Investigadores de la Universidad Ben-Gurión del Negev, en Israel, desarrollaron un innovador material bio-absorbente capaz de retirar hasta 100 veces su propio peso en petróleo crudo y combustibles. Este avance tecnológico no solo destaca por su capacidad de captura inmediata de hidrocarburos en entornos acuáticos, sino también por resolver el problema de la eliminación y biodegradación del contaminante a largo plazo.
El vertido de crudo en mares y océanos representa uno de los desastres ambientales más destructivos y difíciles de mitigar. Los métodos tradicionales suelen ser insuficientes, muy costosos o dejan residuos químicos peligrosos en el agua. Frente a esta problemática, la ciencia israelí ha logrado crear un aerogel poroso ultra liviano elaborado a partir de fibras de celulosa.

Cómo funciona el aerogel israelí de celulosa para biodegradar hidrocarburos
La clave de este desarrollo radica en la estructura interna del material. El aerogel de celulosa está enriquecido con nutrientes esenciales como nitrógeno y fósforo. Estos elementos actúan como un fertilizante focalizado que fomenta la proliferación de bacterias autóctonas capaces de degradar y “comer” el petróleo de forma natural.
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De este modo, cuando el material entra en contacto con la mancha de combustible, actúa en dos etapas consecutivas. En primer lugar, funciona como una esponja gigante reteniendo de inmediato grandes volúmenes del contaminante. En segundo lugar, crea el microambiente ideal para que la biología marina complete la regeneración del ecosistema de manera segura y sin liberar toxinas.
Un salto sustancial para la biotecnología ambiental y la sostenibilidad
En las pruebas de laboratorio, el aerogel demostró un rendimiento notable frente a diversos tipos de hidrocarburos. La capacidad de absorción sumada al proceso de biorremediación acelerada posiciona a esta tecnología como un estándar mucho más limpio, económico y sostenible para las industrias energéticas y los organismos de protección ambiental.
El logro de la Universidad Ben-Gurión reafirma el rol clave de Israel en el ámbito del desarrollo biotecnológico global. Esta innovación promete transformar los protocolos de emergencia ante derrames en aguas abiertas, protegiendo la biodiversidad marina y mitigando el impacto de la contaminación petrolera de forma eficiente.




