La previa del partido entre Argentina e Inglaterra en este Mundial 2026 no es una vigilia cualquiera. En las tribunas, en las calles de las ciudades sedes y en cada rincón del suelo argentino, Malvinas vuelve a cobrar una relevancia sin igual.
Detrás de la cita deportiva que debe transcurrir sin violencia, siguen los rostros de la guerra. Hay una generación de jóvenes que debieron postergar sus sueños de debutar profesionalmente. Son los soldados de la Clase 1962. Chicos de 19 y 20 años que, en el otoño de 1982, cambiaron el fútbol por el frío extremo, las trincheras y el estruendo de los bombardeos en las Islas Malvinas.
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La Clase 62: una generación de futbolistas atravesada por Malvinas
Para abril de 1982, el gobierno de facto decidió recuperar las Islas Malvinas. Mientras tanto, en los estadios de Buenos Aires y del interior, el Campeonato Nacional de Primera División siguió sin algunos de sus jugadores.
Uno de los más conocidos fue Omar De Felippe, por entonces un jóven defensor que hacía sus pruebas en Huracán. El 3 de abril de 1982, apenas un día después del desembarco argentino, cumplió 20 años rumbo a la Isla Soledad.



Al igual que sus compañeros, antes de que la guerra se convirtiera en realidad, improvisaba “picaditos” con lo que encontrara tirado en la turba como método de distracción durante el preludio de la guerra de Malvinas.



A unos kilómetros de allí, Luis Escobedo sufría otra distancia. Ya había debutado en la Primera de Los Andes. En una entrevista para el documental La Clase 62, recordó con inocencia y crudeza: “Los primeros días solo pensaba en el fútbol. Solo me interesaba saber cómo había salido Los Andes”.
Existen otros casos que lograron volver a jugar al fútbol fue el de Juan Colombo, Gustavo De Lucca y Julio Vázquez, que se desempeñaron tanto en el fútbol local como a nivel internacional.
Argentina-Inglaterra: los futbolistas que estuvieron en la Guerra de Malvinas y no volvieron a jugar
No todos tuvieron el mismo destino al regresar a sus vidas tras el conflicto en las islas. Para muchos, la vuelta a casa fue empezar otra guerra silenciosa: la de la reinserción.
- Héctor Rebasti era el arquero de las inferiores de San Lorenzo. Al volver del frente con el alma rota, recibió ofertas de varios clubes del ascenso, pero el miedo y las secuelas le impidieron volver a jugar.
- Claudio Petruzzi, arquero de Rosario Central, fue enviado al Sur con solo un mes de instrucción militar. Ejerció de camillero y vigía en las playas malvineras. Sin dinero ni oportunidades en el fútbol al regresar, encontró una nueva vocación como médico y docente universitario.
A estas historias que Malvinas dejó truncas se suman también las de Javier Dolard y Héctor Cuceli, que por distintos motivos no pudieron recuperar sus carreras en el fútbol argentino.
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El fútbol y la vida después de ser soldado
Hubo quienes, contra todo pronóstico médico y psicológico, lograron que la pelota les salvara la vida. Sergio Pantano, jugador de Talleres de Remedios de Escalada, pasó meses a la deriva tras la guerra. Fue su padre quien lo empujó a volver a entrenar. Pantano no solo regresó, sino que fue clave en el ascenso de Talleres a la Primera B en 1983. “Volver al club me salvó la vida”, confesaría años después.

El propio De Felippe regresó a Huracán, debutó en Primera en el ’83 y construyó una carrera respetable. Más tarde, como director técnico, se transformaría en un hombre clave, devolviendo a gigantes como Independiente a la máxima categoría. Para Omar, el fútbol fue el cable a tierra: “El fútbol me salvó la vida porque esa fue la otra guerra: la reinserción en la sociedad”.
Cuando los once jugadores de la Selección salten a la cancha para enfrentar a Inglaterra en este Mundial 2026, la Clase del 62 y parte importante del fútbol argentino revivirán la Guerra de Malvinas y su vida después del conflicto.




