Parece un guión de película: la selección argentina, la de Lionel Messi y Lionel Scaloni, se metió entre los cuatro mejores del Mundial 2026 de la FIFA, junto con Inglaterra, España y Francia. Antiguos rivales de nuestro país en el campo de batalla, principalmente del siglo XIX.
Si el partido entre Argentina y Egipto le puso épica al camino de la Selección, las semifinales de esta copa de fútbol de la FIFA terminaron de escribir una de esas coincidencias que solo el fútbol parece capaz de regalar. Más allá de la casualidad deportiva, el fixture del torneo reúne a tres países que también enfrentaron a la Argentina fuera de la cancha, en distintos momentos -principalmente en el siglo XIX y en el XX, precisamente en la Guerra de Malvinas-. Las tres potencias europeas protagonizaron invasiones, conflictos armados, bloqueos navales, disputas territoriales y procesos de expansión colonial que dejaron su huella en la historia argentina.
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Y, como si la carga simbólica de este cruce no fuera suficiente, en la previa del partido del miércoles resulta inevitable pensar en Diego Maradona, el héroe popular y deportivo que, en el estadio Azteca, durante el Mundial de 1986, convirtió dos de los goles más emblemáticos de la historia del fútbol y lideró una victoria que, para millones de argentinos trascendió lo deportivo. Cuatro décadas después, el destino vuelve a ofrecer una coincidencia difícil de pasar por alto: Inglaterra, España y Francia reaparecen en el camino de Argentina, invitando a mirar el pasado bélico mientras el fútbol escribe un nuevo capítulo.

El dato: en el campo de batalla, Argentina se enfrentó tres veces a los ingleses. En las Invasiones Inglesas, en Vuelta de Obligado y en la Guerra de Malvinas.
Las Invasiones Inglesas, el primer encuentro contra los británicos
El 25 de junio de 1806, momento en el que los ingleses desembarcaron en Quilmes, Buenos Aires era parte del Virreinato del Río de la Plata.
¿Por qué los británicos querían tener el control de nuestro territorio? Por entonces, el puerto porteño era la puerta de acceso al comercio con el Alto Perú y, en consecuencia, un punto estratégico en el Atlántico Sur.
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En aquella jornada, los británicos fueron por todo: avanzaron sobre la ciudad y lograron tener su control durante más de 45 días. Las tropas militares españolas habían demostrado su grado de incompetencia frente a las del general William Beresford.
En aquellas jornadas, el héroe fue Santiago de Liniers: junto a los vecinos porteños logró la rendición británica el día 12 de agosto.
Sin embargo, el Reino Unido no se quedó de brazos cruzados. Al año siguiente volvió a invadir Buenos Aires. Solo que esta vez se encontró con un grupo de hombres preparados para darles batalla.

El regreso de los ingleses a Buenos Aires
En 1806, consciente de que debían existir milicias para defender el territorio porteño, Liniers lanzó su célebre proclama. En ese documento convocó a todos los nacidos en esta tierra -los criollos- a presentarse el 13 de septiembre de 1806 en el Fuerte de Buenos Aires para incorporarse a las milicias urbanas. El objetivo era defender la patria, entendida entonces como el lugar de nacimiento, de crianza y de sustento. Para Liniers, acudir a ese llamado constituía “el deber más sagrado de todo hombre”.
De hecho, así nació el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, el único cuerpo militar conformado exclusivamente por hombres nacidos en Buenos Aires. Su nombre no fue casual: “patricios” aludía a quienes habían nacido en la patria, entendida entonces como la tierra natal, y asumían la misión de defenderla.
Por eso, cuando en junio de 1807 las tropas británicas -lideradas por el general John Whitelocke– desembarcaron en Ensenada y, posteriormente, entraron a la ciudad de Buenos Aires, esos Patricios, al mando de Cornelio Saavedra e integrados por próceres como Manuel Belgrano, vencieron a los británicos. La derrota fue memorable: los patriotas, soldados con apenas unos pocos meses de instrucción, lograron la capitulación formal de los británicos, todos ellos efectivos profesionales.

