En un giro sin precedentes en la política cambiaria reciente, el gobierno de los Estados Unidos intervino directamente en el mercado de divisas para frenar la constante devaluación del yen japonés. La decisión, respaldada por la administración de Donald Trump y ejecutada en coordinación entre el Departamento del Tesoro estadounidense y el Ministerio de Finanzas de Japón, marcó la primera compra conjunta de yenes entre Washington y Tokio en casi tres décadas.
Este movimiento sorpresivo provocó una rápida apreciación de la moneda nipona y reconfiguró las dinámicas del comercio global.
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El contexto: un yen en mínimos históricos
Durante más de dos años, la divisa japonesa sufrió un debilitamiento prolongado que la llevó a cotizar cerca de los 164 yenes por dólar, niveles no vistos en cerca de 40 años. La brecha entre los altos tipos de interés de la Reserva Federal y la política de tipos ultra bajos impulsada por el Banco de Japón (BOJ) incentivó un masivo flujo de capitales hacia el dólar.

Aunque un yen débil beneficia a las grandes corporaciones exportadoras japonesas, para la economía doméstica significó un encarecimiento severo de las importaciones de energía y alimentos, presionando al alza la inflación y desgastando el poder adquisitivo. A pesar de los múltiples intentos unilaterales de Tokio por sostener su moneda mediante la venta de reservas, el mercado financiero continuaba especulando en contra del yen.
¿Cómo intervino Estados Unidos?
La estrategia de la administración Trump se desplegó en dos frentes principales:
- Intervención directa de mercado: A través del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y el Tesoro, Estados Unidos ejecutó compras directas de yenes utilizando sus propias reservas. Esta acción conjunta con el Ministerio de Finanzas de Japón inyectó miles de millones de dólares en el mercado para absorber la sobreoferta de yenes.
- Estrategia discursiva (jawboning): Donald Trump y altos funcionarios de su gabinete emitieron declaraciones explícitas a favor de un dólar más débil y competitivo. Al calificar la debilidad del yen como un factor perjudicial para el comercio exterior, los mercados interpretaron que la Casa Blanca no toleraría una apreciación desmedida del dólar.
Las razones de Trump: competitividad y estabilidad
La decisión de socorrer a la moneda japonesa responde a una lógica de política económica e intereses estratégicos:
- Protección de la industria nacional: Para la visión comercial de Trump, un dólar excesivamente fuerte resta competitividad a los productos manufacturados en Estados Unidos y encarece las exportaciones frente a los competidores asiáticos.
- Estabilidad en el mercado de deuda: Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de EE. UU. Una depreciación descontrolada del yen amenazaba con forzar a Tokio a deshacerse masivamente de deuda estadounidense para defender su divisa, lo que habría disparado los costes de endeudamiento en EE. UU.
- Socio estratégico geopolítico: Washington buscó enviar una señal de respaldo político a un aliado fundamental en la región Asia-Pacífico.

Impacto inmediato y perspectivas
La acción combinada logró reducir la cotización por debajo de los 157 yenes por dólar de forma inmediata, deteniendo la racha de volatilidad.
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Si bien los analistas coinciden en que la intervención mitiga la presión especulativa a corto plazo, la evolución a largo plazo dependerá de cómo el Banco de Japón y la Reserva Federal ajusten sus respectivas políticas monetarias.




