Entre el fantasma del bombardeo atómico y la urgencia de rearmar su territorio, Japón rompe décadas de pacifismo constitucional para erigirse como una nueva potencia militar en Asia.
Según el ministro de Defensa japonés, Shinjirō Koizumi, el despliegue de proyectiles tierra-aire se concretará en marzo de 2031 en la isla de Yonaguni.
Crecen los rumores sobre una potencial filtración de secretos nucleares en un entramado caso de abuso de poder y traición a la patria que salpica a la cúpula militar de Pekín.
Aunque no mantienen vínculos diplomáticos, el país norteamericano refuerza militarmente a la isla en una decisión que pone en jaque al equilibrio regional.