“Los soldados en primera línea no conocían la evolución general del conflicto mientras combatían en condiciones meteorológicas extremas, bajo el cañoneo naval y de artillería, al límite de la resistencia humana”. La frase pertenece al general de brigada (retirado) Veterano de Guerra Emilio Rodolfo Nazar, pero también funciona como una síntesis de la experiencia que buscó transmitir 44 años después de la Guerra de Malvinas.
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En 1982, y con el grado de capitán, Emilio estaba cursando la Escuela Superior de Guerra del Ejército cuando fue movilizado al Teatro de Operaciones Malvinas. Estuvo desplegado a unos 10 kilómetros de Puerto Argentino, primero en la zona de Moody Brook y luego en Sapper Hill, dos posiciones desde las que vivió de cerca los últimos combates del conflicto.
Su relato no se limita a reconstruir fechas, movimientos militares o decisiones estratégicas. Nazar habla también de los hombres que estuvieron en las posiciones, bajo la lluvia y la nieve, rodeados por la húmeda turba y el incesante cañoneo británico. En un auditorio repleto, en la Universidad del Aconcagua, se detiene especialmente en uno de los momentos más difíciles para quienes estaban en primera línea: recibir la orden de cesar el fuego y replegarse.

El capitán Nazar, un alumno de la Escuela de Guerra que pasó del aula a Malvinas
Nazar reniega de ser autoreferencial. Reconoce que los logros en Malvinas fueron colectivos y que, en cada uno de ellos, los soldados que lo acompañaron hicieron más de lo que debían para alcanzar la victoria. Por ejemplo, recuerda a uno de ellos, el soldado Ignacio María Indino, un radioperador que cayó en combate durante un ataque inglés en Moody Brook.
Lo cierto es que, antes de ir a Malvinas, él estaba destinado en Buenos Aires. Como suele suceder, cuando un militar alcanza el grado de capitán, la Fuerza lo envía a estudiar a la Escuela Superior de Guerra, en este caso, del Ejército Argentino. Se trata de una etapa de estudio rigurosa, pues solo unos pocos llegarán a lucir la insignia de “Oficial de Estado Mayor”. ¿Para qué sirve este momento en la vida académica de un militar? En líneas generales, se introducen en los aspectos estratégicos, los que les permitirán liderar a la Fuerza en las etapas más complejas de un conflicto. Ya no se trata solamente de saber cómo combatir, sino de comprender el enfrentamiento en su conjunto: anticipar escenarios, evaluar las capacidades del enemigo, planificar operaciones y tomar decisiones que involucran a fuerzas mucho más grandes que la propia unidad.
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Cuenta, en diálogo con DEF, que, durante el otoño de 1982, se encontraba junto a sus compañeros de promoción, sentado en los bancos del aula castrense, cuando un profesor ingresó con un listado en la mano. Leyó apenas algunos apellidos y les indicó a los mencionados que debían dirigirse a la Dirección. Nadie imaginó entonces que ese llamado marcaría un antes y un después. De hecho, recuerda entre risas que lo primero que pensaron fue:“¿Qué habremos hecho?”.
En poco tiempo, un puñado de cursantes fue trasladado al Teatro de Operaciones. A Nazar lo designaron en la Xma Brigada, como auxiliar de personal. “Estuve en el Estado Mayor hasta que, luego de un ataque en la zona de Moody Brook, que dejó bajas”, describió a DEF, no sin antes mencionar un detalle posterior: el ataque provino de unos aviones Sea Harriers y tuvo lugar el 11 de junio a las 16. Posteriormente, eso lo llevó a hacerse cargo del personal. “Fue ahí por donde vino el ataque principal inglés. Posteriormente hicimos un cambio de posición a Sapper Hill, donde estaba el Batallón de Infantería de Marina 5”, contó a DEF.

