La ciudad japonesa de Hiroshima fue sede, entre el 11 y el 21 de mayo, de la 48ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA) y de la 28ª Reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA), uno de los principales ámbitos internacionales donde se define el futuro del continente blanco. Participaron más de 400 delegados de 44 países, incluidos los 29 Estados consultivos con derecho a voto.
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La elección de Hiroshima no fue casual. La ciudad, convertida en símbolo mundial de la paz tras el bombardeo atómico de 1945, ofreció un escenario cargado de significado para un encuentro cuyo eje central sigue siendo preservar a la Antártida como un territorio dedicado a la ciencia, la cooperación internacional y la ausencia de conflictos militares.
Sin embargo, detrás de las declaraciones diplomáticas y de algunos avances puntuales, la reunión volvió a exhibir una realidad cada vez más evidente: el sistema de gobernanza antártica atraviesa dificultades para alcanzar consensos en un contexto internacional marcado por crecientes tensiones geopolíticas.
Los avances alcanzados en el Tratado Antártico
Entre los resultados concretos de la reunión se destacó la creación de dos nuevas Áreas Antárticas Especialmente Protegidas (ASPA), una herramienta clave para la conservación de ecosistemas sensibles y especies vulnerables.

Asimismo, se desarrolló un taller conjunto dedicado a los efectos del cambio climático sobre la región antártica, un asunto que ocupa un lugar cada vez más relevante en la agenda internacional debido al impacto que tiene el calentamiento global sobre los hielos polares, la biodiversidad y el nivel de los océanos.
Otro de los logros mencionados por los participantes fue la aprobación de una resolución destinada a mejorar los mecanismos de intercambio de información sobre las actividades que realizan los distintos países en el continente. Esta medida busca fortalecer la transparencia y la confianza mutua, principios clave del Sistema del Tratado Antártico.
Además, quedó definida la próxima cita internacional: la 49ª Reunión Consultiva se llevará a cabo en mayo de 2027 en Incheon, Corea del Sur.
Mucho debate, pocas decisiones
Sin embargo, varios observadores coincidieron en que los avances obtenidos resultaron modestos frente a los desafíos que enfrenta actualmente la región.
La necesidad de que todas las decisiones importantes sean adoptadas por consenso continúa siendo una de las principales fortalezas, pero también una de las mayores limitaciones del sistema. En un escenario internacional atravesado por conflictos políticos y estratégicos, alcanzar acuerdos se vuelve cada vez más complejo.
Un ejemplo de esta situación fue la discusión sobre el pingüino emperador. La propuesta para otorgarle el estatus de Especie Especialmente Protegida recibió un amplio respaldo entre los países participantes. No obstante, la iniciativa no prosperó debido a la oposición de China y Rusia, que bloquearon el consenso necesario para su aprobación.
La situación refleja una preocupación creciente entre científicos y organizaciones ambientales. Considerado uno de los símbolos más reconocibles de la Antártida, el pingüino emperador enfrenta amenazas derivadas de la reducción del hielo marino provocada por el cambio climático.
El turismo: un desafío pendiente
Otro de los temas que generó debate fue el crecimiento sostenido del turismo antártico. Según se informó durante las sesiones, la cantidad de visitantes ya supera las 100.000 personas por año, una cifra que hubiera parecido impensada apenas algunas décadas atrás. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la capacidad de los ecosistemas para absorber la presión humana y sobre la necesidad de establecer nuevas regulaciones para minimizar los impactos ambientales.

Pese a las discusiones mantenidas en Hiroshima, no se alcanzaron acuerdos concretos para limitar el acceso o imponer restricciones adicionales a la actividad turística.
La ausencia de definiciones preocupa a sectores científicos y conservacionistas, que consideran indispensable avanzar hacia marcos regulatorios más estrictos antes de que el crecimiento del sector genere consecuencias difíciles de revertir.
La geopolítica también llegó a la Antártida
Aunque el Tratado Antártico fue concebido para aislar al continente de las disputas internacionales, las tensiones globales se hicieron sentir durante la reunión.
Uno de los episodios más comentados fue la denuncia presentada por Ucrania respecto de la detención de un científico vinculado a actividades antárticas por parte de Rusia en septiembre de 2025. El caso fue mencionado por algunos delegados como el del “primer preso político antártico”, una expresión que ilustra hasta qué punto los conflictos externos comienzan a proyectarse sobre los espacios de cooperación científica.
También quedó sin resolución el debate sobre la incorporación de Canadá, Bielorrusia y Turquía como nuevos países consultivos con derecho a voto dentro del sistema. La falta de consenso impidió avanzar en esa dirección.
Estos desacuerdos alimentan la percepción de que la capacidad para producir decisiones relevantes se encuentra condicionada por rivalidades que poco tienen que ver con la protección ambiental o la investigación científica.
El desafío antártico de Argentina
La delegación de nuestro país estuvo integrada por representantes de la Dirección Nacional de Política Exterior Antártica y del Comando Conjunto Antártico, entre ellos el ministro Fausto López Crozet, Nicolás Zingoni Vinci, el contraalmirante Maximiliano Mangiaterra y el coronel Fernando Estévez.
Para la Argentina, uno de los doce firmantes originales del Tratado Antártico y uno de los países con presencia histórica más importante en la región, el escenario actual plantea desafíos estratégicos.

La dificultad para alcanzar consensos multilaterales refuerza la necesidad de sostener y fortalecer la presencia nacional mediante infraestructura, logística y capacidad científica. En un sistema internacional cada vez más fragmentado, la influencia de los países dependerá en buena medida de la solidez de su actividad efectiva en el sexto continente.
Hiroshima dejó una conclusión ambivalente. Por un lado, el Tratado Antártico continúa funcionando como uno de los pocos espacios donde naciones enfrentadas en otros ámbitos siguen dialogando. Por otro, la creciente polarización internacional amenaza con paralizar decisiones urgentes relacionadas con la conservación ambiental y la gobernanza del continente.
Mientras el mundo atraviesa una etapa de incertidumbre y confrontación, la Antártida sigue representando una excepción. Pero la reunión de este año mostró que incluso ese excepcional laboratorio de cooperación internacional ya no es inmune a las tensiones que atraviesan al planeta.




