Edgar F. Calandin acaba de lanzar, junto a Jorge F. Berredo, el libro “Pensamiento Polar Argentino”, una obra que busca instalar en la agenda pública una discusión que hasta ahora quedó reservada a especialistas: qué papel quiere jugar Argentina en la Antártida durante las próximas décadas.
Con experiencia directa como militar y participante de campañas antárticas, el autor analizó en exclusiva para DEF los puntos que marcan hoy la agenda antártica argentina y explicó por qué sostener una presencia histórica en el continente ya no es suficiente para conservar peso en el Sistema del Tratado Antártico.
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Durante la entrevista, Calandin también se refirió al diseño de fuerzas ante un eventual conflicto, al futuro del propio Tratado Antártico, a la falta de una cultura antártica en la sociedad argentina y al debate sobre la instalación de una base naval en Ushuaia.
De la presencia a la proyección: tres factores que la Argentina subestima en la Antártida
Para Calandin, el principal problema geopolítico de la Argentina es haber quedado estancada en una lógica de presencia quieta, cuando la disputa real pasa por la proyección estratégica. Según detalló, “el país tiene una posición geográfica privilegiada, una historia antártica excepcional y valiosa experiencia operativa”, pero esos activos ya no bastan por sí solos.
Asimismo, el experto identificó tres factores geopolíticos que considera subestimados:
- La conectividad estratégica, entendida como la capacidad de integrar en un mismo sistema el territorio continental, los puertos, los aeropuertos, la logística y las bases antárticas, en lugar de pensarlas como piezas sueltas.
- Ushuaia, como ciudad que todavía no explotó su potencial como nodo internacional de ciencia, logística y servicios antárticos.
- La gobernanza del Sistema Antártico Argentino y la necesidad de una mayor articulación entre ciencia, logística, diplomacia e infraestructura bajo una misma estrategia de largo plazo.

En ese sentido, Calandin planteó que la meta debería ser conectar la llamada Antártida periférica con la Antártida profunda, ampliar la autonomía logística del país y desarrollar ciencia de frontera que fortalezca su peso dentro del Tratado Antártico. En sus palabras, “la influencia no se declama; se construye con capacidades”.
Consultado sobre qué aspecto del continente blanco todavía no comprende del todo la sociedad argentina y los medios de comunicación, el general retirado apuntó a la falta de una verdadera cultura antártica. “La educación sobre la región sigue siendo insuficiente, lo que lleva a que muchas veces se la presente como un territorio lejano y exclusivamente científico, cuando en realidad combina cuestiones estratégicas, ambientales, tecnológicas y diplomáticas de peso”, sostuvo.
Por otro lado, sobre el diseño de fuerzas ante un eventual conflicto bélico, Calandin fue enfático en aclarar que no concibe a la Antártida como un futuro escenario de guerra. Señaló que “el Sistema del Tratado Antártico ha demostrado, durante más de seis décadas, una notable eficacia para preservar al continente como un espacio dedicado a la paz y a la cooperación científica”, y que la competencia estratégica seguirá dándose dentro de ese marco jurídico y no por la vía de la coerción militar.

Sin embargo, aclaró, “eso no significa que los instrumentos militares pierdan importancia”. Su función pasa por sostener la presencia nacional, garantizar la logística, apoyar la investigación científica y operar en ambientes extremos, capacidades que ningún otro organismo del Estado puede ofrecer de manera permanente en la región. Al respecto, sintetizó su visión con una frase propia: “En la Antártida, las capacidades militares no constituyen un instrumento de coerción; constituyen un instrumento de habilitación del poder nacional”.
El futuro del Tratado Antártico y el debate por una base naval en Ushuaia
Respecto al futuro del Tratado Antártico, Calandin no prevé un escenario de disolución, sino de adaptación. Explicó que en las próximas décadas aumentarán las presiones vinculadas al cambio climático, el acceso a datos científicos, el desarrollo tecnológico y el crecimiento del turismo polar, aunque la explotación minera seguirá prohibida por el Protocolo de Madrid. Según planteó, “la verdadera discusión no será si el Tratado desaparece, sino cómo evolucionará para administrar una Antártida cada vez más relevante para el sistema internacional”.
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Finalmente, sobre la posibilidad de instalar una base naval en Ushuaia, Calandin planteó que antes de tomar esa decisión, el país debería definir qué rol quiere cumplir en el Atlántico Sur y en la Antártida en el largo plazo. Su prioridad, remarcó, sería consolidar a la ciudad como el principal centro logístico y científico antártico del hemisferio sur, atrayendo cada vez más programas internacionales.
A su vez, aclaró que las necesidades de defensa nacional son legítimas, pero que la función antártica y la función militar no responden a la misma lógica ni deben concentrarse necesariamente en un mismo lugar. Para el autor, la infraestructura austral es en sí misma un instrumento del poder nacional, y la pregunta de fondo es al servicio de qué estrategia se decide ponerla.