Harriers en el horizonte: “El 11 de junio nos atacaron”
En palabras de Nazar, el cuartel de la Xma Brigada se encontraba en Moody Brook, donde -antes de la recuperación de las Islas- se emplazaban los Royal Marines. Luego, la Brigada se trasladó a Puerto Argentino y el general -por entonces, capitán- quedó a cargo de una parte de la Compañía Comando y Servicios. “El 11 de junio nos atacaron a baja altura los Harriers y produjeron tres muertes: los soldados Indino, Mosto y Rodríguez. Quedamos en ese lugar hasta que el ataque alcanzó mayor grado de intensidad. Como más antiguo, ordené al jefe de la Compañía hacer un cambio de posición a las alturas de Sapper Hill, ahí quedamos, haciendo algún movimiento ante el avance para no quedar rodeados. Finalmente, cuando se ordenó el alto el fuego, ordené el repliegue a Puerto Argentino”, recordó.
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“Las tropas de las que me hice cargo no tenían una misión de combate, sino que debíamos ocupar el cuartel de Moody Brook. Por supuesto, tras el ataque de los Harriers, esas instalaciones quedaron destruidas”, cuenta a DEF, al tiempo que insiste en que, en su paso por las Islas, no fue protagonista, sino que fueron experiencias vividas por todos por igual: “Fue una tropa excelente en esos momentos tan difíciles para conducir”.General Nazar, combatiente en la primera línea de Malvinas, fue distinguido por la Universidad del Aconcagua
General Nazar, distinguido por la Universidad del Aconcagua
A partir de esa experiencia, el general reconstruyó durante una conferencia titulada “Malvinas: antecedentes, conflicto, crisis, guerra limitada y los combatientes en la turba” -realizada el pasado 14 de septiembre en en el marco de las actividades del Observatorio Interuniversitario Cuestión Malvinas en Mendoza– el contexto que llevó al conflicto, el desarrollo de la guerra y las condiciones en las que combatieron los argentinos. También reivindicó el desempeño de quienes participaron de las operaciones aéreas y terrestres.
“Fuimos derrotados por una potencia superior por mar, tierra y aire, pero no vencidos en nuestro espíritu”, afirmó al recordar aquellos días.
Un dato: Nazar es, además de Veterano de Guerra, paracaidista militar y, con 37 años de servicio activo en el Ejército Argentino, llegó a desempeñarse como comandante de la Brigada Paracaidista y agregado militar y de defensa en Paraguay. Pero aquella tarde, frente al auditorio mendocino, buena parte de su exposición volvió a un episodio que marcó su vida profesional y personal: los días que pasó en las posiciones argentinas durante la Guerra de Malvinas.
Cabe destacar que, antes de comenzar su exposición, sobre la guerra, el general fue distinguido por la Universidad del Aconcagua. El reconocimiento fue otorgado por el Consejo Superior de la institución en consideración a su trayectoria militar, académica y profesional.

La resolución destaca sus 37 años de servicio activo en el Ejército Argentino, su participación en el conflicto y su desempeño en distintos ámbitos vinculados con la formación de oficiales, la conducción de tropas, el planeamiento estratégico y la defensa nacional.
Durante el acto, el rector de la Universidad del Aconcagua y presidente del Observatorio Interuniversitario Cuestión Malvinas Mendoza, Rolando Galli Rey, destacó especialmente el valor de escuchar a un veterano contar la guerra desde su propia experiencia. El momento tuvo además un significado personal para el rector, quien recordó que conoció a Nazar durante la infancia y compartió con él juegos y momentos en Mendoza.“De este niño que conocí, al hombre, al soldado y al ejemplo que es hoy, me llena de orgullo”, expresó antes de darle la bienvenida y agradecerle por compartir su historia.
Islas Malvinas: un reclamo centenario y una guerra que marcó la historia del pueblo argentino
Durante su exposición, Nazar propuso mirar la Guerra de Malvinas no solo desde la perspectiva de los hechos militares, sino también a través de conceptos de estrategia, relaciones internacionales y ciencias políticas. El objetivo, explicó, era reconstruir el camino que llevó “desde un detonante” hasta una crisis y, finalmente, a la guerra.
