El Tren de Aragua, la organización criminal de origen venezolano de mayor expansión en Latinoamérica, ya es parte de las dinámicas del crimen organizado en Brasil. Tras la pérdida de su centro de operaciones en la cárcel de Tocorón y la muerte de su líder Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, la megabanda migró hacia un nuevo tipo de estructura, adaptando sus métodos delictivos al contexto fronterizo y urbano del gigante sudamericano.
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¿Cómo opera el Tren de Aragua en Brasil?
A diferencia de su presencia en Colombia, Chile o Perú donde desplegaron altos niveles de violencia para controlar territorios urbanos, en Brasil la banda optó por una estrategia de infiltración silenciosa y alianzas tácticas. Su centro de entrada y operaciones se concentra en el estado fronterizo de Roraima (Boa Vista y Pacaraima), punto estratégico para el tránsito de la migración venezolana.
El aspecto más relevante de su avance en territorio brasileño es su capacidad para asociarse con el Primer Comando de la Capital (PCC), la facción criminal más poderosa del país. En lugar de disputar el territorio, el Tren de Aragua actúa como un intermediario y prestador de servicios en zonas limítrofes, compartiendo rutas de microtráfico y logística fronteriza dentro del sistema penitenciario y en las calles de Roraima.

La versatilidad de su portafolio criminal le permitió diversificar sus ingresos adaptándose a las vulnerabilidades locales. Entre sus principales actividades destacan la explotación y tráfico de migrantes mediante el cobro de cuotas extorsivas en trochas informales, así como la trata de personas y explotación sexual de mujeres vulnerables en zonas fronterizas.
A esto se suma la extorsión mediante préstamos usureros conocidos como “Gota a Gota”, el microtráfico de estupefacientes coordinado con bandas locales y la proliferación de la “copia de marca”, donde delincuentes independientes utilizan el nombre de la organización para intimidar y extorsionar a comerciantes sin pertenecer formalmente a la red.
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De red jerárquica a red de “franquicias” criminales
InSight Crime confirma que el Tren de Aragua dejó de actuar como una organización con mando unificado. La pérdida de su sede central y la fuerte presión policial en la región provocaron su fragmentación.
Hoy en día, las células que operan en Brasil funcionan como franquicias autónomas: coordinan sus actividades locales de forma independiente, pero aprovechan el peso reputacional y la notoriedad del grupo para infundir temor y someter a sus víctimas.
El avance de esta red en el norte de Brasil plantea serios desafíos de seguridad. La remota geografía de la frontera dificulta el patrullaje continuo, lo que exige reforzar la lucha contra la trata humana y coordinar esfuerzos de inteligencia entre Brasil, Colombia, Perú y Chile para contener el alcance transnacional de estas células.




