles la moral con un buen plato de comida caliente. Uno de ellos es el suboficial principal Gustavo Rayín, uno de los cocineros. 

“Llegamos hace 14 días y el principal desafío para nosotros es alimentar y mantener la moral alta de los efectivos. Para eso nos enfrentamos al clima que, al respecto, no puedo decir que nos juegue en contra, porque los soldados estamos preparados para sobrellevar cualquier situación, pero tampoco colabora”, cuenta el suboficial de la Brigada Mecanizada IX, al tiempo que agrega que preparan cientos de raciones diarias en una de las cocinas más modernas que tiene el Ejército. “Yo elegí ser militar por vocación, desde chiquito sabía qué es lo que quería hacer. Y el terreno es parte de mi trabajo”, comenta. 

Además, habla de algo en lo que todos, de inmediato, coinciden:“el terreno ‘castiga’”, reconocen. Explican que, antes de desplegarse, deben preparar con anticipación todo el equipo que van a trasladar. No hay margen de error, no pueden olvidar nada: “Hay que tener carta, brújula, linterna… Sobre todo cuando el sol cae, el equipo es clave”

El Kekén, un ejercicio con el espíritu de Malvinas

Uno de los efectivos del Regimiento de Infantería Mecanizado 25, unidad del Ejército que opera desde la localidad de Sarmiento y que también es parte fundamental del ejercicio Kekén, confiesa a DEF que, si bien puede parecer difícil lidiar con la hostilidad de la geografía y del clima patagónico, como soldados “están donde quieren estar”. 

En los rostros de los hombres y mujeres del Ejército que participan del Kekén no hay cansancio y ninguno se refiere al frío. La sangre les corre por las venas. A esos soldados los tiene que motivar algo más. 

Hay un detalle que no debe pasar desapercibido, desde esa misma localidad, Sarmiento, y desde ese mismo regimiento, partieron los hombres elegidos para recuperar las Malvinas el 2 de abril de 1982, durante la operación Rosario.

Entre ellos, iba uno de los grandes héroes de la guerra, el teniente primero Roberto Estévez. Antes de caer en combate, dando todo de sí en defensa de nuestro territorio, este oficial del regimiento 25 llegó a darle una carta a uno de sus compañeros, destinada a su padre.

En ella escribió: “¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas todos destinados a recuperar las Islas y restaurar en ellas nuestra soberanía?. Dios, que es un padre generoso, ha querido que este su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria”.

De esos valores y de ese legado están hechos los soldados del Ejército y, eso, quedó al descubierto en el Kekén. 

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