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Para ello, el general se remontó a 1833, el año de la usurpación británica y el motivo de la disputa de soberanía. Recordó que el primer gobernador designado por las Provincias Unidas, Luis Vernet, asumió en 1829 y que en 1832 apresó a dos barcos norteamericanos que cazaban focas y pescaban sin autorización, y los llevó a Buenos Aires para ser sancionados. Como represalia, la goleta estadounidense Lexington atacó Puerto Soledad, destruyó la población y se llevó bienes y armamento. Buenos Aires envió entonces a Esteban Mestivier como nuevo gobernador, pero al llegar sufrió un motín y fue asesinado.
Con la plaza sin conducción, el capitán José María Pinedo, de la fragata Sarandí, debió hacerse cargo entre el 31 de diciembre de 1832 y el 1.º de enero de 1833. Allí apareció una corbeta inglesa que lo intimó a rendirse, y Pinedo terminó entregando la plaza sin combatir. De regreso en Buenos Aires, un consejo de guerra lo juzgó: cuatro miembros pidieron pena de muerte y cuatro, exilio y degradación, y el gobernador Balcarce intervino para aplicar una sanción menor.

Dando un salto a la creación de las Naciones Unidas, Nazar señaló que allí comenzaron formalmente los reclamos diplomáticos argentinos, acompañados por el Comité de Descolonización. De las 73 colonias que había en el mundo, 43 pertenecían a Gran Bretaña. Sin embargo, entre 1945 y 1980 nada se resolvió.
Del otro lado, el panorama británico de 1981 era complejo. Había disputas internas por el gasto militar. El portaaviones Invincible estaba vendido a Australia y el almirantazgo hacía lobby contra los recortes, con Sir Henry Leach, Lord de la Armada, como asesor clave de Margaret Thatcher, cuya imagen negativa alcanzaba el 75% en medio de una situación económica crítica. A eso se sumaba la presión en la Cámara de los Comunes del gobernador de las islas, Rex Hunt, y de grupos como la Falkland Islands Company. Para explicar cómo se llegó al estallido, el general proyectó una placa sobre manejo de crisis, según la cual la escasa comunicación e información llevó a los actores a asignar distintos grados de prioridad al agravamiento del conflicto y, guiados por propósitos y percepciones diferentes, ambos escalaron deliberadamente a la violencia. Y precisó el concepto: en estrategia, la disuasión busca influir en las percepciones del adversario para que crea que no actuar le conviene más que actuar; cuando falla, se escala a la crisis.
El trasfondo del inicio de la Guerra de Malvinas: una crisis en las Islas Georgias que escaló demasiado rápido
El detonante directo de la crisis llegó en marzo de 1982, según planteó el general Nazar: por entonces, el empresario argentinoConstantino Davidoff, amparado en un contrato comercial para desmantelar una vieja estación ballenera en lasIslas Georgias, transportó a su personal y, al llegar, los operarios izaron la bandera argentina.
La escalada fue veloz. Gran Bretaña envió buques y Argentina respondió con la recuperación de las Islas Malvinas y Georgias. La tensión creció aún más cuando Inglaterra anunció el envío de su flota de superficie al Atlántico Sur y, pese a las mediaciones de Estados Unidos y de la ONU, no hubo acuerdo. Londres consiguió el respaldo de la OTAN, de la Comunidad Económica Europea y de Washington, y declaró el bloqueo marítimo y aéreo de 200 millas.

Para interpretar ese proceso, el expositor advirtió que una crisis es sorpresiva: no puede predecirse, los participantes no controlan del todo los acontecimientos y siempre existe la posibilidad de que las cosas salgan mal. La clave para controlarla. Sin embargo, contó que la subestimación en la toma de decisiones genera un punto ciego mental que impide negociar, y que actuar desde la arrogancia lleva a imponer intereses en lugar de buscar acuerdos justos.