“Era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación”, confesó Manuel Belgrano, sargento mayor de Patricios, al hablar de aquellos episodios en su autobiografía.
Contra España, la lucha por la libertad
Las Invasiones Inglesas despertaron el ardor patriótico en los corazones de los criollos. Bastaron apenas tres años para que, el mismo Cornelio Saavedra, junto a otros próceres argentinos, pidiera la capitulación del Virrey Cisneros para conferir el poder al pueblo, en el célebre Cabildo Abierto de mayo de 1810.
De hecho, al cierre de esa jornada, en un acto patriótico histórico, el creador de la Bandera tomó la palabra en la casa de Rodríguez Peña: juró ante la patria y sus compañeros que, si no era derrocado el Virrey, a los tres días siguientes él lo derribaría.
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Lo que sucedió después es, ni más ni menos, que el despertar de una nueva nación: con la creación del Primer Gobierno Patrio, se lanzaron las campañas libertadoras para terminar con el asedio de los realistas, los españoles que no apoyaban nuestra independencia.
Manuel Belgrano, precisamente, fue el responsable de dar las primeras batallas en nombre de la Patria y derrotó a los realistas en Tucumán y Salta.
Mientras tanto, el almirante Guillermo Brown aseguró el Río de la Plata del control español. Y, mientras el general Martín Miguel de Güemes se encargó de defender el norte argentino, el general José de San Martín emprendió el arriesgado cruce de los Andes para permitir la libertad de Chile y Perú y, en consecuencia, expulsar definitivamente a los realistas de la región.
Pero hubo un detalle decisivo: nada de eso fue sencillo. Aquellos criollos debieron enfrentarse a la mayor potencia militar de la época con un puñado de hombres, escasos recursos y una organización todavía incipiente. Lo que les faltaba en armas les sobraba en convicción y en el deseo de decidir su propio destino. Pues, como dijo el general San Martín: “Para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.

Contra Francia e Inglaterra: así se libró la batalla de Vuelta de Obligado
En noviembre de 1845, Inglaterra y Francia pretendieron navegar y comercializar libremente por los ríos interiores, desconociendo la soberanía nacional.
Por eso, y a pedido de Juan Manuel de Rosas, el general Lucío Mansilla esperó a los buques europeos en el río Paraná, precisamente en Vuelta de Obligado, en cercanías a la localidad de San Pedro.
¿Por qué allí? Porque en ese punto, el Paraná tiene 700 metros de ancho, altas barrancas y una pronunciada curva que obliga a los buques a adoptar complejas maniobras náuticas para no chocar con la costa.
Vuelta de Obligado no fue la excepción: los europeos no solo contaban con mayor cantidad de buques, sino que además manejaban las primeras naves a vapor. Es decir, tenían mayor tecnología.
Para poder hacerles frente, Mansilla colocó grandes cadenas de costa a costa: las dispuso sobre más de 20 lanchones. En la ribera derecha ubicó a los cañones de artillería y, en las trincheras, a las tropas de infantería, los Patricios.
Cuando el 20 de noviembre los buques europeos hicieron su aparición, se desató un intenso cañoneo. Los franceses e ingleses desembarcon y se encontraron con las bayonetas de los Patricios.
No fue fácil pero, finalmente, los europeos reconocieron la soberanía argentina sobre nuestros ríos interiores.
Ya exiliado en Francia, San Martín reconoció a Rosas por la victoria y, a raíz de la resistencia, le escribió a su amigo Tomás Guido: “Los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.

Otra vez contra los ingleses: así se peleó en la Guerra de Malvinas
Desde 1833, Argentina mantiene una disputa de soberanía por las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y espacios marítimos circundantes.
¿El motivo? El 3 de enero de ese año, las fuerzas británicas ocuparon ilegalmente las islas y expulsaron a la población argentina.
Cabe recordar que la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas se sustenta en diversos argumentos históricos, geográficos y jurídicos. A la cercanía geográfica y la continuidad geológica con el territorio continental se suman los antecedentes históricos: las islas fueron descubiertas por España en 1520 y, tras la independencia, los derechos sobre ellas fueron heredados por las Provincias Unidas del Río de la Plata. Además, el Estado argentino ejerció una ocupación efectiva mediante la designación de autoridades y la creación de la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, a cargo de Luis Vernet.
Desde entonces, la Argentina mantiene un reclamo diplomático ininterrumpido por la soberanía de las Islas Malvinas, reconocido por la Organización de las Naciones Unidas como una disputa de soberanía.
Sin embargo, el 2 de abril de 1982 el gobierno argentino decidió recuperar el control del archipiélago mediante la Operación Rosario, dando inicio al conflicto bélico con el Reino Unido.
La guerra se extendió durante 74 días. Aunque las fuerzas británicas estimaban que recuperarían las islas con rapidez, la resistencia argentina retrasó sus planes y el cese del fuego recién se concretó el 14 de junio de ese año.
Entre abril y junio de 1982, los soldados argentinos fueron mucho más allá de las misiones que les habían sido encomendadas. En condiciones extremadamente adversas, enfrentaron a un adversario con una clara superioridad tecnológica, logística y material. Sin embargo, compensaron esa desventaja con determinación, valor y profesionalismo, protagonizando numerosos episodios de heroísmo que permanecen en la memoria colectiva argentina.
Este semana no habrá cañones, bloqueos ni invasiones. Serán 90 minutos para seguir soñando. Inglaterra, España y Francia vuelven a aparecer en el camino de Argentina y, si bien la historia y el fútbol no son lo mismo, a veces se cruzan de maneras sorprendentes. De cualquier manera, si algo enseña el pasado es que, frente a las grandes potencias, Argentina nunca dejó de dar pelea.