Sobre la guerra en sí, el general la definió como limitada: acotada geográficamente, en sus objetivos y en los medios empleados. Mostró un mapa del dispositivo en Puerto Argentino y de los montes donde se dieron los combates más cruentos (Sapper Hill, Tumbledown, Wireless Ridge, Dos Hermanas y Longdon), todos a no más de 15 o 20 kilómetros y a menos de 400 metros de altura. Repasó luego la cronología: el 1 de mayo comenzó el bombardeo británico a Puerto Argentino; el 2 de mayo hundieron al crucero ARA “General Belgrano”; el 4 de mayo Argentina hundió el destructor HMS “Sheffield”; y el 21 de mayo los británicos desembarcaron en San Carlos y avanzaron hacia las alturas de Puerto Argentino, hasta la capitulación del 14 de junio.
“Cuesta acatar la orden cuando se combate con abnegación”
Para continuar, el general Emilio Nazar recurrió a una voz inesperada: la del enemigo. Leyó un fragmento de la carta que el teniente David Tinker, de la Royal Navy, le escribió a su esposa: “Espero que esto termine pronto. Los argentinos ya han demostrado honorablemente su valentía”.
A partir de ese testimonio, planteó que el paso del tiempo les impone a los veteranos la responsabilidad de aportar a la historia desde la experiencia vivida.
En ese marco, recordó que el 2 de abril de 1982 se inició una gesta que se cerró con el regreso de los prisioneros. Admitió que no es fácil evocar el 14 de junio, la fecha en la que recibieron la orden de cesar el fuego y replegarse. Explicó que los soldados de primera línea no conocían la evolución general del conflicto mientras peleaban en condiciones meteorológicas extremas. Por eso, sostuvo, “cuesta acatar la orden cuando se combate con abnegación”.
El general no eludió el resultado militar, pero lo matizó con una frase que sintetiza su mirada: “Fuimos derrotados por una potencia superior por mar, tierra y aire, pero no vencidos en nuestro espíritu”. Recordó que, tras el hundimiento del Belgrano, la amenaza de los submarinos nucleares restringió la actuación de la Flota de Mar, y que fueron entonces los piloros militares quienes realizaron hazañas admiradas en todo el mundo. También destacó, con un reconocimiento especial, el valor inquebrantable de los combatientes de la X Brigada Mecanizada en Moody Brook y Sapper Hill.
Al cerrar este tramo, Nazar afirmó que la conmemoración de la gesta debe mantener viva la memoria del sacrificio, la dignidad y el coraje de los héroes que dieron su vida por la patria “en la turba, el mar y el cielo malvinense”.
“Una cita ineludible con nuestra grandeza nacional”
Antes de finalizar, Nazar mencionó el mapa bicontinental (de uso obligatorio), que muestra la Argentina continental, insular y el sector antártico a la misma escala. Desde esa mirada, reflexionó, la cuestión Malvinas no es solo una disputa por las islas, sino la proyección hacia el Atlántico Sur, la plataforma continental y la Antártida.

Para el militar, el trabajo realizado para que Naciones Unidas reconozca la extensión de la plataforma continental argentina fue fundamental en materia de soberanía, principalmente para entender qué hay detrás de la causa Malvinas. A eso se suma que el Tratado Antártico congeló los reclamos de soberanía, y el sector argentino se superpone con los del Reino Unido y Chile. El Protocolo de Madrid de 1991 prohíbe la explotación minera y petrolera, norma que podrá revisarse a partir de 2048. Hoy Argentina mantiene 13 bases (7 permanentes y 6 estivales), y la Base Orcadas, fundada en 1904, es la presencia humana permanente más antigua en el continente.
Mientras el Reino Unido se ampara en el principio de autodeterminación de los isleños, hasta medios británicos -como The Guardian- admiten que, tarde o temprano, las negociaciones por la soberanía deberán reanudarse. Para el general, ese argumento es contradictorio, y lo ejemplificó con un antecedente: en 1970, toda la población nativa del archipiélago de Diego García fue expulsada para instalar una base militar.
Ya en el cierre, y con un mensaje dirigido especialmente a los estudiantes y jóvenes profesionales, planteó que la solución de la cuestión Malvinas y la consolidación geopolítica del espacio atlántico y antártico constituyen “una cita ineludible con nuestra grandeza nacional”. Y remató con una frase del dramaturgo griego Eurípides: “Lo esperado no sucede, es lo impensado lo que acontece”.




